Blanco y negro

Son los colores en los que salen publicados casi todos los libros, pero también la representación de dos extremos, cuando dos personas se encuentran discutiendo sobre un tema en dos lados opuestos del espectro, sin darse cuenta de la cantidad de tonos de gris que les separan, y que podrían representar también el punto de encuentro que se niegan a ver.

Esta pequeña introducción me la ha inspirado el último capítulo de un suceso que he estado viviendo en estos últimos días.

Como a diario (o casi), andaba yo hace unos días visitando los foros literarios de los que soy asiduo visitante y, en ocasiones, incluso contertulio. En una categoría sobre editoriales y publicaciones, encontré, como en otras ocasiones, alguien que recomendaba su editorial. Una visita a la web de dicha editorial, me permitió constatar que se trataba de una editorial dedicada, como muchas otras, a la coedición y autoedición. Como de costumbre, intervine, pero no para atacar a quien recomendaba la editorial, sino para advertir de que se trata de una editorial que cobra y que, como siempre he defendido, pienso que el modo normal de publicar (y muchos escritores ya publicados son prueba de ello) es no tener que pagar, sino que la editorial apueste por ti y te apoye, con todo lo que eso conlleva.

Desde ese momento, comenzó un debate sobre si el mercado literario es justo o no con los nuevos autores y sobre si la autoedición es buena o un lastre a la hora de darse a conocer. Yo, seguiré en mis trece y no dejaré de decir que es en la mayoría de ocasiones es un lastre, pero el episodio de hoy me lleva a pensar si no hay muchos escritores aspirantes a publicar que tienen una idea muy equivocada.

Dicha idea es pensar que todo es blanco o negro. Traducido, que todo se reduce a mandar un manuscrito a Planeta (por decir un grupo editorial grande) o autoeditar.

Mi contertulio en el foro nos comparaba con dos muchachos aspirantes a futbolistas. Según él, yo soy un niño solitario que va todos los días a la puerta del Bernabéu a que le hagan una prueba, y vuelve cada día a pesar de las negativas. Él se retrata como un dicharachero niño que, con sus amigos, se ha hecho amigo de los jugadores del Deportivo de la Coruña, y van a echar una pachanguita en Riazor, comprando ellos las camisetas y el balón. Estoy seguro de que entre vosotros, habrá muchos que estén de acuerdo conmigo en que se trata de una comparación bastante desafortunada.

Primero, porque pretender publicar una primera novela con Planeta o cualquier otra editorial grande, sin mecenas y sin premio literario, es, por lo menos, ingenuo. La mayoría de los mortales que llegan a publicar su primera novela sin pagar, lo hacen con editoriales pequeñas. Pequeñas, pero trabajadoras, no «editoriales» a las que les tienes que comprar el papel (valga como símil del balón y camisetas comprados por los niños del símil futbolístico) para que te hagan caso.

Segundo, porque hasta los jugadores del Real Madrid (o cualquier otro equipo grande) tuvieron sus comienzos en equipos pequeños. Y lo mismo pasa con las editoriales. Es muy habitual empezar publicando (sin pagar) en una editorial pequeña y después, a base de trabajo y gracias a la visibilidad que te da el tener publicado algo respaldado por una editorial tradicional, ir publicando en editoriales más grandes, o llamar la atención de un agente literario que busque esas editoriales grandes por ti. Aunque no me vale el argumento de que la novela autoeditada o coeditada se le puede mandar a un agente como muestra de trabajo, porque los agentes literarios saben muy bien cuáles son las editoriales que cobran por publicar. Y en los tiempos que corren, en los que cada agente recibe a diario decenas de propuestas, les hace falta poco para descartar una.

Y tercero, porque nadie, y estoy seguro que mi contertulio tampoco, se fiaría de partida de la calidad de un jugador (del Real Madrid o el equipo que fuera) que hubiera tenido que pagar para que le ficharan. En otros deportes, como por ejemplo la Formula 1 (¿alguien recuerda a Uji ide?), es muy habitual que un equipo se fije en los patrocinadores o el dinero que un piloto pueda aportar, pero, una vez que ya han conseguido el dinero y mejorado el equipo, el que se queda es el piloto bueno, no el que podía pagarse él mismo el puesto en el equipo. El tiempo pone a cada cual en su sitio, y el mundo literario no es ajeno a esta máxima.

En fin, que seguiré igual. Nunca diré una palabra en contra de quien autoedite o coedite sus libros, aunque sí trataré de disuadirle si tengo le oportunidad de conocerle antes de que lo haga. Si tiene claro de qué va el tema y, a pesar de todo, quiere hacerlo, no seré yo quien lo impida, pero no dejaré de criticar a las supuestas «editoriales» que traten de hacernos creer que es imposible publicar sin pagar. Los múltiples anuncios de nuevos libros de autores noveles que podemos ver a diario en multitud de foros y blogs, me dan la razón.

