Consecuencias de un «efecto menéame»

Me vais a permitir que me salga un poco del guión habitual del blog (que, últimamente, casi siempre es la coedición) y analice las consecuencias de que ayer mi última entrada fuera subida (por alguien a quien estoy muy agradecido, aunque no sepa quién es) a la lista de noticias pendientes de Menéame.

La noticia sigue en el listado de pendientes, pero a estas horas ya ha llegado al punto en el que ya no tiene l más mínima visibilidad. Eso es lógico, puesto que Menéame recibe propuestas de noticias por cientos cada día, y hay otras que (como es lógico) interesan al mundo más que la coedición, que sólo afecta a los escritores publicados y a los aspirantes a serlo.

Lo que me parece más significativo es el efecto que esto ha tenido en este humilde blog, que no suele recibir más de 10 visitas diarias. La noticia que enlazaba al blog llegó a tener 13 «meneos», pero eso fue suficiente para que se generaran casi 70 visitas únicas, todas ellas registradas sólo por la tarde.

Para quien no conozca Menéame, explicaré brevemente en que consiste:

Se trata de una web de noticias, las cuales son propuestas por cualquier internauta. Una noticia puede ser un artículo aparecido en una periódico online, en la edición online de un periódico escrito, en un blog, o en la página personal de cualquiera, y quien propone la noticia puede ser el propio autor o cualquier otra persona, que considere que la noticia es relevante y puede interesar a la gente. Una vez enviada la propuesta, ésta pasa a un listado de noticias pendientes, donde cualquier puede visitar la noticia original, comentar la entrada, votar positiva o negativamente, o «menearla».

Menear una entrada consiste en hacer que la noticia con la que enlaza suba un poco en el ranking. Una vez que una noticia alcanza un cierto nivel (no conozco exactamente cuántos meneos o votos positivos hacen falta) la noticia pasa a convertirse en candidata a formar parte de la portada de Menéame, que es lo primero que se ve cuando se entra en la web. A partir de que una noticia llega a la portada, en número de visitas crece de manera exponencial, y el llamado «efecto menéame» es a veces tan acusado, que muchas páginas personales o blog se han visto caídos temporalmente por recibir de repente un aluvión imparable de tráfico, provocado por su llegada a la portada.

Si con 13 meneos (insuficientes para llegar a la portada) llegué ayer a casi 70 visitas en un día, no quiero ni imaginar qué habría ocurrido si mi entrada hubiera llegado hasta la portada. En fin, lo que quiero decir con todo esto es que no debemos nunca ignorar ninguna herramienta de promoción, se llame Menéame o se llame como se llame. Es más, no sé cómo no se me había ocurrido a mí lo de Menéame.

Saludos.

Las nuevas formas de coedición encubierta

Ayer recibí un email de una editorial que estaba evaluando uno de mis manuscritos. Por las mismas obvias razones que otras veces, omitiré el nombre de la editorial en cuestión, pero el mensaje que me enviaron da pie a que aborde un tema candente: ¿qué hacen últimamente las editoriales para encubrir una coedición y que no parezca tal?

Pues bien, hay dos maneras. Sobre una creo que ya os hablé en el pasado, aunque no está de más refrescar la memoria, y la segunda es la que nos ocupa. Pero vamos por partes.

1) La editorial empieza a pagar al autor a partir de la segunda edición. Sobre esta modalidad de coedición encubierta supe hace tiempo por medio de una escritora que había publicado su primera novela de este modo. La editorial le publicaba el libro, pero no iba a ver ni un euro de lo que se vendiese de la primera edición, sólo a partir de la segunda. En este caso, la editorial no pide dinero al autor, pero le priva de sus beneficios, por lo que le está cobrando de una manera encubierta. Es mejor esto que el que te pidan directamente 3000 ó 4000 euros, pero no deja de ser una forma de «maquillar» la coedición.

2) El autor se debe comprometer a comprar x ejemplares de la primera edición, con un cierto descuento. Esto es lo que me ofrecieron ayer a mí, y que educadamente rechacé, porque se trata de una coedición más que encubierta. Me ofrecían una tirada de 1200 ejemplares, de los cuales yo tendría que comprar 250, con un 30% de descuento sobre el PVP de los libros.

