Cómo escribir una novela larga y no morir en el intento

Más de una vez, tanto en entrevistas en webs, prensa o radio, como en particular, me han preguntado por mi proceso creativo. Ya sabéis, esa temida pregunta: ¿Y cómo lo haces para escribir una novela?

Aunque pudiera parecer que no quiero mojarme, lo cierto es que hay tantas respuestas a esta pregunta como escritores, ya que cada uno tiene sus técnicas, y las que valen a unos no sirven a otros. Aunque sí hay una constante que todo escritor (al menos en el que piense en hacerse profesional, en la medida de lo posible) debe hacer siempre: escribir y escribir, y, a ser posible, todos los días.

Yo, personalmente, he pasado por varias fases desde que decidí ponerme a escribir en plan serio. Pasé por esa fase en la que escribes sin más lo que sale de tu cabeza, página tras página, hasta que o bien descubres que lo que has estado escribiendo es una mierda, o bien que no hay por dónde cogerlo. Es divertido escribir y escribir, hasta que te das cuenta de que tu personaje empezó llamándose Carlos y acabó siendo Marcos, con algún que otro «Marco» por el camino, o que tienes varios cientos de páginas que difícilmente podrías organizar en capítulos estando ya escritas.

De hecho, todavía tengo un largo manuscrito que escribí de ese modo, y que me da una tremenda pereza repasar y corregir. Y no sólo por su envergadura (que la tiene) sino también porque su desorganización convierte esa tarea en una lucha titánica entre mi yo actual y mi yo escritor del pasado. Me fastidia bastante, sobre todo porque sigo pensando que es una de las mejores historias que he escrito, pero también sé que es la más caótica.

Así, de la manera más dura, fue como llegué a la conclusión de que debía buscar un método de escritura más organizado, algo que me permitiera llegar al final del primer borrador de cada manuscrito con algo que no me dé miedo repasar, y cuyas revisiones sean incluso motivadoras. Muchas veces antes de eso, había leído artículos de otros escritores en los que explicaban sus métodos y las bondades de organizarse antes de lanzarse a la escritura a lo loco, y yo, henchido de orgullo y lleno de una gran confianza, pensé que no me hacía falta, que yo era tan bueno como para no necesitar esas cosas. No sabía todavía cuán equivocado estaba.

Desde entonces, nunca empiezo a escribir una historia sin por lo menos haber esbozado las líneas generales de ésta y en muchas ocasiones incluso el final, aunque éste puede llegar a cambiar.

Una vez está el esbozo hecho y con las línea generales básicas de la historia claras, hay quienes empiezan directamente a escribir, sin tener los personajes definidos, y quienes siguen planificando, en este caso pasando a los personajes. Una vez más, es muy tentador ponerse a escribir y dejar que la inspiración (a veces confundida con simple euforia) que sientes te dicte la historia, pero el no tener personajes definidos (al menos el protagonista) te puede llevar a cometer un error muy habitual: acabar con personajes que sean clones unos de otros e incluso del propio autor. La historia no resultará creíble ni fluida si todos los personajes hablan y se comportan de la misma manera, puesto que, como las personas reales, nuestros personajes deben tener cada uno sus propias inquietudes, su propio pasado y traumas de la infancia (si los hubiere) y sus propios anhelos.

En cuanto a personajes, también hay multitud de opciones. Los hay más «asépticos», como Ken Follet, que con cada novela rellena una hoja de cálculo en Microsoft Excel, con una línea por personaje, en la cual describe a éste, tanto su físico como su historia personal, deseos, manías etc.

Otros, llegan incluso a preparar un tablón en el que pegan post-its (o similares) con los nombres de los personajes y una descripción sucinta de cada uno, para después pasar a unir unos con otros mediante trozos de hilo o cuerda sujetos por chinchetas, para representar la manera en que se relacionan (y no sólo por parentesco) y cómo interaccionan entre sí.

Qué manera de trabajar tienes que usar no es algo que te deba decir yo, ni un manual de escritura, sino tu capacidad para desarrollar la historia y sus elementos, y aquel sistema con el que te sientas más cómodo. Bien es cierto que opciones tan complejas como el tablón y los hilos podrían parecer que coartan la creatividad y espontaneidad del autor, pero en casos en los que éste tiende a divagar hasta acabar con un manuscrito difícilmente inteligible, un poco de organización nunca está de más. De hecho, en muchos casos (si no en todos) contribuirá a reducir mucho el trabajo posterior de corrección y refinado del manuscrito. Cuanto menos se deje al azar, menos habrá que enmendar después al mismo azar.