P.D.: A este paso voy a tener que cambiar el título de este blog por el de «Escritor en contra de la coedición».

Hoy voy de felicitaciones

Hace unos días, me topé con esta noticia:

http://www.europapress.es/cultura/libros-00132/noticia-montse-paz-gana-premio-minotauro-20110210165536.html

A los que hayáis seguido el blog, os sonará posiblemente el nombre de Montse de Paz, cuya primera novela, Estirpe salvaje, os recomendé desde aquí hace tiempo. Pues bien, acaba de ganar el premio Minotauro de novela de terror, fantasía y ciencia ficción, uno de los más prestigiosos de este país y el más prestigioso (junto al premio UPC de ciencia ficción) en su categoría. Debo confesar que este premio ha revivido mi antes difunta confianza en los premios literarios del grupo Planeta.

Da cierto orgullo (y algo de envidia también) cuando alguien a quien conoces recibe un premio como éste. Conocía a Montse hace años en un foro literario, cuando este blog ya existía, y fui yo quien le recomendó probar a enviar su primera novela (la mencionada Estirpe salvaje) a la agencia literaria Sandra Bruna, y el resto ya es historia.

Hace poco, en el mismo foro en el que conocí a Montse, estuve discutiendo con el responsable de una web de autopublicación. Él defendía que la autoedición o la coedición son los mejores métodos para que los autores noveles publiquen, porque, según él defendía, ninguna editorial tradicional va a publicarles. Entre otros miembros del foro, le puse a Montse como ejemplo de todo lo contrario y, días después, esta noticia me lo confirma. Historias como ésta y ejemplos como el de Montse me hacen creer en que pueda haber una luz al final del túnel, aunque ya me hayan rechazado unas cuantas editoriales.

Felicidades Montse. Ya tengo anotado tu libro para comprarlo en cuanto salga.

Mentiras de la coedición

He decidido escribir esta entrada hace un rato, mientras leía en la web de una editorial, cuyo nombre obviaré, las «ventajas» de la coedición.

Comentan que permite un mayor control sobre el proceso de edición, y más vale que así sea. Porque si además de puta, tienes que poner la cama, mal empezamos. Aunque no sé si la analogía de la puta es buena, porque esas profesionales no tienen que pagar por trabajar, como es el caso del escritor que opta por la coedición.

Las ganancias son mayores. Esto sería verdad al 100% si sustituyeran «ganancias» por «ganancias potenciales». Cierto es que en los contratos de coedición se ofrece al autor un mayor porcentaje de beneficios sobre el precio de cada ejemplar vendido, pero no es menos cierto que la inmensa mayoría de editoriales de coedición no cuentan con una distribución mínimamente decente. En muchos casos, el autor se encuentra con cajas repletas de libros en su casa, teniendo que buscarse la vida para colocárselos a algun librero. Y muchos son los libreros que se niegan a colocar en sus estanterías libros coeditados o autoeditados. De poco sirve que te ofrezcan un 40% del precio de cada ejemplar, frente al habitual máximo de 10% de las editoriales tradicionales, si con la coedición vas a vender 100 ejemplares y con la editorial tradicional (si se implica, claro está) igual vendes 1000. Suponiendo un precio de 15 euros (por ejemplo), el 40% de 1500 siempre será menor que el 10% de 15000,

Se da a conocer en el medio literario. Acudo al razonamiento de la distribución. Por lo general, la coedición adolece en cuestiones de distribución, sobre todo porque la editorial cobra por adelantado y le importa poco si la novela se vende o no. Si se vende, mejor, porque ganarán algo por cada ejemplar vendido, pero si no se vende ni un ejemplar, no es un trauma para ellos, que cobran por imprimir, y no por distribuir. De hecho, muchas editoriales ofrecen la distribución como un paquete extra aparte de la edición de la obra. Si el autor se da a conocer, será porque se haya movido por todas las esquinas y haya hablado con prensa, radio, televisión, etc., pero por regla general, no será una consecuencia del modo de edición escogido. Ni mucho menos.

Enriquece su aval ante otras editoriales. Pretenden que creamos que el simple hecho de tener una obra publicada, aunque sea mediante coedición, abre puertas ante otras editoriales, cuando es bien sabido que muchas editoriales no ven bien que un autor haya tenido que pagar por publicar, y, lejos de abrir puertas, la coedición en muchas ocasiones las cierra. Hay muchas editoriales capaces de publicar cualquier cosa mientras el autor pague, y el resultado en esos casos es una novela sin corregir y que, en el mejor de los casos, hubiera necesitado un repaso. En el peor, será una novela que nunca debería haber visto la luz.

Puede contar con un apoyo promocional. Hay editoriales dedicadas a la coedición que sí hacen cierta labor de promoción, pero no nos engañemos. La mayor parte de las veces se limitarán a enviar una nota de prensa y organizar una presentación. Para la editorial, la promoción supone tener que destinar parte del dinero cobrado por la maquetación e impresión de la novela, y eso no es rentable. Que nadie espere grandes inversiones en promoción.

