¿La «lacra» de lo comercial?

Últimamente, algunos anónimos han repetido mucho la expresión “literatura comercial” en este blog, como sinónimo de “basura”, “mala calidad” y unos cuantos apelativos más, todos negativos. Echando la vista atrás, y pensando en esas palabras y cómo se ven en otros aspectos de nuestra vida, me ha dado por pensar en la facilidad con la que a veces las usamos, sobre todo cuando tratamos de denostar a aquellos que han conseguido algo que nosotros no hemos logrado.

Estoy seguro de que entre los que critican “Operación triunfo” y sus participantes de forma hiriente, hay muchos que se presentaron a sus múltiples castings y fueron rechazados. Entre los que arremeten contra el último éxito de taquilla de Hollywood hay, casi con total seguridad, unos cuantos que creen que sus proyectos cinematográficos más humildes (y más oscuros en muchos casos) deberían tener las mismas posibilidades, y que se les está negando el éxito por dárselo a aquéllos.

Por descontado, entre los que critican a Dan Brown, J. K. Rowling o cualquiera que haya escrito una novela de éxito, hay muchos que escriben magníficamente y que están aún en la sombra porque sus escritos no son tan “vendibles”, pero también los hay que no son capaces de juntar tres frases coherentes seguidas y aun así, esgrimen el “porque yo lo valgo”. Algunos, incluso se atreven a decir que la situación de la literatura actual les lleva a la autoedición, coedición, o a esas “editoriales digitales” que publican ebooks con un nivel de diseño equiparable a clase de dibujo de 5º de EGB (o como se llame ahora). Un día de estos escribiré algo sobre esas “editoriales”, pero ahora no viene al caso.

Puede que sí, y puede que no. Por supuesto que hay gente con gran talento en la música, el cine o la literatura que se ha visto eclipsada por esas opciones más “vendibles”, pero basta ya de plañideras cuya justificación para la mediocridad es sacar punta a lo que hacen los demás, metiendo a todo el mundo en el saco de lo comercial. No seré yo el que diga que J. K. Rowling no ha dado con una fórmula muy vendible, pero no por esa razón creo que se le deban negar sus méritos. Ha conseguido que muchos niños de todo el mundo pierdan el miedo a leer “tochos”. He leído en diversos sitios que existe la posibilidad que una vez acabada la saga del niño mago, esos niños que leían sus tochos no cojan otro libro más, pero si la aportación de Harry consiste en que unos cuantos de esos niños (como si son el 5%) se atrevan con otros libros de más “enjundia”, bienvenida sea. Si un autor consigue crear nuevos aficionados a la lectura, me da lo mismo cómo se inicien éstos. Como si es con la etiqueta del champú.

Por el lado de los escritores, sobre todo los aficionados y noveles, no negaré el daño causado por las películas de “El señor de los anillos”. En los últimos años, la cantidad de adolescentes y no tan adolescentes que afirman estar escribiendo una “trilogía”, ha crecido exponencialmente en los foros literarios. Pero tampoco voy a negar que incluso esas “trilogías”, que por su pésima calidad en muchos casos espero no lleguen nunca a publicarse, pueden servir para acercar a la escritura a nuevos valores muy interesantes. Probablemente, muchos de esos escritores se quedarán por el camino, pero mientras haya unos cuantos que descubran en ese “capricho” una vocación sincera que les lleve a seguir adelante, también me vale. Debemos recordar que el libro ha dejado de ser ese objeto extraño que sólo se regalaba a los estudiantes o se utilizaba para adornar muebles de salón. Ahora hay quien incluso lee esos libros del mueble de salón, y la literatura, aunque poco a poco, se va afincando entre los “currelas”, las amas de casa, e incluso gente sin estudios universitarios (Dios mío, el vulgo nos invade, estarán pensando ahora defensores de la literatura elitista y enemigos de lo comercial).