Con argumento, líneas básicas y personajes ya esbozados, toca planificar la historia en sí misma: ¿escribo por capítulos? ¿trazo la historia en base a hitos en las vidas de los protagonistas y luego lo divido en capítulo? ¿lanzo un chorreo inacabable de palabras sobre el papel o el teclado y ya lo organizaré luego?

Como ya he comentado antes, soy un firme detractor de la última opción, ésa del «yo lo escribo y luego ya lo pulo». Eso vale para textos cortos o subdivisiones manejables de un texto grande (como por ejemplo capítulos) pero es un infierno cuando tienes que lidiar con un texto desorganizado de 400 (o más páginas) que no hay por dónde coger.

Y de la misma manera que soy un firme detractor de la mencionada opción, soy un firme defensor de dividir la historia en fragmentos manejables. Pueden ser capítulos, o acontecimientos relevantes en la trama (aunque comprendan varios capítulos) pero lo importante es que sirvan al autor para que la historia no se le vaya de las manos. Esto incluso lleva a plantearse la posibilidad (que algunos defenderán y otros aborrecerán) de acometer la primera corrección cada vez que se finalice una de esas, por decirlo de una manera técnica (sí, soy informático), «unidades funcionales». Otros, incluso habiendo escrito toda una novela capítulo a capítulo, defenderán que la primera corrección se haga con el manuscrito ya terminado,y tras haberlo dejado en reposo unos meses, pero eso, como todo, es a gusto del escritor, siempre y cuando las correcciones se hagan. Si crees que una editorial va a corregir por tu cara bonita tu manuscrito recién parido que tú no hayas corregido antes, estás muy equivocado, salvo que sea una autoedición o coedición y estés pagando expresamente a la editorial por esa corrección. Una editorial que trabaje con estos métodos usará tus fallos gramaticales o de estilo como excusa para descartar tu manuscrito, posibilidad que estará más presente cuanto más saturada esté la editorial. El primer corrector de un manuscrito deber ser siempre el propio autor, aunque sea sólo por evitar la vergüenza de que tu manuscrito sea rechazado por deficiente redacción.

Y a partir de aquí, sólo queda una cosa: escribe la mejor historia que puedas, da lo mejor de ti y, si eres capaz de conseguirlo, tu obra encontrará su lugar. No me cabe la menor duda.

Feliz san yo a todos 😉

Horrores literarios

Es posible que este artículo que ahora empiezo pueda parecer sesgado por mi no afición a la novela romántica, pero creo que lo que comento es aplicable a todo género literario existente, y quien lo lea estará de acuerdo conmigo.

Hoy he visto en Facebook el anuncio de un nuevo libro de una editorial a la que no tenía echado el ojo,aunque sí conozco gente vinculada a ella. Siempre que conozco una nueva editorial, no puedo evitar visitar todas sus páginas, para ver sus novedades, fijarme en sus autores/as, etc.

Esta editorial en concreto, cuyo nombre omitiré, como suele ser mi costumbre, se ha venido centrando inicialmente en novela romántica, que todos sabemos que está de moda y vende. Hasta ahí, todo correcto y una estrategia de marketing tan válida como cualquier otra. Lo malo es cuando, al abrigo de lo comercial, se publican horrores que cualquier lector de una editorial mínimamente seria hubiera rechazado sin llegar a la segunda página. He invertido una hora de mi vida —ya dada por perdida, la hora, no la vida— en leer en Amazon las primeras páginas de cuatro novelas de la mencionada editorial.

Como autor que se avergüenza hasta el infinito —lo juro— cada vez que veo una errata en una obra mía ya publicada, me parece increíble que se pueda publicar una novela que tiene, de media, dos o tres faltas de ortografía por página, sin contar las comas colocadas como queriendo poner la zancadilla al lector, o los párrafos redactados con un nivel tan simple que no valdrían ni para una redacción de lengua en el colegio.

Todo esto me lleva a hacerme varias preguntas, de las cuales quiero sacar una serie de reflexiones que —en mi modesta opinión— todo autor y editor debería plantearse:

1) ¿Nadie corrige nada en esa editorial? Entiendo que, como dice el refrán, «hasta el mejor escribano echa un borrón», pero no me creo que nadie haya reparado ni siquiera en las palabras mal acentuadas. Es más, si han leído el manuscrito, han tenido que detectar que el exceso de comas te obliga a pararte en puntos del texto donde la pausa es, por lo menos, anti natural.