Entra en el mercado editorial. Me remito a lo anterior: se entra, pero pagando. Es como entrar en la zona vip de una discoteca porque alguien te ha invitado o entrar porque has pagado. En el último caso, habrá muchos que te consideren un «pringado», y el mundo editorial no es diferente.

Puede optar por premios literarios. Esgrimen el argumento de que existen premios literarios que exigen que la obra haya sido publicada. Pues bien, para empezar, el porcentaje de premios con esas características es muy pequeño. Además, en dichos premios, una novela tiene más opciones cuanta mayor «visibilidad» haya tenido y haya llegado a más lectores, y ni que decir tiene que las novelas coeditadas no son las que más visibilidad tienen.

Usted mismo puede ocuparse de las ventas. Como diría aquél, «manda huevos» que tengan las narices (por no decir otra parte del cuerpo) de poner esto como ventaja. Salvo casos contados, en los que el autor tiene amigos o experiencia en el mundo editorial (lo cual no es muy habitual entre los que coeditan) para el autor tener que ocuparse él mismo de las ventas es un infierno, y en el mejor de los casos, logrará vender unos pocos ejemplares entre familiares y amigos cercanos. Dicen que las editoriales tradicionales no siempre tienen una buena red de distribución, pero obvian decir que peor es la red de la editorial de coedición, si dejan que el autor se ocupe de las ventas. En definitiva, están admitiendo que no tienen ninguna distribución. Prefiero una editorial que no tenga la mejor distribución, pero al menos la tenga, a una que no la tenga y encima se jacte de ello.

Su obra sigue siendo suya. He dejado para el final el argumento más jugoso, el que siempre esgrimen estas editoriales y que siempre confunde a los autores. Dan a entender que cuando uno firma con una editorial tradicional, está cediendo sus derechos de autor, lo cual sólo se puede definir como una gran falacia. Cuando se firma un contrato de edición, lo que se cede son los derechos de explotación de la obra para un determinado tiempo, un determinado número de ediciones y/o ejemplares, etc. Sobre lo que la editorial tiene derechos es sobre esa edición en concreto. Le pertenerá el diseño de la portada, las ilustraciones que incluyan o la maquetación específica, pero el texto, el argumento y, en definitiva, la autoría de la obra, siempre serán del autor. Es cierto que éste no podrá firmar con otra editorial mientras el contrato con la primera esté en vigor (aunque la editorial le haya salido «rana») pero seguirá siendo el autor, y la editorial no puede cambiar eso. Terminan diciendo que la coedición no te impide ofrecer el manuscrito a otras editoriales o enviarlo a un concurso, pero vuelven a obviar información importante:

1) Si hay que pagar, sólo faltaría que encima se quedaran con los derechos de explotación de la obra por x años. Como ya he dicho antes, aparte de puta, poner la cama.

2) Pocas son las editoriales a las que no les importa que un manuscrito ya haya sido editado con anterioridad. Muy buena tiene que ser una novela para que una editorial acepte reeditarla.

3) No recuerdo ningún premio literario (salvo los de obra publicada) que no incluya una cláusula que indique que las obras presentadas deben ser inéditas. Tal vez me equivoque (no conozco todos los premios) pero he visto las bases de muchos.

En fin, sigo diciendo lo mismo, que la coedición está bien para quien sepa lo que implica. Lo que no puedo soportar es que se mienta tan descaradamente, y se juegue con las ilusiones de muchos aspirantes a escritores (entre los que me incluyo). Hay muchos escritores aficionados que de verdad creen que para publicar algo hay que pagar, y editoriales como éstas se aprovechan de esta situación.

Id con los ojos bien abiertos y las carteras cerradas. Si vuestras obras lo merecen, encontrarán su camino.

La esperanza es lo último que se pierde

Gran verdad encierra el título de esta entrada.

Vuelvo a escribir por estos lares después de varios meses y mi última y casi derrotista intervención. Y la causa es que alguien, aunque la cosa aún esté menos que en pañales, me ha devuelto un poco de ilusión y me lleva a pensar que no toda la gente en el mundo editorial está «de vuelta de todo», como a veces te hacen creer.

Hace exactamente una semana, tras leer varios artículos muy positivos sobre una editorial de reciente creación, cuyo nombre, como es costumbre en mí, omitiré, decidí enviarles la sinopsis y unos capítulos de uno de mis manuscritos. No esperaba una respuesta rápida, ni siquiera un acuse de recibo, teniendo agosto a la vuelta de la esquina, pero hoy me han sorprendido con una respuesta nada estándar, en la cual adivino a un editor con ilusión, algo que se ha perdido en los últimos tiempos en España.