En definitiva, a lo que quiero llegar es a que antes de hablar de música comercial, cine comercial o literatura comercial, tal vez deberíamos pararnos un poco, hacer un ejercicio de escrutinio de nosotros mismos, y replantearnos si queremos utilizar esas palabras tan a la ligera como se viene haciendo en los últimos tiempos. Los clásicos seguirán siendo clásicos, tanto si se llaman Rimsky-Korsakov, Hitchcock o Miguel Hernández, y nunca dejarán de tener validez. Pero también es necesario que abramos nuestras mentes y sobre todo, nuestros brazos, a nuevos clásicos. Habrá que separar mucha paja del grano, no me cabe duda, pero criticar a todo el que intenta abrirse camino, no es la manera de hacerlo. Jamás habrá una nueva generación del 27, pero sólo porque ya pasó 1927. O mejor, ¿por qué no allanar el camino a una generación del 2027? ¿O del 2008? ¿O del 2009?

Casa de títeres

Esta vez he decidido ceder parte de mi blog a una amiga que está ya inmersa en la publicación de su primera novela, titulada precisamente «Casa de títeres», de la mano de la editorial Maikalili.

La autora de la novela, enmarcada dentro de la colección de terror, fantasía y ciencia-ficción de la editorial, se llama Isabel del Río Sanz, y es la autora de un blog, la odisea del cuentista, que desde hace tiempo figura en los enlaces de esta página.

Isabel es de Barcelona, ciudad en la que se llevará a cabo la presentación de «Casa de títeres», así que todos los que estéis por la zona o cerca, no dudéis en pasaros por allí. Tendrá lugar el viernes 25 de abril en la librería Santos Ochoa de Fabra i Puig. Isabel está ahora en el proceso de ver cuánta gente irá a la presentación, por lo que todos aquellos que queráis ir seguro, pasaros por su blog y enviadle un mensaje, para que la editorial sepa que hay mucha gente interesada. Y lo mismo va para todos aquellos que queráis reservar una copia de la novela.

Para terminar, os dejo un enlace a la primera noticia que ha salido ya en Internet referente a la novela: http://www.leelibros.com/biblioteca/index.php?q=casa_de_titeres

P.D.: Por si alguno lo había pensado, Isabel del Río Sanz no es el seudónimo de Jorge Urreta. 🙂

Peligros del mundo editorial: Los aprovechados (3ª parte)

Hoy voy a retomar la serie de artículos sobre la cantidad de gente aprovechada que hay en el mundo editorial, a raíz de mi última experiencia con otro de ellos.

Hace unos días, oí hablar de una nueva agencia literaria, lo cual me llevó a ponerme en contacto con la misma, con la idea de presentarles la sinopsis de una de mis novelas y ver qué ocurría. Para mi sorpresa, recibí una respuesta en sólo un día, cosa bastante inusual, pero había trampa, y cartón.

Dejaban a las claras desde el primer mensaje que me iban a pedir dinero, concretamente 220 euros, antes siquiera de leer mi manuscrito. En el pasado, ya he hablado de agencias literarias que cobran ciertas cantidades económicas por leer un manuscrito, pero tal cantidad me resultaba exagerada.

Existen varias agencias literarias que cobran una pequeña cantidad simbólica (por lo general, bastante menos de 100 euros) para que el dinero haga de primera criba. De este modo evitan que, por ejemplo, alguien que por la mañana se haya levantado con ganas de escribir una poesía que verse sobre cómo se saca los mocos de la nariz, decida enviarla a probar suerte, aun sabiendo que es una auténtica bazofia.

Hasta ahí, puedo entender lo de la cantidad simbólica, que en la mayoría de los casos ronda los 50 ó 60 euros, pero no que alguien pretenda cobrar 220 euros. Nada más leer el mensaje, me puse a hacer cálculos, y me bastó poco tiempo para sospechar que la intención de la agencia bien podría ser sacar dinero sin dar un palo al agua. Basta con que en este país haya 1000 escritores ilusionados con un manuscrito bajo el brazo (y seguro que los hay). Con que esos 1000 aficionados envíen un manuscrito a esa agencia y paguen 220 euros, los beneficios son impresionantes. Basta con gastar en sobres y sellos, en los pocos casos en los que el autor no haya contactado por correo electrónico, para que la agencia (si realmente lo es) gane varios millones de pesetas con el mínimo esfuerzo.