2) ¿Nadie se da cuenta de la imagen que dan? Para un escritor puede ser —y es— un gran lastre el publicar un libro mal corregido, como lo es para la editorial, pero es que en estos casos me duele pensar que la editorial no repare en el daño que está causando al autor. Si la historia les ha parecido tan buena como para obviar las faltas de ortografía y la redacción deficiente del autor, ¿tanto les cuesta decirle que pula el texto? Vale que puede ser, como en este caso, una editorial pequeña y falta de medios, pero eso no es óbice para decir al autor que debe mejorar el nivel de lo escrito y que reconsiderarán su publicación si lo hace. El autor es libre de sentirse ofendido por esto y llevar su manuscrito a otra editorial, pero a nadie ayuda dejar pasar cualquier texto, como si tuvieran miedo de perderlo y que se lo llevara una editorial más grande. Un consejo: como ya he apuntado más arriba, en esa hipotética editorial más grande, el lector a quien le pasen el manuscrito, si llega tan lejos, no pasará de la primera página.

Hace mucho tiempo escribí un artículo sobre si es más importante la forma o el fondo, y muchos habrá que digan que la forma no importa si el fondo lo merece, y se equivocarán de parte a parte. Por muy interesante que pueda parecer una historia, muchos más serán los lectores que no terminen de leerla si está mal redactada. Como se suele decir (más o menos): « si me engañas una vez es culpa tuya, pero si lo haces dos, la culpa es mía ». Alguien que compre una novela de ese autor es muy posible que no vaya a por una segunda, si la calidad del continente no está a la supuesta altura del contenido.

Preveo la temprana desaparición de esa editorial. Debería sentir pena por ello, pero lo cierto es que sentiré alivio cuando así sea, si siguen en esa misma línea de publicar lo que sea en el estado en que esté. Y no me vale la excusa de que si lo compras en ebook en Amazon te sale por uno o dos euros, porque sé que algunos libros de la editorial a la que me refiero, con el mismo paupérrimo nivel de redacción, se venden en papel por dieciocho.

En fin, podría acudir a los clásicos de la publicidad, como que «la potencia sin control no sirve de nada» o «vale más calidad que cantidad» pero lo cierto es que sé con seguridad que a los autores de semejantes editoriales esto les entrará por un oído y les saldrá por el otro, mientras se escudarán en el consabido «yo escribo como quiero, tengo mi propio estilo» o «lo que importa es la historia». Por suerte, su historia será corta. Espero que tengan un trabajo de oficina que les dé de comer o padre/madre/marido/mujer que les mantenga.

P.D.: ¿Pataleta? Es posible, pero también es cierto que cuando has estado una semana, como yo la pasada, repasando galeradas de una novela, dejándote los ojos y las horas de sueño en leer una y otra vez más de 200 páginas, te revienta que ciertas “editoriales” saturen el mercado literario de este país, que ya lee poco, con obras de ínfima calidad que desanimen a nuevos lectores. No será así como nos quitemos el estigma de escribir peor literatura que fuera de nuestras fronteras.

Novedades sobre mi próxima novela

Noticias: Mi nueva novela, titulada «¿Quién dijo miedo?» vera la luz, salvo cambio de última hora, el próximo 1 de abril, de la mano de Editorial Última línea

Tengo muchas esperanzas puestas en este manuscrito, tanto por su calidad como por las buenas maneras de la editorial que lo publicará, y espero que me acompañéis en esta nueva aventura. Como es habitual en mí se trata de una novela de intriga, con gran peso de su principal trama policíaca. Espero que os guste.

Mientras tanto, sigo ultimando los detalles para presentar mi otra novela «El año de la hortaliza» en Bilbao. Os mantendré puntualmente informados.

Podéis ir consultando ésta y las demás novedades de Editorial Última Línea en su página web

http://ultimalinea.es/

Otra gran reseña

Buenos días,

Empezamos mes y semana con una gran noticia. El afamado, y ya longevo (20 años cumplirá el 2016) portal literario «Anika entre libros» publicó el viernes pasado una de esas reseñas que le hacen a uno querer seguir escribiendo y no dejar de hacerlo nunca.