No llegamos a hablar del PVP, pero no es descabellado hacer un cálculo de 15 euros, teniendo en cuenta que se trataría de una novela de aproximadamente 200 páginas. El caso es que si empiezo a hacer números y a contrastar lo que me dicen desde la editorial, no me salen las cuentas.

Para empezar, calculemos la inversión inicial: el 70% de 15 euros es 10,5. Si lo multiplicamos por 250 ejemplares, tenemos nada más y nada menos que 2625 euros, una cantidad que no está lejos de lo que otras editoriales piden directamente por una coedición. Mal empezamos, sobre todo cuando, según la editorial, esto lo hacen para «implicar al autor en el proceso de distribución y promoción». Para implicar a un autor en dichos procesos, no hace falta pedirle casi 3000 euros, basta con enviarle unos pocos ejemplares (lo que hace toda editorial tradicional, destinar al autor unos 20 ó 30 ejemplares para que los promocione por su cuenta, de hecho es una cláusula habitual del contrato de edición) y pincharle un poquito para que se mueva.

Por otro lado, afirman (y manda huevos la cosa) que esos 250 ejemplares no cubren ni un tercio de los gastos de edición. Vamos a ver, ¿pretenden hacernos creer que los gastos de edición rondan los 8000 euros? He acudido a las tarifas que una imprenta publica en su web (puede que no sea el precio medio, lo admito) y me he encontrado con que un libro en formato A5, encuadernado en rústica, con portada a color laminada en brillo, cuesta 1117 euros por cada 300 ejemplares. Si multiplico por 4 para obtener los 1200, me salen 4468 euros. Si les sumamos el 18% de IVA, se pone el precio en 5272,24. Siguen sin salirme los números, porque en este caso, los 2625 de los que hablábamos pasan a ser casi el 50% de los gastos de edición. Vaya, suena cada vez más a coedición, ¿verdad?

Afirman de paso que las editoriales pequeñas no tienen los medios ni las posibilidades de las grandes, tratando de justificar el que el autor tenga que comprar 250 ejemplares, los cuales, según ellos afirman, cualquiera coloca fácilmente en su entorno más cercano, y que la mayoría de autores les piden más libros. Sinceramente, si es así, me voy a la imprenta que he mencionado antes, me hacen 300 ejemplares por la mitad de lo que ellos me van a pedir y los coloco yo mismo, con esa supuesta facilidad. Y encima, todavía me quedan 50 más de los que ellos me hacen, y los puedo regalar a quien me dé la gana.

Como ya he dicho mil veces, no estoy en contra de la coedición mientras la editorial vaya con la verdad por delante y el autor sea consciente en todo momento de lo que implica, pero no puedo con estas editoriales que sueltan tantas «perlas» como las que he mencionado, para justificar lo injustificable. Si me quieren pedir 2000 ó 3000 euros por editar, que lo hagan, pero que dejen claro que es para cubrir sus riesgos y sus gastos, aunque la verdad es que poco riesgo tienen cuando de entrada ya me piden más de 2500 euros. En una época en la que las imprentas digitales (cuyos precios son muy reducidos con respecto a las tradicionales) la diferencia entre el precio de impresión y el PVP es mayor, y pretender que el autor compre libros basándose en el PVP (aunque sea con un 30% de descuento) es poco menos que injusto. Si a ellos un libro les va a costar menos de 4 euros, ¿por qué el autor tiene que pagar 10? Basta con hacer números para darse cuenta de que estas editoriales buscan beneficio inmediato. El resto les va a dar igual, y si el autor se deja varios miles de euros que no recuperará, les importa exactamente lo mismo: nada de nada. Porque 250 ejemplares por supuesto que no son ni la tercera parte de 1200, pero el 250 ejemplares a un 30% del PVP del libro son un gran porcentaje de 1200 a precio de imprenta. Son los detallitos que siempre omiten en este tipo de editoriales.

Cuidado con los lobos con piel de cordero, los que cobran encubiertamente y los que, como en el caso que nos ocupa, manda un email larguísimo en el que lo que prima son razones para justificar que te hagan pagar. Porque este es otro detalle que me llamó la atención: de un email de 17 líneas, sólo 3 al principio estaban dedicadas a indicar que consideran que mi obra es publicable. El resto son para explicarme la cláusula de los 250 ejemplares e incluir una retahíla de razones y justificaciones para dicha cláusula (las editoriales pequeñas no tienen medios, para un autor novel su entorno cercano es su principal zona de distribución, etc.).