Es posible que entre los que lean este texto haya alguien que haya tratado con alguna de las agencias que cobran cantidades simbólicas, y tenga la tentación de «saltarme al cuello» metafóricamente, pero quiero que quede claro que no es la intención de este artículo demonizar a todo aquel que cobra dinero por la lectura. A pesar de eso, también quiero que quede bien claro que cuando se cobra algo tiene que ser para dar un servicio, no porque sí. Curiosamente, la agencia que menciono no me ofrecía nada, salvo el favor de su lectura. Cierto es también que un informe de lectura, lo que ofrecen otras agencias, tampoco es una gran garantía, pero digo yo que habrá más posibilidades de que sirva para algo si al menos han tenido que tomarse la molestia de redactarlo.

En conclusión, tened cuidado como siempre, el mundo literario está lleno de lobos con piel de cordero (ahora es cuando a nuestro querido Troll se le revuelven las tripas con eso de los tópicos), así que andad con ojo. Por supuesto, yo mismo soy partidario de acudir siempre a quien no cobra ni un duro, pero no negaré que el informe de un buen profesional (que me consta que los hay) bien vale pagar 50 ó 60 euros. Pero cuidado con los que cobran cantidades desorbitadas por ese «gran servicio» de lectura, que en muchos casos, ni siquiera realizarán.

La novela corta no vende (o casi)

Como ya dije en su día que iba a hacer, hace un par de semanas, envié a la agencia Sandra Bruna un resumen (sinopsis + fragmento) del relato con el que quedé finalista en el premio de relato de yoescribo.com. Pues bien, ayer recibí una respuesta que podríamos calificar como «otra vez casi sí», pero muy positiva a pesar de todo.

El dictamen del departamento de lectura de la agencia ha sido que la idea de mi relato es muy buena, pero que necesita una mayor extensión. Definitivamente, las agencias literarias no trabajan la novela corta, a menos, claro está, que uno sea ya conocido. Recuerdo perfectamente cómo en su día compré «Montado en la bala» de Stephen King por 9 euros, siendo ésta una novela corta no, cortísima. Pero bueno, no es tan negativa la cosa.

El mensaje viene a decir que el pasar de novela corta a novela haría que la historia fuera más fácilmente presentable a editoriales, y lo finalizan animándome a hacerlo y enviársela de nuevo.

No voy a decir que me sorprenda la respuesta. Ya había previsto que algo así pudiera ocurrir, y ampliar esa historia entraba dentro de mis planes desde hace mucho tiempo. Siempre pensé que la presentación de uno de los personajes carecía de cierta información sobre su pasado que explicara sus acciones en el relato, por lo que me resulta interesante convertirlo en novela. Tendré también la ocasión de mejorar algunas escenas que no terminaron de convencerme y añadir alguna que en su día se quedó en el tintero, cuando mi intención era escribir una novela corta. Sólo tengo que procurar no caer en el error de limitarme a meter paja o sucesiones innecesarias de epítetos igualmente innecesarios.

Vamos avanzando,a pequeños pasitos, pero la cosa va. El mes que viene debería recibir respuesta de una editorial respecto de un manuscrito que les envié, concretamente el que Sandra Bruna estuvo a punto de representar, así que actualizaré de nuevo y os pondré al día.

Mientras tanto, saludos a todos y que os vaya bien.

Dos años ya

Hoy, mientras miraba las estadísticas de visitas del blog, me he dado cuenta de que mañana cumple ya dos años, tras lo cual me ha dado por echar la vista atrás y ver en qué ha cambiado mi «mundillo literario» en ese tiempo.

Creo que el balance puede considerarse positivo. Sigo sin publicar mis escritos, aunque reconozco que estoy mejor que cuando creé el blog:

– Está a punto de salir (eso espero) el primer número de «Terra migrante», el periódico suizo de habla hispana con el que colaboro, y del que os hablé hace poco.

– He sido finalista en un premio literario de relato, compitiendo con otros 101 autores.

– He tenido mi primer contacto (que no fructificó por «los pelos de un calvo») con una agencia literaria.

– Me he dado a conocer entre más gente, lo que a la larga (espero) podría abrirme alguna que otra puerta.