Me comentan que están liados en la preparación de su nueva novela (últimamente se han movido mucho, eso ya lo sabía y es una de las razones por las que no esperaba respuesta tan pronto) y que tienen unos cuantos manuscritos que leer tras un corto periodo vacacional, pero aseguran que mis capítulos están ya entre lo que tienen pendiente, tras haber leído la sinopsis, que califican como interesante.

En estos momentos, una sonrisa ha vuelto a mí por algo relacionado con el duro mundo editorial en el que nos movemos los escritores noveles y aficionados. Incluso si luego no ocurriese nada o la editorial decidiera no solicitar el manuscrito completo. Por lo menos, he podido ver que de verdad queda gente con ilusion por dar a conocer la obra de aquellos que desde las sombras, tratamos de hacernos un hueco. Queda gente con ilusión por hacer que otros lean lo que ellos acaban de leer y tanto les ha gustado. A veces, se hace muy patente la impresión de que los editores de este país han olvidado esa ilusión de compartir con los demás esa novela que acaban de leer, y sólo se preocupan de compartir con sus accionistas o socios los beneficios de la última novela (a veces mediocre) producida por su gran estrella mediática de toda la vida.

En fin, editores con ilusión por ampliar el mercado literario español son los que nos reconcilian con la literatura. Así es cómo se fomenta la lectura, fomentando la escritura, la variedad de contenidos, historias y nombres entre los que elegir. Al paso que llevamos, donde impera el mercantilismo, llegará un momento en el que, si nadie lo remedia, sólo tendremos novelas de 10 ó 20 autores entre los que elegir (y siendo generosos), todas cortadas por el mismo patrón y con hilos y premisas argumentales con aspecto de clones.

En fin, tal vez no pase nada, pero está muy bien que te devuelvan un poco de ilusión y ver que hay gente con ganas de sacar adelante a los nuevos autores. Lo único que nos queda es que los editores también dejen de esgrimir la palabra «crisis» como razón y causa de todos los males de la literatura de este país, aunque eso será más complejo.

Saludos a todos y en especial a todos aquellos que estéis esperando la respuesta de una editorial o una agencia literaria.

El lado agridulce del mundo literario

Estoy seguro de que no soy el único (ni lo seré) que ha recibido negativas de editoriales plagadas de elogios. De hecho, ayer mismo recibí la última.

Se trata de una editorial bastante conocida en su género (comic, no voy a dar más datos, al menos de momento) que acaba de iniciar una línea de novela. En cuanto me enteré, les envié un resumen de uno de mis manuscritos, concretamente aquel que se quedó en puertas de ser representado por la agencia Sandra Bruna.

El caso en cuestión es que el editor, o quien quiera que leyera mi manuscrito, se deshace en elogios hacia el mismo y mi modo de escribir y de narrar la historia, para finalizar con el habitual «pero no encaja en nuestra línea». Tras jarro de agua fría, como en otras ocasiones, me desea la mejor suerte del mundo.

Sé que debería estar contento (muchos me lo han repetido en otras ocasiones al recibir mensajes similares) pero estas respuestas me siguen dejando un sabor de boca más agrio que dulce. Si tanto les gusta como escribo, ¿cómo es que no lo publican? En fin, supongo que es como todo: dar con el editor adecuado, en el momento adecuado, y con la obra adecuada. De todos modos, en este caso también tuvieron el detalle de dejarme claro en qué líneas quieren centrar la colección de novela, por lo que tienen ya en su buzón de correo el resumen de un manuscrito que sí se encuadra en una de esas líneas. Espero que el estilo les guste de igual modo que con el otro y les dé menos miedo publicarlo.

Por otro lado, creo que ha llegado el momento de desvelar por qué llevo tanto tiempo sin prestar demasiada atención al blog. Como dicen en una de mis películas favoritas: «Una explicación os debo, y esa explicación que os debo, os la voy a dar».

El motivo no es otro que lo que me llegué a quemar en este mundo literario nuestro, principalmente en el último año. Pocas personas lo saben, pero estuve a punto de publicar una novela, precisamente esta que acaba de elogiar la editorial que ha motivado este post. Pero todo se fue al garete, se torció, o, hablando mal y pronto, se fue a la mierda.

El año pasado, allá por el mes de marzo, recibí un email de un editor que estaba evaluando la mencionada novela. Para mi sorpresa, quería publicarla, y encima, no me iba a cobrar por ello. Como podréis imaginar, estaba que no me lo creía, y tal vez es lo que debía haber hecho: no creérmelo.

En menos de un mes, el editor, tenía una presentación en Bilbao, lo que me permitía concertar una entrevista personal, ver el contrato en papel (ya lo tenía en pdf y era bueno) y firmarlo en el momento. Por desgracia, había un factor con el que no contaba: la economía.

Se trataba de una editorial andaluza (cuyo nombre omitiré) que iba a presentar mi novela, junto con unas cuantas más, a la convocatoria de subvenciones de la Junta de Andalucía, cuya resolución se conocería tras el verano de 2009. Desde el primer momento, me aseguraron que la publicación en septiembre dependería de las ayudas, pero que incluso en el caso de que éstas no les fueran concedidas, confiaban en poder publicar la novela por sus propios medios para finales de noviembre en el peor de los casos.