En fin, a seguir buscando.

Google funciona

Hoy, revisando desde dónde llegan mis lectores al blog, he visto que últimamente varios han aterrizado aquí simplemente por buscar la palabra «coedición», o frases derivadas, en Google.

Raudo y veloz, he acudido a Google, para comprobar que la primera entrada de este blog en la que hablé sobre coedición, es el tercer resultado cuando se busca dicha palabra. Esto no hace más que producirme una gran satisfacción, al saber que aquellos que duden sobre la coedición, tendrán la oportunidad de leer largo y tendido sobre ella en este blog antes de caer en sus redes.

Quién sabe, tal vez con el tiempo este blog se convierta en el primer resultado de esa búsqueda.

Pasando a otro tema, estos dos últimos días, dos editoriales se han interesado por un manuscrito cuya sinopsis les envié hace poco. Parece que la gente se mueve y no todo el mundo responde con el típico «ya tenemos todo cubierto». También tengo pendiente de revisión un relato de ciencia ficción que envié ayer a la revista online Axxón (a quien no la conozca, le recomiendo que la visite). A ver si hay un poco de suerte, porque se trata de un relato que disfruté mucho escribiendo.

Saludos a todos.

Actualizando, que es gerundio

Una corta entrada para aquellos (que me consta que alguno hay) que identifica la inactividad de este blog con el hecho de que me haya podido rendir en mi búsqueda de editorial.

La inactividad se debe a que no hay noticias reseñables sobre mi búsqueda, salvo la retahíla de negativas de editoriales, siempre por falta de tiempo o por tener completo el calendario de ediciones. Llevo meses sin recibir un sólo email de una editorial en el que digan que no les ha convencido el manuscrito, ni siquiera emails de esos tan típicos de «es que no encaja en nuestra línea editorial». Estoy a la espera de noticias de una pequeña editorial que contactó conmigo hace ya casi tres semanas y parece interesada, pero no voy a lanzar las campanas al vuelo, que luego seguro que caen sobre mi cabeza y me hacen daño.

Por otra parte, el martes comencé mi décima novela. Se trata de una novela de ciencia ficción con invasión alienígena incluída. Ya estoy oyendo a los que dirán que no se trata de un tema original, pero creo que mi planteamiento del mismo sí lo es. Se trata de un argumento que esbocé hace más de dos años, y que tenía en mi lista de tareas pendientes. Ahora, ya no puedo parar de escribir. Mi intención es (si me da tiempo) presentarlo al premio de ciencia ficción de la UPC de este año. Aún no ha sido convocado, pero por regla general, el plazo de inscripción finaliza a finales de julio. Tengo, por tanto, cuatro meses para escribir la novela y corregirla. No es mucho tiempo, pero no es imposible. En el caso de que no llegara a tiempo, la dejaré reposar un tiempo más y más adelante ya decidiré qué hacer.

Al mismo tiempo, aunque ahora creo que lo dejaré un poco más apartado, estoy repasando una vez más mi novena novela, antes de empezar a moverla. Por el momento, estoy moviendo dos novelas, la primera y la tercera que escribí.

Eso es todo. Quien pensara que me podía rendir, que sepa que, como buen bilbaíno, soy muy cabezón.

Blanco y negro

Son los colores en los que salen publicados casi todos los libros, pero también la representación de dos extremos, cuando dos personas se encuentran discutiendo sobre un tema en dos lados opuestos del espectro, sin darse cuenta de la cantidad de tonos de gris que les separan, y que podrían representar también el punto de encuentro que se niegan a ver.

Esta pequeña introducción me la ha inspirado el último capítulo de un suceso que he estado viviendo en estos últimos días.