En fin, no es una maravilla ni como para echar cohetes, pero hace dos años, tomé la decisión de buscar más activamente y lo estoy cumpliendo, aunque mi trabajo y líos personales que no vienen al caso no me han permitido aún estar al 100%. A pesar de eso, hay una puerta abierta a la esperanza.

De hecho, hoy mismo voy a mandar un email al departamento de edición de yoescribo.com, solicitando la retirada del relato que fue finalista del premio. Después, redactaré una bonita sinopsis y carta de presentación que enviaré a una agencia literaria.

Deseadme suerte. Gracias por seguir ahí, ojalá mi espera acabe pronto y seáis testigos de ello.

No mucho que contar

Ciertamente, no tengo mucho que contar, pero a pesar de eso, he querido publicar está pequeña entrada, para poneros al día de mis últimas ideas, ya que, como siempre, querría leer las opiniones de otros. Algunos aportáis experiencia y otros una visión distinta, algo que tal vez se me haya escapado, y ambas opciones me interesan.

Sigo a la espera de respuesta de unas pocas editoriales a las que envié algunos de mis manuscritos. Durante este mes o marzo, como muy tarde, debería recibir respuesta de al menos una de ellas. Sé que tardan unos seis meses en contestar, y ese plazo está ya a punto de expirar.

Por otra parte, he descartado ya definitivamente la idea de autoeditar el relato con el que quedé finalista en el último premio de relato de yoescribo.com. Lo que me estoy planteando ahora es retirarlo de yoescribo.com (no estoy enfadado con ellos, que nadie piense mal), cosa que no sé si se puede hacer, y utilizarlo a modo de carta de presentación para darme a conocer en las diversas agencias literarias de este país. Una persona me aconsejó hace poco dirigirme a agencias literarias con algo liviano, tal vez incluso un relato de cierta envergadura (tampoco una «mierdilla» de diez páginas), y se me iluminó la bombilla. Nunca me había planteado hacer algo así, pero tal vez pueda ser una solución. Por desgracia, cuento con el handicap de haber tenido dicho relato disponible online durante más de dos años, pero espero que no sea un obstáculo insalvable. Sé que dije que no pensaba retirar el relato de la web, pero podéis haremos una idea de lo interesante que resultaría si esto que pretendo ahora pudiera funcionar.

Como ya he comentado, espero opiniones al respecto, sobre todo de cualquiera que haya tenido más experiencia que yo con agencias literarias. De momento, yo sólo he tenido mi experiencia agridulce con Sandra Bruna (quien quiera saber más, se puede dirigir a mis entradas publicadas entre marzo y septiembre de 2007), por lo que no sé si esto que estoy pensando hacer es bueno, malo o todo lo contrario.

Nada más por el momento. Como siempre, gracias por leerme. Os mantendré informados.

P.D.: Mi octava novela sigue viento en popa (y eso que no es de piratas).

Casi, pero no pudo ser

Ya se ha fallado el premio de relato de yoescribo.com, y no he resultado ganador. Ahora podría iniciar una disertación del estilo del «porque yo lo valgo», o sobre lo injusto de no haber ganado, pero no sería cierto, y tampoco sería justo para el ganador del premio, al que deseo la mejor de las suertes. Si no he ganado el premio es, simple y llanamente, porque mi relato no era el mejor.

Ayer mismo miré el resultado, que se publicó el viernes, y supe que hubo 102 relatos presentados a concurso. Quedar entre los 10 primeros entre 102 (aunque no sepa si he sido el 2º, el 5º o el 10º) es ya un resultado más que notable, así que me doy por satisfecho. Cuando me presenté a este premio, afirmé que era uno de los pocos que aún me inspiraban confianza, y sigue siendo así. Es más, en función de cómo se desarrollen los acontecimientos a partir de ahora, es posible que a finales de este año me decida a presentar una obra mía al premio de novela. Pero eso dependerá de cómo respondan a dicha novela las editoriales a las que se la envíe a lo largo del año. Durante este mes debería recibir la respuesta de una de ellas, así que en breve tendréis más noticias mías. Hacer un buen curriculum literario implica mucho más que haber sido finalista en un premio de relato, pero ya es algo de lo que partir.