Pues bien, ese no fue el peor de los casos. La mencionada editorial apenas recibió subvenciones y sólo les dieron una pequeña cantidad por algo que habían publicado en 2008, pero nada para los proyectos que presentaban de cara a 2009. Cuando esto se supo, el editor no tardó mucho en desmarcarse de mi novela y mencionar la crisis, para indicar que mi novela no sería publicada en 2009, y muy difícilmente en 2010. Tras darle unas cuantas vueltas, y tener la confirmación (tampoco me hacía falta mucho más) de que les sería totalmente imposible cumplir con los plazos, y que mi novela había pasado oficialmente a un segundo plano (o más abajo) en las prioridades de la editorial, rescindimos el contrato.

Como supondréis, ando desde entonces un tanto quemado, aunque eso no es lo peor. Sólo un mes después de haber firmado el contrato con la mencionada editorial, recibí un email de otra editorial, también andaluza, interesada en publicar la novela. Y un par de días después, otro email, en este caso de una agencia literaria que se mostraba interesada en representarlo. Iluso de mí, con la firma del contrato aún fresca, decliné amablemente ambos ofrecimientos, y hoy es todavía el día en el que no he terminado de arrepentirme. Después del fiasco, contacté con la editorial y la agencia y les hice saber que el manuscrito volvía a estar disponible (sin entrar en detalles innecesarios) y nunca recibí respuesta. Como ya he dicho antes, esto se trata de dar con la persona adecuada en el momento adecuado, y el momento en el que debía encontrar a esa editorial y/o esa agencia literaria, pasó. Llamadlo crisis o simplemente mala suerte. Yo lo llamo simple y llanamente putada, y con mayúsculas.

De todos modos, no os preocupéis, que ya he decidido no cortarme las venas y dejármelas largas. El manuscrito en cuestión, junto con otros dos, anda moviéndose, aunque hace tiempo que nadie me responde, excepto el email de ayer. En fin, tal vez sea cuestión de tiempo, como otros me han dicho en el pasado (y me lo volverán a decir, estoy seguro) pero esto quema un poco.

A este paso, acabaré batiendo el record de 27 rechazos de Ernest Hemingway.

Reseñado

Desde hoy, un artículo de este blog aparece reseñado en el blog Narrativa breve. Se trata de un blog dedicado a recopilar artículos relacionados con el mundo de la escritura, y en especial la lucha de los autores noveles por hacerse un hueco. Su editor, Francisco Rodriguez Criado, se dirigió a mí anoche para pedir mi permiso y poder publicar uno de mis artículos en su blog, a lo cual accedí. Para quienes queráis visitar su blog, he añadido un enlace dentro de mi colección de páginas amigas.

Por otro lado, este fin de semana finalicé una nueva pasada a más editoriales, las cuales han recibido el resumen de uno de mis manuscritos. Realicé el trabajo de la manera más dura, tirando del listado de editoriales del Ministerio de Cultura y revisando webs de editoriales. En fin, esperemos que tantas horas de envíos y revisión de páginas sirva para algo. De momento, como siempre, a esperar. Y mientras tanto, voy corrigiemndo un ladrillo de 600 páginas, que es lo más largo que he escrito y terminé hace algo más de un año. Por ahora, he llegado, más o menos, al 50%.

Un poco de publicidad ajena

Hoy, como en otras ocasiones, voy a ceder un poco de mi pequeño espacio a alguien que acaba de publicar su primera novela, tras un largo peregrinar por diversas editoriales. Se trata de Juan Jesús Hernández Gómez, más conocido como Ithur en el foro de escritores de Bibliotecas Virtuales.

Recientemente, ha publicado su primera novela, titulada «La ira del dios oscuro», con la editorial Eldalie, una pequeña editorial de reciente creación. Espero que tenga mucha suerte con la novela, tanto él como la editorial. En tiempos como los que vivimos, en los que con la excusa de la crisis, resulta todavía más difícil publicar, es esperanzador ver gente nueva que encuentra su sitio y editoriales no sólo dispuestas a apostar por la gente nueva, sino también dispuestas a lanzarse al mundo editorial con valentía. Muchos valientes han perecido en el intento, pero esperemos que éste no sea el caso.

El libro se puede adquirir online en la web de la propia editorial o en ReadOnTime, una importante librería online, la cual permitirá incluso que «La ira del dios oscuro» pueda venderse fuera de España. He aquí un enlace a la novela. La editorial ya no exciste, pero se puede leer el libro en Google Books:

https://books.google.es/books?id=4lpJ9W_pdUIC&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false

Hoy, un pequeño relato

Hoy retomo el blog con algo que llevaba tiempo sin hacer: publicar un pequeño relato.