Como a diario (o casi), andaba yo hace unos días visitando los foros literarios de los que soy asiduo visitante y, en ocasiones, incluso contertulio. En una categoría sobre editoriales y publicaciones, encontré, como en otras ocasiones, alguien que recomendaba su editorial. Una visita a la web de dicha editorial, me permitió constatar que se trataba de una editorial dedicada, como muchas otras, a la coedición y autoedición. Como de costumbre, intervine, pero no para atacar a quien recomendaba la editorial, sino para advertir de que se trata de una editorial que cobra y que, como siempre he defendido, pienso que el modo normal de publicar (y muchos escritores ya publicados son prueba de ello) es no tener que pagar, sino que la editorial apueste por ti y te apoye, con todo lo que eso conlleva.

Desde ese momento, comenzó un debate sobre si el mercado literario es justo o no con los nuevos autores y sobre si la autoedición es buena o un lastre a la hora de darse a conocer. Yo, seguiré en mis trece y no dejaré de decir que es en la mayoría de ocasiones es un lastre, pero el episodio de hoy me lleva a pensar si no hay muchos escritores aspirantes a publicar que tienen una idea muy equivocada.

Dicha idea es pensar que todo es blanco o negro. Traducido, que todo se reduce a mandar un manuscrito a Planeta (por decir un grupo editorial grande) o autoeditar.

Mi contertulio en el foro nos comparaba con dos muchachos aspirantes a futbolistas. Según él, yo soy un niño solitario que va todos los días a la puerta del Bernabéu a que le hagan una prueba, y vuelve cada día a pesar de las negativas. Él se retrata como un dicharachero niño que, con sus amigos, se ha hecho amigo de los jugadores del Deportivo de la Coruña, y van a echar una pachanguita en Riazor, comprando ellos las camisetas y el balón. Estoy seguro de que entre vosotros, habrá muchos que estén de acuerdo conmigo en que se trata de una comparación bastante desafortunada.

Primero, porque pretender publicar una primera novela con Planeta o cualquier otra editorial grande, sin mecenas y sin premio literario, es, por lo menos, ingenuo. La mayoría de los mortales que llegan a publicar su primera novela sin pagar, lo hacen con editoriales pequeñas. Pequeñas, pero trabajadoras, no «editoriales» a las que les tienes que comprar el papel (valga como símil del balón y camisetas comprados por los niños del símil futbolístico) para que te hagan caso.

Segundo, porque hasta los jugadores del Real Madrid (o cualquier otro equipo grande) tuvieron sus comienzos en equipos pequeños. Y lo mismo pasa con las editoriales. Es muy habitual empezar publicando (sin pagar) en una editorial pequeña y después, a base de trabajo y gracias a la visibilidad que te da el tener publicado algo respaldado por una editorial tradicional, ir publicando en editoriales más grandes, o llamar la atención de un agente literario que busque esas editoriales grandes por ti. Aunque no me vale el argumento de que la novela autoeditada o coeditada se le puede mandar a un agente como muestra de trabajo, porque los agentes literarios saben muy bien cuáles son las editoriales que cobran por publicar. Y en los tiempos que corren, en los que cada agente recibe a diario decenas de propuestas, les hace falta poco para descartar una.

Y tercero, porque nadie, y estoy seguro que mi contertulio tampoco, se fiaría de partida de la calidad de un jugador (del Real Madrid o el equipo que fuera) que hubiera tenido que pagar para que le ficharan. En otros deportes, como por ejemplo la Formula 1 (¿alguien recuerda a Uji ide?), es muy habitual que un equipo se fije en los patrocinadores o el dinero que un piloto pueda aportar, pero, una vez que ya han conseguido el dinero y mejorado el equipo, el que se queda es el piloto bueno, no el que podía pagarse él mismo el puesto en el equipo. El tiempo pone a cada cual en su sitio, y el mundo literario no es ajeno a esta máxima.

En fin, que seguiré igual. Nunca diré una palabra en contra de quien autoedite o coedite sus libros, aunque sí trataré de disuadirle si tengo le oportunidad de conocerle antes de que lo haga. Si tiene claro de qué va el tema y, a pesar de todo, quiere hacerlo, no seré yo quien lo impida, pero no dejaré de criticar a las supuestas «editoriales» que traten de hacernos creer que es imposible publicar sin pagar. Los múltiples anuncios de nuevos libros de autores noveles que podemos ver a diario en multitud de foros y blogs, me dan la razón.

P.D.: A este paso voy a tener que cambiar el título de este blog por el de «Escritor en contra de la coedición».