Aprovecho también para hacer un nuevo anuncio, aunque en este caso será de algo que es probable que muchos de los que leáis estas líneas no veréis. Se trata de un proyecto que surgió durante el verano en el foro de Bibliotecas Virtuales, y que algunos ya conoceréis. En aquellos meses, una persona del foro, residente en Suiza, pidió colaboradores para un periódico en español que pretendía publicar en dicho país a partir de diciembre de 2007. Después de muchos líos para tratar de conseguir subvenciones y anunciantes y el retraso del primer número, parece que éste va a ver por fin la luz en marzo de 2008. En este caso, mi colaboración está asegurada con un artículo sobre informática, aunque todavía queda en el aire la posibilidad de que se incluya también uno de mis relatos cortos, pero esto último es más difícil, ya que son muchas las personas que han querido colaborar con el mismo tipo de textos.

El periódico en principio sera trimestral, pasando a ser mensual a partir de comienzos de 2009, si funciona bien durante 2008. Con suerte, la cosa irá bien, aunque tendría bemoles que mi nombre empezara a sonar más en Suiza que en España. Pero, en fin, muchos modos de llegar son buenos (no todos, al menos en mi opinión), si al final se llega. Para los que queráis investigar un poco más, el periódico en cuestión se llama «Terra migrante», y su web se puede encontrar en http://www.terramigrante.ch

Para concluir, quiero volver a dar las gracias a todos los que me habéis apoyado durante la espera por el premio. Aunque no podáis comprarlo en libro, os recuerdo que mi relato «¿Quién dijo miedo?» sigue (y seguirá, porque no tengo intención de retirarlo) disponible en yoescribo.com

P.D.: Llegados a este punto, y consciente como soy de que es difícil que vea publicado el relato que quedó finalista en este concurso, se me ha pasado por la cabeza la posibilidad de autoeditarlo, en lulu.com o sitios similares. Los que hayáis seguido mi trayectoria es posible que os llevéis las manos a la cabeza u os rasguéis las vestiduras, pero debo recordaros que siempre he estado a favor de quienes quieran autoeditar, siempre que sean conscientes de lo que significa. Lo que ahora os pido es simplemente vuestra opinión. ¿Qué pensáis sobre esta idea? ¿Os parece buena o pensáis que es mejor que siga esperando pacientemente como hasta ahora? Os agradeceré mucho vuestros comentarios, esta vez sí que me gustaría que todos comentaráis, cuantos más mejor. Gracias a todos.

Mi primera «incursioncita» en el terreno policíaco

Buenas noches.

Hoy he decidido subir al blog un relato que escribí durante las fiestas navideñas. Como los últimos que he publicado aquí, es un relato corto, y en este caso especial, ya que se trata de mi primer intento de escribir algo mínimamente encuadrable en el género policíaco.

No es un obra compleja, tened en cuenta que la escribí en poco más de una hora, pero sí me gusta el resultado. Hasta el momento, la han leído unas pocas personas y a todas les ha gustado, pero quiero más opiniones.

Por lo demás, la vida sigue igual, a la espera de que llegue el tan esperado (al menos por mí) fallo del premio de relato de yoescribo.com. Ya envié el contrato firmado y recibí confirmación de que lo habían recibido correctamente, por lo que sólo queda esperar.

Y ahora, el relato. Espero que os guste.

EL DEPORTE MATA

¿Qué podrían tener en común una llave, un palo de hockey, un billete de 100 yenes y dos guantes de cocina de los de sacar bandejas del horno? Probablemente nada, salvo que ese día fue lo que el inspector Soriano encontró en la escena del crimen. Era evidente que el palo de hockey, visiblemente manchado de sangre, era el arma del delito, pero nada más se sabía.

El palo no tenía huellas dactilares, como tampoco había en ninguna parte de la habitación, salvo las de su inquilino y también víctima. La víctima era Ernesto Balaguer, estudiante universitario de 22 años, según sus vecinos un chico encantador y según quienes le conocían de la universidad, el tipo más atento y amable que habían conocido. Fuera como fuese, el chico encantador y tipo atento y amable, yacía en el suelo de su habitación de la residencia de estudiantes, con el cráneo hundido por lo que parecía un fuerte golpe. Ya se encargaría el forense de dictaminar la hora de la muerte y el tipo de arma utilizad, pero Soriano tenía bastante claro cuáles serían las respuestas a tales interrogantes, por lo que empezó inmediatamente la investigación.