La verdad es que ver una reseña tan positiva y alegre como ésta, escrita por una mujer que sé que es bibliotecaria, te anima el día, la semana y el año completo. No puedo estar más agradecido a Anika Lillo, creadora del portal que lleva su nombre e incansable lectora, y en especial a Ysabel Meseguer, autora de la reseña que tantos ánimos me ha dado.

Espero que si alguien duda todavía de si le puede gustarle mi novela «El año de la hortaliza», de la cual he visto que el título encanta y horroriza por partes iguales, esta reseña le aclare las dudas que pueda tener. Mi deseo es que mis historias lleguen a la mayor cantidad posible de lectores, y esfuerzos como éste son los que realmente pueden conseguirlo.

He aquí la reseña en cuestión: http://www.anikaentrelibros.com/el-ano-de-la-hortaliza

Nuevamente, gracias por esta oportunidad y por estar ahí apoyando a las editoriales pequeñas y a aquellos por los que éstas apuestan.

Grandes novedades

Buenas noticias: Mi tercera novela publicada está ya en camino. Salvo desastre mundial (que se acabe el mundo por ejemplo) mi próxima novela, un thriller policíaco titulado «¿Quién dijo miedo?» verá la luz durante la primera mitad de este año 2015, de la mano de la editorial Última Línea. Firmé el contrato el jueves día 5, así que de momento sólo se conoce el título ya mencionado (el mismo que yo puse al manuscrito) y que saldrá durante la primera mitad del año. Seguiré ampliando la información en fechas venideras.

En otro orden de cosas, estoy en preparativos de una presentación de mi actual obra «El año de la hortaliza» en Bilbao. Salvo que hubiera algún cambio, se trataría de una presentación doble, ya que la idea es presentarla junto con otra obra de Editorial Luhu: «Relatos de un freakie incombustible», divertida obra de humor del actor/escritor bilbaíno Juanan Bilbao, al que algunos recordaréis, entre otras cosas, por su papel de Xavi en la añorada serie de Internet y luego televisión «¡Qué vida más triste!».

Sorpresas que se lleva uno en la red

Que te escriban una reseña siempre es un gran acontecimiento. Pero que quien lo haga sea un escritor al que conoces, admiras y cuyos libros están en tus estanterías, es ya un honor.

Así, Javier Abásolo, gran escritor de novela negra de Bilbao (si no conocéis su obra ya estáis tardando) escribió hace ya un par de semanas una reseña de mi novela «El año de la hortaliza» en su blog «Nadie es inocente». Lo curioso es que pese a que le tengo agregado en Facebook y hemos hablado alguna vez, no me había dicho nada.

Os dejo aquí el enlace a la reseña del gran abásolo:

http://elblogdeabasolo.blogspot.com.es/2015/01/el-ano-de-la-hortaliza-8jorge-urreta.html

Y como segunda sorpresa,. tengo otra reseña, aunque ésta en sí no era inesperada, sino que no me acordaba de ella. Ya me de que habían avisado que se publicaría el pasado sábado 24 de enero, pero, despistado de mí, lo había olvidado.

Se trata de una breve reseña en el blog «Ángeles en la lectura», en el cual ya habían estado hablando de mí en los dos sábados anteriores. Como siempre, agradecer las líneas dedicadas a mi persona y obra.

He aquí esta nueva reseña:

http://angelesenlalectura.blogspot.com.es/2015/01/resena-novel-el-ano-de-la-hortaliza-de.html

¿Me juras, de verdad de la buena, que tengo que pagar para poder publicar?

Hace años que no hablo de este tema en ningún sitio, pero me ha parecido útil e interesante retomarlo, en vista de experiencias que otros escritores y yo hemos tenido últimamente.

La edición participada por el autor, coedición, edición condicionada a la venta de x ejemplares ―como veis, hay diversos nombres para el «yo te publico si tú me pagas»― ha existido de toda la vida, pero se ha hecho más patente en los últimos años al abrigo de la crisis.

Conozco editores que van de cara y, en lugar de dorarte la píldora o alegrarte el oído con halagos falsos, reconocen la verdad, que su editorial no tiene los medios o la repercusión para editar a coste cero ―para el autor― a escritores que no tienen ya cierto renombre. Por desgracia, también están los que te harán creer que eres el nuevo Eduardo Mendoza, Arturo Pérez-Reverte, Ken Follet ―sustitúyase por cualquier autor conocido por todo el mundo― para luego soltarte un rollo sobre que en los tiempos que corren es imposible publicar sin que el autor participe de la edición, a menos que seas uno de los mencionados.