Hoy voy de felicitaciones

Hace unos días, me topé con esta noticia:

http://www.europapress.es/cultura/libros-00132/noticia-montse-paz-gana-premio-minotauro-20110210165536.html

A los que hayáis seguido el blog, os sonará posiblemente el nombre de Montse de Paz, cuya primera novela, Estirpe salvaje, os recomendé desde aquí hace tiempo. Pues bien, acaba de ganar el premio Minotauro de novela de terror, fantasía y ciencia ficción, uno de los más prestigiosos de este país y el más prestigioso (junto al premio UPC de ciencia ficción) en su categoría. Debo confesar que este premio ha revivido mi antes difunta confianza en los premios literarios del grupo Planeta.

Da cierto orgullo (y algo de envidia también) cuando alguien a quien conoces recibe un premio como éste. Conocía a Montse hace años en un foro literario, cuando este blog ya existía, y fui yo quien le recomendó probar a enviar su primera novela (la mencionada Estirpe salvaje) a la agencia literaria Sandra Bruna, y el resto ya es historia.

Hace poco, en el mismo foro en el que conocí a Montse, estuve discutiendo con el responsable de una web de autopublicación. Él defendía que la autoedición o la coedición son los mejores métodos para que los autores noveles publiquen, porque, según él defendía, ninguna editorial tradicional va a publicarles. Entre otros miembros del foro, le puse a Montse como ejemplo de todo lo contrario y, días después, esta noticia me lo confirma. Historias como ésta y ejemplos como el de Montse me hacen creer en que pueda haber una luz al final del túnel, aunque ya me hayan rechazado unas cuantas editoriales.

Felicidades Montse. Ya tengo anotado tu libro para comprarlo en cuanto salga.

Mentiras de la coedición

He decidido escribir esta entrada hace un rato, mientras leía en la web de una editorial, cuyo nombre obviaré, las «ventajas» de la coedición.

Comentan que permite un mayor control sobre el proceso de edición, y más vale que así sea. Porque si además de puta, tienes que poner la cama, mal empezamos. Aunque no sé si la analogía de la puta es buena, porque esas profesionales no tienen que pagar por trabajar, como es el caso del escritor que opta por la coedición.

Las ganancias son mayores. Esto sería verdad al 100% si sustituyeran «ganancias» por «ganancias potenciales». Cierto es que en los contratos de coedición se ofrece al autor un mayor porcentaje de beneficios sobre el precio de cada ejemplar vendido, pero no es menos cierto que la inmensa mayoría de editoriales de coedición no cuentan con una distribución mínimamente decente. En muchos casos, el autor se encuentra con cajas repletas de libros en su casa, teniendo que buscarse la vida para colocárselos a algun librero. Y muchos son los libreros que se niegan a colocar en sus estanterías libros coeditados o autoeditados. De poco sirve que te ofrezcan un 40% del precio de cada ejemplar, frente al habitual máximo de 10% de las editoriales tradicionales, si con la coedición vas a vender 100 ejemplares y con la editorial tradicional (si se implica, claro está) igual vendes 1000. Suponiendo un precio de 15 euros (por ejemplo), el 40% de 1500 siempre será menor que el 10% de 15000,

Se da a conocer en el medio literario. Acudo al razonamiento de la distribución. Por lo general, la coedición adolece en cuestiones de distribución, sobre todo porque la editorial cobra por adelantado y le importa poco si la novela se vende o no. Si se vende, mejor, porque ganarán algo por cada ejemplar vendido, pero si no se vende ni un ejemplar, no es un trauma para ellos, que cobran por imprimir, y no por distribuir. De hecho, muchas editoriales ofrecen la distribución como un paquete extra aparte de la edición de la obra. Si el autor se da a conocer, será porque se haya movido por todas las esquinas y haya hablado con prensa, radio, televisión, etc., pero por regla general, no será una consecuencia del modo de edición escogido. Ni mucho menos.

Enriquece su aval ante otras editoriales. Pretenden que creamos que el simple hecho de tener una obra publicada, aunque sea mediante coedición, abre puertas ante otras editoriales, cuando es bien sabido que muchas editoriales no ven bien que un autor haya tenido que pagar por publicar, y, lejos de abrir puertas, la coedición en muchas ocasiones las cierra. Hay muchas editoriales capaces de publicar cualquier cosa mientras el autor pague, y el resultado en esos casos es una novela sin corregir y que, en el mejor de los casos, hubiera necesitado un repaso. En el peor, será una novela que nunca debería haber visto la luz.