La falta de huellas u otras pruebas físicas más allá del palo de hockey y la sangre que sobre éste reposaba, dificultaban la investigación, ya que el inspector se vería obligado a interrogar a muchas más personas, de cara a reconstruir, con la mayor precisión posible, el último día de vida de la víctima. Jugaba a su favor —al menos en teoría— que nada más encontrarse el cadáver, cuando todavía estaba caliente, se había dado orden de cerrar todas las entradas y salidas del edificio, por lo que era posible que el asesino se encontrara aún dentro del recinto. Eso, entre alumnos y profesores, podría suponer una cantidad que con seguridad superaría con mucho el millar de personas, pero algo tendrían que hacer. En principio, pensó en descartar a los alumnos de materias muy diferentes a las de la víctima, pero se vio obligado a olvidar esa teoría casi al instante, a instancia de un alumno, amigo íntimo del fallecido. Por lo visto, éste era una de las personas más populares del campus, deseado por las mujeres y envidiado por muchos hombres. Al parecer, había participado en un “reality show” de la televisión local —uno de esos programas que Soriano nunca veía—, que le había convertido en el héroe del momento. Prácticamente no había una persona que no supiera quién era, y cualquiera podría tener un motivo para asesinarle. Sólo había que dar con el motivo y después, con el asesino. O viceversa, que, a efectos del resultado final, era exactamente lo mismo.

Tres días tardó un equipo de 20 policías en interrogar a todos los que se encontraban en la universidad. Durante ese tiempo, les fue entregada comida suficiente para alimentarlos a todos al menos tres veces al día, ya que las cafeterías del recinto no daban abasto y las máquinas de comida y bebidas habían quedado vacías o rapiñadas ya en la primera noche.

Después de las extenuantes jornadas de interrogatorio, ésta fue la reconstrucción que se hizo:

8:00. La víctima se levanta de la cama.

8:30. La víctima desayuna en la cafetería del edificio 3.

9:00. La víctima acude a su primera clase, “Estadística II”.

10:00. Segunda clase del día, “Bases de datos”

11:00. Tercera y última clase de la víctima en el día, “Interacción con los computadores”.

12:00. La víctima abandona el campus de la universidad y, según varios testigos, pasa media hora echando una partida en unos recreativos al otro lado de la calle.

12:30. La víctima vuelve a su habitación en la residencia del estudiantes del edificio 5.

14:00. Ante su tardanza para ir a comer, un compañero de clase de la víctima acude en su busca y lo encuentra muerto.

La hora de la muerte quedaba claramente fijada en un momento entre las 12:30 y las 14:00, lo cual concordaba a la perfección con la autopsia, durante la cual el forense había fijado la hora de la muerte entre media hora y una hora antes de la aparición del cadáver. Lo único que quedaba era ubicar a alguien más en la habitación, tarea harto difícil, debido a que nadie parecía tener nada en contra de la víctima. Lo de “héroe local” era algo más que un simple apelativo en ese caso, y todo el mundo se refería a él con palabras de elogio, acompañadas de diversos superlativos. Todas las historias, sobre todo aquellas que se solapaban entre sí, habían sido cotejadas y comparadas, y no se había hallado resquicio alguno en ellas. Quienes afirmaban no conocerle tampoco mostraban duda alguna, por lo que estaban casi como al principio. Tanto era así que al final del tercer día, el inspector Soriano dio permiso para que se abrieran las puertas de la universidad e incluso para que una persona del servicio de limpieza entrase en la habitación de Ernesto Balaguer. Y en buena hora lo hizo.