Como ya he explicado otras veces en el pasado, esto es un arma de doble filo, y una verdad a medias. Cuando el editor se deshace en halagos hacia un manuscrito sobre el que está emitiendo un informe de lectura ―y esto es real porque lo he vivido― en dos semanas, la media verdad se convierte en mentira completa.

Algunos habréis leído ―y si no, ya estáis tardando― mi última novela, titulada «El año de la hortaliza» (Luhu 2014). Pues bien, yo soy consciente de lo que soy capaz de hacer y de mis limitaciones, y eso me permitió, hace ya unos años, rechazar una oferta de publicación de esa novela, de una editorial, ya desaparecida, que se deshacía en halagos hacia mi persona y esa obra en concreto.

Yo había enviado un resumen, junto con mi entonces escaso curriculum literario ―finalista en dos premios literarios y todavía sin obra alguna publicada― y el manuscrito completo a la mencionada editorial. Dos semanas más tarde, como si alguien tuviera en su ordenador una alerta para responder a cada escritor justo 14 días después de la primera toma de contacto, me llegó la oferta de edición, en forma de ―oh, sorpresa― presupuesto de 1200 euros. Hasta aquí, me habría parecido algo más o menos normal. Se comprometían a editar 200 ejemplares y hacer una presentación, además de que mi obra entraría en su red de distribución. Valga decir que en todos los años que llevo visitando librerías después de conocer la editorial, sólo una vez vi un libro suyo en una, lo que me lleva a pensar que fue el propio autor quien lo llevó debajo del brazo y habló con el librero.

Todo esto lo puedo conseguir en una imprenta de mi barrio, pero ellos también tramitarían el ISBN ―que entonces ya era de pago―, el depósito legal y el diseño de la portada. No esperaba por ese precio más corrección del texto que la que yo ya había hecho, pero el libro quedaría publicado.

Al margen de que no me interesaba pagar 1200 euros por publicar, ¿qué fue lo que me llevó a rechazar tan «generosa» oferta? Nada más y nada menos que la desfachatez de quien me escribió. Como ya he mencionado, se deshacía en elogios hacía la obra y mi persona, y tenía los santos bemoles ―por no usar otra palabra― de comparar mi estilo con el de Eduardo Mendoza, el cual, no mucho tiempo después, ganaría el premio Planeta de novela. ¿De verdad pensaban que me iba a creer sus «cantos de sirena» y halagos vacíos, cuando habían tardado sólo dos semanas en responder a mi propuesta?

Cualquier editorial que tenga en su web una dirección de email es susceptible de recibir a la semana decenas de propuestas, cientos y miles al mes, y nadie, ni aquellos que más grande tienen el departamento de lectura, puede responder de manera seria a una propuesta en sólo 14 días. Como norma general, el que te conteste en sólo dos semanas seguramente incluirá una oferta económica. En algunos casos viene en forma de presupuesto puro y duro, como este caso mío que comento, mientras que en otros lo enmascaran en forma de exigencia de un cierto número de libros vendidos en la presentación. Ellos te proponen vender 100 libros en la presentación y una semana después de ésta. Una vez pasado ese tiempo, tendrás que comprarles, a veces con descuento, a veces a PVP, los ejemplares que no hayas logrado vender. ¿Qué significa eso? Que, salvo que tengas 100 personas, entre amigos, conocidos y familiares, que te compren el libro en la presentación, te quedarás con unas cuantas cajas de libros con los que no sabrás qué hacer.

Quien haya estado en presentaciones o participado en ellas, sabe que ya es un triunfo, salvo, quizás, en grandes ciudades, juntar a 20 ó 30 personas. Teniendo esto en cuenta, ¿de verdad vas a vender 100 libros en tu primera presentación? Los que sí lograrán juntar alrededor de 100 personas en una presentación serán los autores consagrados, esos que no necesitan pagar por publicar y que pueden vender su última obra sin ni siquiera organizar una presentación. Son del tipo de novelas que se venden tras el consabido «¿Tienen lo último de…?”. Sus novelas se venden solas, no como las tuyas cuando no te conoce nadie.