Puede contar con un apoyo promocional. Hay editoriales dedicadas a la coedición que sí hacen cierta labor de promoción, pero no nos engañemos. La mayor parte de las veces se limitarán a enviar una nota de prensa y organizar una presentación. Para la editorial, la promoción supone tener que destinar parte del dinero cobrado por la maquetación e impresión de la novela, y eso no es rentable. Que nadie espere grandes inversiones en promoción.

Entra en el mercado editorial. Me remito a lo anterior: se entra, pero pagando. Es como entrar en la zona vip de una discoteca porque alguien te ha invitado o entrar porque has pagado. En el último caso, habrá muchos que te consideren un «pringado», y el mundo editorial no es diferente.

Puede optar por premios literarios. Esgrimen el argumento de que existen premios literarios que exigen que la obra haya sido publicada. Pues bien, para empezar, el porcentaje de premios con esas características es muy pequeño. Además, en dichos premios, una novela tiene más opciones cuanta mayor «visibilidad» haya tenido y haya llegado a más lectores, y ni que decir tiene que las novelas coeditadas no son las que más visibilidad tienen.

Usted mismo puede ocuparse de las ventas. Como diría aquél, «manda huevos» que tengan las narices (por no decir otra parte del cuerpo) de poner esto como ventaja. Salvo casos contados, en los que el autor tiene amigos o experiencia en el mundo editorial (lo cual no es muy habitual entre los que coeditan) para el autor tener que ocuparse él mismo de las ventas es un infierno, y en el mejor de los casos, logrará vender unos pocos ejemplares entre familiares y amigos cercanos. Dicen que las editoriales tradicionales no siempre tienen una buena red de distribución, pero obvian decir que peor es la red de la editorial de coedición, si dejan que el autor se ocupe de las ventas. En definitiva, están admitiendo que no tienen ninguna distribución. Prefiero una editorial que no tenga la mejor distribución, pero al menos la tenga, a una que no la tenga y encima se jacte de ello.

Su obra sigue siendo suya. He dejado para el final el argumento más jugoso, el que siempre esgrimen estas editoriales y que siempre confunde a los autores. Dan a entender que cuando uno firma con una editorial tradicional, está cediendo sus derechos de autor, lo cual sólo se puede definir como una gran falacia. Cuando se firma un contrato de edición, lo que se cede son los derechos de explotación de la obra para un determinado tiempo, un determinado número de ediciones y/o ejemplares, etc. Sobre lo que la editorial tiene derechos es sobre esa edición en concreto. Le pertenerá el diseño de la portada, las ilustraciones que incluyan o la maquetación específica, pero el texto, el argumento y, en definitiva, la autoría de la obra, siempre serán del autor. Es cierto que éste no podrá firmar con otra editorial mientras el contrato con la primera esté en vigor (aunque la editorial le haya salido «rana») pero seguirá siendo el autor, y la editorial no puede cambiar eso. Terminan diciendo que la coedición no te impide ofrecer el manuscrito a otras editoriales o enviarlo a un concurso, pero vuelven a obviar información importante:

1) Si hay que pagar, sólo faltaría que encima se quedaran con los derechos de explotación de la obra por x años. Como ya he dicho antes, aparte de puta, poner la cama.

2) Pocas son las editoriales a las que no les importa que un manuscrito ya haya sido editado con anterioridad. Muy buena tiene que ser una novela para que una editorial acepte reeditarla.

3) No recuerdo ningún premio literario (salvo los de obra publicada) que no incluya una cláusula que indique que las obras presentadas deben ser inéditas. Tal vez me equivoque (no conozco todos los premios) pero he visto las bases de muchos.

En fin, sigo diciendo lo mismo, que la coedición está bien para quien sepa lo que implica. Lo que no puedo soportar es que se mienta tan descaradamente, y se juegue con las ilusiones de muchos aspirantes a escritores (entre los que me incluyo). Hay muchos escritores aficionados que de verdad creen que para publicar algo hay que pagar, y editoriales como éstas se aprovechan de esta situación.