En este caso se trata de un relato corto que escribí hace tiempo y tenía olvidado en las profundidades de mi disco duro. Espero que os guste.

EL PICNIC

Domingo, once de la mañana. Nadie sabía quién era y por qué estaba allí, pero en el centro del merendero, sentado en la mesa más próxima a la más nueva de las parrillas, había un hombre, o lo que parecía ser un hombre.

Parecía porque llevaba un disfraz de payaso, que recordaba al reclamo publicitario de una conocida cadena de establecimientos de comida rápida. Frente a él había un ordenador portátil, cuyas teclas no dejaban de sonar. El hombre tecleaba de forma frenética, como si no hubiera un mañana. Sólo se detenía de vez en cuando, para dar un sorbo a una coca cola, tamaño gigante, adquirida en el ya mencionado establecimiento de comida rápida. Era como un corredor de fórmula 1, corría a alta velocidad, repostaba cada cierto número de vueltas, y volvía a correr otra vez.

A su alrededor, las mesas se fueron llenando de familias y grupos de amigos, que se preparaban para sus correspondientes parrilladas. Como si el miedo, o tal vez la electricidad estática emitida por el portátil les repeliera, ninguno de los presentes se acercó al payaso, a pesar de encontrarse él solito ocupando la mejor mesa del lugar. El ritual siguió, con gente yendo y viniendo, el payaso tecleando y sorbiendo su bebida. De vez en cuando un niño preguntaba “Papá, ¿qué hace ese señor?” o “Papá, ¿puedo ir a pedirle unos globos?”, y la respuesta siempre era la misma: una mirada de reproche de parte de papá, mamá o los dos, y un tirón que alejaba al niño lo más posible del “extraño”.

Los pájaros se posaron junto a él, sobre él y sobre el portátil, pero él no movió nada que no fueran los dedos para teclear o el brazo derecho para alcanzar la bebida, que bajaba a sorbitos, como queriendo que durase mucho tiempo. El viento sopló, la lluvia hizo amago de aparecer varias veces, aunque no llegó a caer con fuerza, pero él siguió con sus medidos movimientos. La gente le increpó, los adolescentes le insultaron y algunos incluso amenazaron con llamar a la policía o al hospital psiquiátrico más cercano, pero él se mantuvo impertérrito. De todos modos, ¿qué hubiera podido hacer la policía? ¿Detenerle por contaminación acústica por teclear demasiado fuerte?

Hacia las cinco de la tarde, cuando en circunstancias normales, muchos de los presentes ya se habrían marchado a casa, todo el mundo seguía ahí, expectante, esperando a ver qué ocurría con el tipo raro del disfraz de payaso. Después de tantas horas de observarle y hacer cábalas, las teorías sobre quién sería y, sobre todo, que estaría escribiendo, eran tantas que nadie quería quedarse sin conocer el desenlace. Había incluso quienes estaban organizando porras, y las apuestas estaban ya llegando a cantidades que hubieran arreglado el mes a cualquier “mileurista”.

Y por fin se fue. A las cinco y media de la tarde, se levantó y se marchó del lugar sin más, sin mirar hacia atrás, dejando a su espalda un ordenador portátil cerrado y un vaso de coca cola vacío. Hacia delante tampoco miraba en ninguna dirección concreta, y quienes se cruzaron con él coincidirían más tarde en afirmar que iba con la mirada perdida. Recta, pero perdida. Después, se alejó caminando, por el arcén de la carretera.

Pasaron quince minutos hasta que alguien se atrevió a acercarse al portátil, aunque muchas eran las voces que le gritaban que no lo hiciera y que bien podría tratarse de una bomba. Haciendo caso omiso de los gritos, y llevado por su gran curiosidad, un hombre de mediana edad se acercó con cuidado al lugar donde estaba el ordenador y, con dos dedos, como si éste fuera radiactivo, fue levantando la tapa. Tras pulsar una tecla, para desactivar el protector de pantalla, se encontró con un largo documento de texto, que inmediatamente empezó a leer.

El documento no era más que la repetición, en cantidades que no merecía la pena contar, de la frase “TONTO EL QUE LO LEA”, así, en mayúsculas. El hombre avanzó por el documento, pasando por páginas y páginas de la misma frase, hasta llegar al final del mismo, lugar en el que se encontraba la única diferencia. En ese punto, en negrita y un tamaño de letra enorme, aparecía la frase “¿A QUE JODE?”.El hombre miró alrededor, buscando al payaso, al que ya no se veía. Después, cerró el portátil y se alejó caminando, sin dejar de sonreír, aunque recordando entre dientes a todos los familiares del payaso.

FIN

Hoy se me han hinchado las pelotas

Así tan mal como suena.

Tengo el culo pelado (hala, otra grosería) de recibir ofertas de coedición o autoedición, pero lo que he recibido hace aproximadamente media hora, ha sido la gota que colma el vaso. Quienes hayan seguido este blog, sabrán ya que no suelo ser amigo de poner nombres y apellidos a este tipo de gente, pero hay cosas que claman al cielo, y lo de esta noche entra en esta categoría.