El caso es que últimamente veo un incremento de esta tendencia, incluso en editoriales que antes no cobraban nada a sus autores, ni a los consagrados ni a los conocidos. He llegado a ver a algunos que cantan las alabanzas de este modo de publicación, incluso asegurando que es la única manera de conseguir ver tu obra publicada. Es la más sencilla ―para aquel que tenga el dinero y no le duela mucho gastarlo― pero ni de lejos es la única. En mi caso tocan en hueso, porque, con dos novelas ya publicadas a mis espaldas, ya hace tiempo que superé esa fase de «quiero ver una novela mía publicada en papel a toda costa». Juegan con ese sentimiento que todo escritor tiene en sus inicios, sobre todo cuando acaba su primera gran obra.

Como en otras ocasiones, no daré nombres, por no perjudicar a quienes, conscientes de lo que supone, hayan decidido pagar por publicar con las editoriales que alguna vez me han hecho ofertas de este tipo, pero nunca está de más recordar estas prácticas y, sobre todo, tener presente que debemos mantener los pies en la tierra. Si tú sabes que no eres Eduardo Mendoza ―o cualquier otro autor de renombre con el que te comparen― tienes el criterio necesario para hacer caso omiso de los halagos interesados. Además, si eres tan buen escritor y pueden utilizar como argumento a favor en tu promoción que escribes tan bien como tal o cual autor famoso, ¿por qué tienes que pagar por publicar? ¿Acaso no se creen sus propias palabras? Probablemente la respuesta a la segunda pregunta sea un rotundo no.

Sigo pensando, como hace años, que toda buena obra y todo buen autor acaban teniendo su lugar. Aunque el camino no será igual en todos lo casos, sí hay una clave invariable: la perseverancia. Si hoy logras acceder a una editorial cuya distribución llegue a una media de, por ejemplo, quince librerías en toda España, eso es posible que te dé la visibilidad suficiente para, el día de mañana, acceder a publicar con otra que llegue al doble o triple de puntos de venta. Hay que procurar dar un paso más grande en cada etapa del proceso, siempre y cuando el objetivo de éste sea ―como es el caso de muchos escritores― dedicarse a la literatura profesionalmente. Si tu objetivo es tener en papel esa obra a la que tanto quieres y te da igual vender o no, entonces, busca una imprenta de confianza y llega a un acuerdo con ellos. Ni siquiera entonces te merece la pena acudir a una de estas editoriales que cobran, porque puedes tener los 200 ejemplares por menos de 1200 euros, y en ese caso es muy probable que, para regalar a amigos y familiares, te baste con 30 ó 40.

Vamos moviendo la presentación

La presentación en Bilbao de mi novela «El año de la hortaliza» va tomando cuerpo poco a poco. Estoy a la espera de que la editorial me envíe unos cuantos ejemplares, y en cuanto los tenga en mi poder, empezaremos a moverlo todo.

La idea es que sea a lo largo del mes de enero o como muy tarde en febrero. Tenemos ya maestro de ceremonias, un experimentado poeta y organizador de eventos de Bilbao al que conozco desde hace tiempo.

La principal novedad en esta presentación es que al final se tratará de una presentación doble. Si todo va bien y nos organizamos, sería la presentación de mi novela, junto con la presentación en Bilbao de la primera obra, también publicada por editorial Luhu, de Juanan Bilbao. Para quienes no le conozcáis, u os suene pero no sepáis de qué, os diré que es un conocido actor bilbaino, habitual de la ya extinta (por desgracia) serie de culto «Qué vida más triste». Presentará su colección de relatos «Relatos de un frakie incombustible», cuya lectura os recomioendo encarecidamente.

En cuanto tengamos fecha y lugar, ampliaré la información tanto aquí como en Facebook y Twitter.

En breve, colaboración en dos revistas

A lo largo de los próximos días, se materializarán sendas colaboraciones en dos revistas literarias.

La primera de ellas, «Chorrada mensual» es una revista digital creada hace unos poco meses por Adrián González de Luis, un inquieto escritor madrileño con el que entré en contacto hace ya unos años, cuando buscaba publicar su primera novela. Como su nombre indica, se trata de una revista de humor. Mi colaboración toma forma de relato de humor negro en torno a la figura de Papá Noel. Espero que os gusre.

La segunda colaboración es con la revistaGealittera, que irrumpió con fuerza, ilusión y un cuidado diseño en septiembre de este mismo año. Nuevamente, colaboro co un relato corto que he escrito en los últimos días y que espero también que os guste.

Cuando estas dos revistas vean la luz, os iré informando.