Id con los ojos bien abiertos y las carteras cerradas. Si vuestras obras lo merecen, encontrarán su camino.

La esperanza es lo último que se pierde

Gran verdad encierra el título de esta entrada.

Vuelvo a escribir por estos lares después de varios meses y mi última y casi derrotista intervención. Y la causa es que alguien, aunque la cosa aún esté menos que en pañales, me ha devuelto un poco de ilusión y me lleva a pensar que no toda la gente en el mundo editorial está «de vuelta de todo», como a veces te hacen creer.

Hace exactamente una semana, tras leer varios artículos muy positivos sobre una editorial de reciente creación, cuyo nombre, como es costumbre en mí, omitiré, decidí enviarles la sinopsis y unos capítulos de uno de mis manuscritos. No esperaba una respuesta rápida, ni siquiera un acuse de recibo, teniendo agosto a la vuelta de la esquina, pero hoy me han sorprendido con una respuesta nada estándar, en la cual adivino a un editor con ilusión, algo que se ha perdido en los últimos tiempos en España.

Me comentan que están liados en la preparación de su nueva novela (últimamente se han movido mucho, eso ya lo sabía y es una de las razones por las que no esperaba respuesta tan pronto) y que tienen unos cuantos manuscritos que leer tras un corto periodo vacacional, pero aseguran que mis capítulos están ya entre lo que tienen pendiente, tras haber leído la sinopsis, que califican como interesante.

En estos momentos, una sonrisa ha vuelto a mí por algo relacionado con el duro mundo editorial en el que nos movemos los escritores noveles y aficionados. Incluso si luego no ocurriese nada o la editorial decidiera no solicitar el manuscrito completo. Por lo menos, he podido ver que de verdad queda gente con ilusion por dar a conocer la obra de aquellos que desde las sombras, tratamos de hacernos un hueco. Queda gente con ilusión por hacer que otros lean lo que ellos acaban de leer y tanto les ha gustado. A veces, se hace muy patente la impresión de que los editores de este país han olvidado esa ilusión de compartir con los demás esa novela que acaban de leer, y sólo se preocupan de compartir con sus accionistas o socios los beneficios de la última novela (a veces mediocre) producida por su gran estrella mediática de toda la vida.

En fin, editores con ilusión por ampliar el mercado literario español son los que nos reconcilian con la literatura. Así es cómo se fomenta la lectura, fomentando la escritura, la variedad de contenidos, historias y nombres entre los que elegir. Al paso que llevamos, donde impera el mercantilismo, llegará un momento en el que, si nadie lo remedia, sólo tendremos novelas de 10 ó 20 autores entre los que elegir (y siendo generosos), todas cortadas por el mismo patrón y con hilos y premisas argumentales con aspecto de clones.

En fin, tal vez no pase nada, pero está muy bien que te devuelvan un poco de ilusión y ver que hay gente con ganas de sacar adelante a los nuevos autores. Lo único que nos queda es que los editores también dejen de esgrimir la palabra «crisis» como razón y causa de todos los males de la literatura de este país, aunque eso será más complejo.

Saludos a todos y en especial a todos aquellos que estéis esperando la respuesta de una editorial o una agencia literaria.

El lado agridulce del mundo literario

Estoy seguro de que no soy el único (ni lo seré) que ha recibido negativas de editoriales plagadas de elogios. De hecho, ayer mismo recibí la última.

Se trata de una editorial bastante conocida en su género (comic, no voy a dar más datos, al menos de momento) que acaba de iniciar una línea de novela. En cuanto me enteré, les envié un resumen de uno de mis manuscritos, concretamente aquel que se quedó en puertas de ser representado por la agencia Sandra Bruna.

El caso en cuestión es que el editor, o quien quiera que leyera mi manuscrito, se deshace en elogios hacia el mismo y mi modo de escribir y de narrar la historia, para finalizar con el habitual «pero no encaja en nuestra línea». Tras jarro de agua fría, como en otras ocasiones, me desea la mejor suerte del mundo.