Puedo entender la existencia de estas «empresas de servicios editoriales», de la misma manera que yo mismo me gano las alubias en una de servicios informáticos, pero que aquéllas se presenten como editoriales, o como la única manera de que los noveles publiquen, es lo que me enerva. En este caso se trata de la editorial Atreyo, que además tiene la osadía de subtitular su web, bajo su nombre, con la siguiente frase: «Las puertas del escritor».

La web se abre con una disertación bastante extensa sobre por qué los sitios donde uno puede promocionar gratuitamente su obra (léase foros literarios, yoescribo.com, etc.) no son los medios más adecuados para hacerlo o sobre por qué el autor no es el más indicado para corregir su obra, porque, según palabras textuales,»Aún cuando podamos escribir una historia, no es suficiente para llamarnos escritores. Podrás saber tanto de medicina como el mejor galeno, pero no podrás ejercer si no hay un respaldo institucional detrás tuyo». Vamos, para empezar, comparar la escritura de una historia, buena o mala, con una operación a corazón abierto me parece pasarse de la raya. Por muy mala que sea la historia que escribo, incluso si intento venderla, no pasará nada, mientras que si trato de ejercer la medicina sin titulación, seré acusado de intrusismo profesional y, probablemente, imprudencia temeraria. Empezamos bien, aplicando la demagogia. Muy buen punto de partida, sí señor.

Pero la cosa no acaba ahí. No contentos con hacer la poco afortunada comparación con los venerables médicos, se nos muestran como la única opción posible de cara a una evaluación y corrección, como si las editoriales tradicionales no evaluaran nada. Ellos seguro que lo evaluarán (se supone que es por lo que cobran), pero si su idea después de la evaluación (que, me vais a permitir, dudo que sea muy negativa) es tratar de seguir adelante con uno de sus planes de edición (por supuesto, pagados también) ¿qué más me da si evalúan mi manuscrito? Mejor pagarles directamente.

El problema no sería tal si estas editoriales cuidasen las formas y sus disertaciones vinieran, de algún modo, arropadas por un mínimo hálito de profesionalidad. Aparte de poner a parir, sutilmente, a aquellos que mantienen de forma gratuita webs y foros literarios que nos permiten difundir lo que nos dé la gana, bueno o malo, sin coste alguno, estos señores de Atreyo van más allá y lo hacen… ¡con faltas de ortografía! Aquí es donde nos rasgamos las vestiduras, cuando vemos que unos señores que pretenden cobrar a los autores por un servicio de corrección, son incapaces de corregir sus propias páginas. Voy a poner unos pocos ejemplos, algunos de pobre redacción, y otros de falta de ortografía garrafal:

1) Esta frase es de antes, y os sonará: «Aún cuando podamos escribir una historia, no es suficiente para llamarnos escritores. Podrás saber tanto de medicina como el mejor galeno, pero no podrás ejercer si no hay un respaldo institucional detrás tuyo». Vamos a ver: ¿a estos señores no les ha enseñado nadie que «aun» no lleva acento cuando, como en el caso que nos ocupa, se sustituiría por «Incluso»?

2) Nos encontramos con el texto siguiente: «La gran trampa de ese juego es que nadie podrá tomar en serio su trabajo, ni siquiera los menos exigentes. Sólo tiene que preguntarse así mismo, ¿cuántas veces ha leido un texto de esos?». Empecemos la diversión: ¿se refieren a «a sí mismo» en reflexivo o a «asimismo»? En ningún caso aciertan, y se quedan tan anchos. ¿Y qué tal poner «:» después de «mismo»? Con este nivel de redacción de escuela primaria, ¿pretenden que alguien les pague por una corrección? Sólo alguien con un nivel más bajo que ellos podría quedar contento con las correcciones que le hicieran. No sé cómo pensarán otros, pero a mí me sentaría bastante mal acabar discutiendo con el supuesto profesional al que tengo que pagar por una corrección que podría haber hecho mejor yo mismo. Ah, y no olvidemos el «leido», así sin acento. Total, sólo es una raya inútil que nos hace gastar tinta y nos obliga a pulsar una tecla más.

3) Son reincidentes: «Por eso, Editorial Atreyo se preocupa por usted haciéndole esta advertencia. No se apresure a lanzar su texto al público». Nuevamente, no debe de haber carácter «:» en su teclado, y tampoco comillas.

4) Una joyita más: «Y cuando haya puesto el punto final y las palabras FIN, su libro estará listo para que envíe una carta al Editor de alguna editorial.». Otra tecla rota en su teclado o alguien ha olvidado unas comillas para ese «FIN». En fin (chiste fácil), otra muestra de un texto que no pasaría ni una primera revisión.