Durante la limpieza, mientras la meticulosa mujer de la limpieza quitaba el polvo a cada esquina de la habitación, descubrió algo que le llamó poderosamente la atención. Conocía la habitación al milímetro, ya que la limpiaba una vez por semana y sabía a quién pertenecía, por lo que le extrañó mucho encontrar un osito de peluche en la habitación de un hombre que, según sus propias palabras, afirmaba ser “muy macho” y “no andarse con mariconadas”. Cuando lo cogió, descubrió inmediatamente un curioso detalle que no pudo pasar por alto: ese oso llevaba una cámara oculta en su interior. Interesada y excitada —siempre había estado en secreto enamorada de aquel joven, a pesar de llevarle casi 20 años y estar felizmente casada— cogió el oso y se lo llevó a casa, donde vería la grabación en el ordenador de su hijo.

Esa misma tarde, Gloria Bermúdez, mujer de la limpieza, haría una visita a la comisaría de policía local, llevando en su mano un osito de peluche, y temblando como si hubiera visto un fantasma, cosa que no andaba tan lejos de la realidad.

El vídeo mostraba claramente lo que había ocurrido y cerraba el caso, que quedaría archivado como muerte accidental, después de que la policía examinara a conciencia el ordenador de la víctima, al cual no habían dado mucha importancia la primera vez. Al parecer, llevaba manteniendo casi un año una relación sexual por Internet con una mujer japonesa que se hacía llamar Yuki2007. Su relación se basaba en el intercambio de vídeos y fotos pornográficos. Cada vez, uno de ellos pedía al otro que hiciera algo frente a la cámara de fotos o de vídeo y éste lo hacía y enviaba. La última petición de Yuki2007, bastante inocente por otro lado, fue lo que al final supuso la muerte del pobre Ernesto Balaguer.

Yuki2007 había enviado por correo un billete de 100 yenes nuevecito a Ernesto, el cual usaba un código postal para evitar dar su dirección a cualquiera —de ahí la llave—, de donde recogió el billete, nuevo y reluciente. Por razones que no había desvelado, Yuki2007 quería ver a Ernesto desnudo, con el billete pegado en su frente y sosteniendo un palo de hockey con guantes de cocina, a lo que él accedió sin dudar. Con la inestimable ayuda de su aliento pegó el billete. Por desgracia para él, el aliento no es un gran pegamento, por lo que el billete cayó en poco tiempo. Incapaz de cogerlo con los guantes, decidió que sería mejor dejar que se pegara a uno de sus pies, tras lo que lo depositaría en la cama y volvería a empezar. Pero el billete era tan nuevo que provocó que resbalara, tras lo que se produjo el golpe con el palo de hockey y su muerte.

El vídeo fue destruido, el caso archivado como accidente y Gloria Bermúdez no volvió jamás a fantasear con ningún jovencito universitario. Por una vez llegó a ver desnudo a su idolatrado Ernesto, y no necesitó —ni pudo— hacerlo nunca más.

FIN

Estoy nominado

No, ni participaba en Gran Hermano, ni tengo intención de hacerlo, pero el título encaja perfectamente con la buena noticia que tengo que contar: soy finalista del premio de relato 2008 de http://www.yoescribo.com

De momento soy sólo finalista, pero supongo que quedar entre los diez primeros, dentro de los varios cientos de participantes que había, ya está bastante bien. Eso sin tener en cuenta que es la primera vez que me ocurre algo así y estoy especialmente feliz. Referencia en:

http://www.yoescribo.com/publica/premios/cuento.aspx

Ahora me queda imprimir, rellenar y firmar el contrato de edición que me han enviado, que entrará en vigor en caso de que sea el ganador del premio. En principio, son 3000 euros y la publicación del relato, con una tirada de 500 ejemplares de los que 50 serían para mí. Tengo hasta el 30 de enero para la entrega del contrato, por lo que supongo que a lo largo de febrero sabré si soy el ganador.

Gracias a todos los que me hayáis apoyado con vuestros votos y gracias también a los que no, siempre que al menos os hayáis molestado en leer el relato. Ahora tengo algo con un poco más de enjundia para incluir en mi curriculum literario. Menos da una piedra y por algo se empieza.

Tal vez en breve debería incluso cambiar el nombre de este blog…

Forma y fondo

Vengo del foro (Bibliotecas virtuales) en el que algunos de vosotros me habéis conocido y uno de los temas de discusión (uno de los eternos temas de discusión de siempre en el foro) me ha llamado la atención e impulsado a escribir aquí.