Sé que debería estar contento (muchos me lo han repetido en otras ocasiones al recibir mensajes similares) pero estas respuestas me siguen dejando un sabor de boca más agrio que dulce. Si tanto les gusta como escribo, ¿cómo es que no lo publican? En fin, supongo que es como todo: dar con el editor adecuado, en el momento adecuado, y con la obra adecuada. De todos modos, en este caso también tuvieron el detalle de dejarme claro en qué líneas quieren centrar la colección de novela, por lo que tienen ya en su buzón de correo el resumen de un manuscrito que sí se encuadra en una de esas líneas. Espero que el estilo les guste de igual modo que con el otro y les dé menos miedo publicarlo.

Por otro lado, creo que ha llegado el momento de desvelar por qué llevo tanto tiempo sin prestar demasiada atención al blog. Como dicen en una de mis películas favoritas: «Una explicación os debo, y esa explicación que os debo, os la voy a dar».

El motivo no es otro que lo que me llegué a quemar en este mundo literario nuestro, principalmente en el último año. Pocas personas lo saben, pero estuve a punto de publicar una novela, precisamente esta que acaba de elogiar la editorial que ha motivado este post. Pero todo se fue al garete, se torció, o, hablando mal y pronto, se fue a la mierda.

El año pasado, allá por el mes de marzo, recibí un email de un editor que estaba evaluando la mencionada novela. Para mi sorpresa, quería publicarla, y encima, no me iba a cobrar por ello. Como podréis imaginar, estaba que no me lo creía, y tal vez es lo que debía haber hecho: no creérmelo.

En menos de un mes, el editor, tenía una presentación en Bilbao, lo que me permitía concertar una entrevista personal, ver el contrato en papel (ya lo tenía en pdf y era bueno) y firmarlo en el momento. Por desgracia, había un factor con el que no contaba: la economía.

Se trataba de una editorial andaluza (cuyo nombre omitiré) que iba a presentar mi novela, junto con unas cuantas más, a la convocatoria de subvenciones de la Junta de Andalucía, cuya resolución se conocería tras el verano de 2009. Desde el primer momento, me aseguraron que la publicación en septiembre dependería de las ayudas, pero que incluso en el caso de que éstas no les fueran concedidas, confiaban en poder publicar la novela por sus propios medios para finales de noviembre en el peor de los casos.

Pues bien, ese no fue el peor de los casos. La mencionada editorial apenas recibió subvenciones y sólo les dieron una pequeña cantidad por algo que habían publicado en 2008, pero nada para los proyectos que presentaban de cara a 2009. Cuando esto se supo, el editor no tardó mucho en desmarcarse de mi novela y mencionar la crisis, para indicar que mi novela no sería publicada en 2009, y muy difícilmente en 2010. Tras darle unas cuantas vueltas, y tener la confirmación (tampoco me hacía falta mucho más) de que les sería totalmente imposible cumplir con los plazos, y que mi novela había pasado oficialmente a un segundo plano (o más abajo) en las prioridades de la editorial, rescindimos el contrato.

Como supondréis, ando desde entonces un tanto quemado, aunque eso no es lo peor. Sólo un mes después de haber firmado el contrato con la mencionada editorial, recibí un email de otra editorial, también andaluza, interesada en publicar la novela. Y un par de días después, otro email, en este caso de una agencia literaria que se mostraba interesada en representarlo. Iluso de mí, con la firma del contrato aún fresca, decliné amablemente ambos ofrecimientos, y hoy es todavía el día en el que no he terminado de arrepentirme. Después del fiasco, contacté con la editorial y la agencia y les hice saber que el manuscrito volvía a estar disponible (sin entrar en detalles innecesarios) y nunca recibí respuesta. Como ya he dicho antes, esto se trata de dar con la persona adecuada en el momento adecuado, y el momento en el que debía encontrar a esa editorial y/o esa agencia literaria, pasó. Llamadlo crisis o simplemente mala suerte. Yo lo llamo simple y llanamente putada, y con mayúsculas.

De todos modos, no os preocupéis, que ya he decidido no cortarme las venas y dejármelas largas. El manuscrito en cuestión, junto con otros dos, anda moviéndose, aunque hace tiempo que nadie me responde, excepto el email de ayer. En fin, tal vez sea cuestión de tiempo, como otros me han dicho en el pasado (y me lo volverán a decir, estoy seguro) pero esto quema un poco.

A este paso, acabaré batiendo el record de 27 rechazos de Ernest Hemingway.