Podría seguir enumerando fallos, grandes y pequeños, pero eso implicaría tener que leer todo el texto de la web, y ya me he cansado de faltas de ortografía, que, como diría el señor Federico Trillo, «manda huevos» encontrárselas en la web de una editorial.

Para quien le interese, la susodicha editorial está ubicada en México, en la ciudad de Nuevo Laredo, y cobra desde $99 hasta $1500 por publicar a quien tenga el dinero. Son dólares americanos, y me parece un poco excesivo, porque en el caso del plan de los $1500, el autor recibe 40 ejemplares. El resto se supone que es la tramitación del ISBN (que, al menos en España, es gratuita) y elaborar cosas tan caras como tarjetas de visita o hacer avisos a tiendas, webs, etc. (es decir, dedicar dos o tres días, como mucho, a mandar emails). Suponiendo que la «promoción» se llevara $300, el cálculo arroja la nada despreciable cifra de $37,5 por ejemplar, algo que ni Plaza&Janes paga a su imprenta por ejemplar. Y ni hablemos ya de las otras ofertas, más económicas, por las que el autor no recibe ni un único libro. No es que yo defienda a lulu o bubok, por poner los ejemplos más conocidos, pero dan más que eso por menos, y no se presentan como la quintaesencia del mundo editorial.

En fin, creo que mis pelotas ya están de su tamaño normal, viene bien desahogarse. Por supuesto, ya les he enviado un email rechazando sus «servicios», e instándoles a que revisen su web, por la poca confianza que da una editorial con faltas de ortografía.

Últimos escritos y escritos futuros

Hace un par de días, escribí «FIN» en un nuevo relato corto, que dentro de un tiempo corregiré, como es menester. Como en los últimos casos, se trata de un relato que escribí sin más. El lunes por la noche, estaba repasando un archivo que tengo, con frases «ingeniosas» que se me ocurren de vez en cuando, en busca de una pequeña chispa de inspiración.

Algunas de esas frases, son cosas que he oído en la calle, en el metro, la panadería…, en fin, frases curiosas, bien por graciosas o bien por profundas, que he oído a alguna persona. Las guardo porque me parecen buenas, por si en el futuro las puedo encajar en algún relato o novela, o simplemente me pueden servir de inspiración.

Dicho y hecho. En cuanto vi una de las frases anotadas, una chispa, o más bien la traca final de los fuegos artificiales del pueblo, se encendió en mi cabeza y en unos pocos minutos, ya tenía la idea para un nuevo relato corto, que empecé a escribir casi de inmediato. Después, seguí la noche del martes y la tarde del jueves, mientras hacía un viaje largo en transporte público, y la noche del jueves, momento en el que escribí el final. No es un relato muy largo (sólo 3 páginas con letra de tamaño 12 y espaciado simple) pero en esas pocas palabras, hace un compendido de humor, amor y desamor, sin perder (creo) el ritmo narrativo en ningún momento. Se sale de la línea de mis últimos relatos, enmarcados en el ciencia ficción, pero explora un terreno, el relato humorístico, que tengo intención de convertir en mi próximo objetivo.

Ahí es donde entramos en mis escritos futuros. Hace poco escribí un relato corto, también en el marco de la ciencia ficción, pero que incluía una gran carga humorística, en un estilo muy similar a, por ejemplo, el de Eduardo Mendoza, un escritor que siempre me ha gustado. Una vez terminado, y tras haberlo leído en varias ocasiones, he llegado a la conclusión de que ese relato me puede dar pie a iniciar una nueva novela, aunque en este caso, estructurada de una manera un tanto diferente a lo que he venido haciendo. Mi idea es estructurar la novela en forma de relatos cortos, todos protagonizados por el mismo personaje y enmarcados en parecidas circunstancias, pero sin tener que seguir una línea temporal común. Serían capítulos autoconclusivos, como los de una serie de televisión, estructurados como narraciones del protagonista, por otro lado bastante peculiar.

De momento, sólo tengo finalizado uno de los relatos, pero he hecho ya anotaciones para varios de los demás. Confío en que sea una novela ágil de escribir y también de leer, con lo que resultaría especialmente entretenida. Mientras tanto, dejo que reposen otras cosas que tengo escritas, y en ratos libres que tengo (sobre todo viajando en metro o autobús, gracias a que tengo un smartphone con Windows Mobile) voy corrigiendo una novela antigua, concretamente la primera que escribí. Tengo intención de presentarla a varias editoriales después del verano, aunque todavía sólo he corregido la tercera parte, de cerca de 400 páginas. Cuando termine, serán menos, gracias a que tras tanto tiempo reposando, no recordaba los pasajes concretos, y he podido identificar con facilidad todo aquello que está de más, en algunos casos páginas enteras.

En fin, sigo como siempre, escribiendo, con publicación y sin ella, con premios y sin ellos. Estoy buscando un premio al que presentar otro relato que escribí el año pasado, a ver si hay suerte.

Saludos a todos y como siempre, gracias por pasar por este blog, tan mío como vuestro.