El tema, iniciado por uno de los veteranos del foro, versa sobre si deberían abandonar el foro los usuarios que escriban con muchas faltas de ortografía. Se mencionan más características que deberían cumplir los usuarios que tienen que «abandonar» el foro, pero yo me quedo con esta primera, y con una de las respuestas que el tema ha recibido, de parte de un usuario que, resumiendo, decía que todo escritor tiene derecho a escribir sin saber las normas de ortografía.

Ahí es donde yo mismo he tenido que intervenir en el foro y dejar claro por qué no considero que se deba usar la palabra «escritor» en esa frase.

Empecemos por el principio: ¿quién puede considerarse escritor? ¿El que escribe, sea lo que sea? ¿El que ha publicado algo, sea lo que sea?

Reconozco que yo mismo me he referido, en más de una ocasión, a mí mismo y otros usuario del foro como «escritores», así que considero justo explicar mi definición de dicha palabra, una parte de la cual ha quedado clara en mi respuesta en el foro.

¿Es escritor el que escribe? No. Lo siento, porque sé que voy a herir a muchas personas, algunas de las cuales probablemente dejen de leer este blog, pero no puedo aceptar como escritores a muchos que escriben por escribir. Me explico: he visto, gracias al foro antes mencionado, a mucha gente que escribe con faltas de ortografía o poniendo en mayúscula cada palabra de una frase, como está de moda actualmente entre los angloparlantes. No diré que esos no sean escritores, pero no consideraré en la vida escritor a aquel que, después de habérsele comentado que debe mejorar su forma de escribir o corregir mejor sus textos, sólo es capaz de responder «quien no le guste, que no me lea» o «lo que importa es escribir, no cómo se escribe». Como ya he comentado en el foro: «¿podríamos considerar fontanero a alguien al que le gusta colocar tuberías, aunque lo haga mal?». Yo, por mi parte, jamás confiaría mi casa a alguien así, y espero que el mundo no confíe su literatura a gente que no se molesta en corregir lo que escribe. A muchos otros, podría coneiderarles, como suelo referirme a veces a mí mismo, «escritores no publicados», pero tampoco termina de gustarme la definición. Tal vez no tenga del todo claro qué es ser escritor, pero sí tengo muy claro qué no lo es.

Ahora, vamos con aquello a lo que quería llegar: ¿qué es más importante, la forma o el fondo?

¿Debemos escribir con palabras y construcciones preciosistas, aunque el fondo de lo que contemos no transmita nada? O por otro lado, ¿no importa que las palabras no sean tan «rebuscadas», mientras la historia o su calidad valgan la pena?

Ni lo uno, ni lo otro. Todo escritor debería buscar un equilibrio entre forma y fondo, y no dejar que ninguno destaque sobre el otro. Y por supuesto, todo aquel que diga que las faltas de ortografía no son importantes, queda fuera de mi lista de escritores. No me gustan ni los fundamentalista de la palabra preciosista o los que consideran escribir como juntar palabras, pero tampoco los que no se preocupan por cuidar lo que escriben. Tal vez sea un poco paranoico, lo cual me lleva a repasar, al menos una vez, todo mensaje que escribo en foros, todos los emails que escribo, y cada artículo que publico aquí, pero se me cae la cara de vergüenza cada vez que, después de haber subido un texto, descubro una falta de ortografía.

En fin, espero no haber herido muchas sensibilidades. Supongo que podría haber sido más sangrante, pero, sinceramente, no lo creía necesario. Quien deba darse por aludido ya lo habrá hecho y si no es así, lo sentiré por su ceguera. Sólo busco lo que todos, que todo aquel cuyos escritos deban ver la luz, algún día pueda publicar, pero siempre procurando mejorar. Y por descontado, no me vale eso de «quien no le guste, que no me lea» para justificar las faltas de ortografía. Me vale para todos aquellos que escriban de una forma especial o diferente, o incluso para aquellos cuyos libros no me gustan, como Dan Brown. Podremos decir muchas cosas sobre sus novelas, sus tramas o su rigor histórico, pero no sobre sus faltas de ortografía.