No mucho que contar

Ciertamente, no tengo mucho que contar, pero a pesar de eso, he querido publicar está pequeña entrada, para poneros al día de mis últimas ideas, ya que, como siempre, querría leer las opiniones de otros. Algunos aportáis experiencia y otros una visión distinta, algo que tal vez se me haya escapado, y ambas opciones me interesan.

Sigo a la espera de respuesta de unas pocas editoriales a las que envié algunos de mis manuscritos. Durante este mes o marzo, como muy tarde, debería recibir respuesta de al menos una de ellas. Sé que tardan unos seis meses en contestar, y ese plazo está ya a punto de expirar.

Por otra parte, he descartado ya definitivamente la idea de autoeditar el relato con el que quedé finalista en el último premio de relato de yoescribo.com. Lo que me estoy planteando ahora es retirarlo de yoescribo.com (no estoy enfadado con ellos, que nadie piense mal), cosa que no sé si se puede hacer, y utilizarlo a modo de carta de presentación para darme a conocer en las diversas agencias literarias de este país. Una persona me aconsejó hace poco dirigirme a agencias literarias con algo liviano, tal vez incluso un relato de cierta envergadura (tampoco una «mierdilla» de diez páginas), y se me iluminó la bombilla. Nunca me había planteado hacer algo así, pero tal vez pueda ser una solución. Por desgracia, cuento con el handicap de haber tenido dicho relato disponible online durante más de dos años, pero espero que no sea un obstáculo insalvable. Sé que dije que no pensaba retirar el relato de la web, pero podéis haremos una idea de lo interesante que resultaría si esto que pretendo ahora pudiera funcionar.

Como ya he comentado, espero opiniones al respecto, sobre todo de cualquiera que haya tenido más experiencia que yo con agencias literarias. De momento, yo sólo he tenido mi experiencia agridulce con Sandra Bruna (quien quiera saber más, se puede dirigir a mis entradas publicadas entre marzo y septiembre de 2007), por lo que no sé si esto que estoy pensando hacer es bueno, malo o todo lo contrario.

Nada más por el momento. Como siempre, gracias por leerme. Os mantendré informados.

P.D.: Mi octava novela sigue viento en popa (y eso que no es de piratas).

Casi, pero no pudo ser

Ya se ha fallado el premio de relato de yoescribo.com, y no he resultado ganador. Ahora podría iniciar una disertación del estilo del «porque yo lo valgo», o sobre lo injusto de no haber ganado, pero no sería cierto, y tampoco sería justo para el ganador del premio, al que deseo la mejor de las suertes. Si no he ganado el premio es, simple y llanamente, porque mi relato no era el mejor.

Ayer mismo miré el resultado, que se publicó el viernes, y supe que hubo 102 relatos presentados a concurso. Quedar entre los 10 primeros entre 102 (aunque no sepa si he sido el 2º, el 5º o el 10º) es ya un resultado más que notable, así que me doy por satisfecho. Cuando me presenté a este premio, afirmé que era uno de los pocos que aún me inspiraban confianza, y sigue siendo así. Es más, en función de cómo se desarrollen los acontecimientos a partir de ahora, es posible que a finales de este año me decida a presentar una obra mía al premio de novela. Pero eso dependerá de cómo respondan a dicha novela las editoriales a las que se la envíe a lo largo del año. Durante este mes debería recibir la respuesta de una de ellas, así que en breve tendréis más noticias mías. Hacer un buen curriculum literario implica mucho más que haber sido finalista en un premio de relato, pero ya es algo de lo que partir.

Aprovecho también para hacer un nuevo anuncio, aunque en este caso será de algo que es probable que muchos de los que leáis estas líneas no veréis. Se trata de un proyecto que surgió durante el verano en el foro de Bibliotecas Virtuales, y que algunos ya conoceréis. En aquellos meses, una persona del foro, residente en Suiza, pidió colaboradores para un periódico en español que pretendía publicar en dicho país a partir de diciembre de 2007. Después de muchos líos para tratar de conseguir subvenciones y anunciantes y el retraso del primer número, parece que éste va a ver por fin la luz en marzo de 2008. En este caso, mi colaboración está asegurada con un artículo sobre informática, aunque todavía queda en el aire la posibilidad de que se incluya también uno de mis relatos cortos, pero esto último es más difícil, ya que son muchas las personas que han querido colaborar con el mismo tipo de textos.

El periódico en principio sera trimestral, pasando a ser mensual a partir de comienzos de 2009, si funciona bien durante 2008. Con suerte, la cosa irá bien, aunque tendría bemoles que mi nombre empezara a sonar más en Suiza que en España. Pero, en fin, muchos modos de llegar son buenos (no todos, al menos en mi opinión), si al final se llega. Para los que queráis investigar un poco más, el periódico en cuestión se llama «Terra migrante», y su web se puede encontrar en http://www.terramigrante.ch

Para concluir, quiero volver a dar las gracias a todos los que me habéis apoyado durante la espera por el premio. Aunque no podáis comprarlo en libro, os recuerdo que mi relato «¿Quién dijo miedo?» sigue (y seguirá, porque no tengo intención de retirarlo) disponible en yoescribo.com

P.D.: Llegados a este punto, y consciente como soy de que es difícil que vea publicado el relato que quedó finalista en este concurso, se me ha pasado por la cabeza la posibilidad de autoeditarlo, en lulu.com o sitios similares. Los que hayáis seguido mi trayectoria es posible que os llevéis las manos a la cabeza u os rasguéis las vestiduras, pero debo recordaros que siempre he estado a favor de quienes quieran autoeditar, siempre que sean conscientes de lo que significa. Lo que ahora os pido es simplemente vuestra opinión. ¿Qué pensáis sobre esta idea? ¿Os parece buena o pensáis que es mejor que siga esperando pacientemente como hasta ahora? Os agradeceré mucho vuestros comentarios, esta vez sí que me gustaría que todos comentaráis, cuantos más mejor. Gracias a todos.

Mi primera «incursioncita» en el terreno policíaco

Buenas noches.

Hoy he decidido subir al blog un relato que escribí durante las fiestas navideñas. Como los últimos que he publicado aquí, es un relato corto, y en este caso especial, ya que se trata de mi primer intento de escribir algo mínimamente encuadrable en el género policíaco.

No es un obra compleja, tened en cuenta que la escribí en poco más de una hora, pero sí me gusta el resultado. Hasta el momento, la han leído unas pocas personas y a todas les ha gustado, pero quiero más opiniones.

Por lo demás, la vida sigue igual, a la espera de que llegue el tan esperado (al menos por mí) fallo del premio de relato de yoescribo.com. Ya envié el contrato firmado y recibí confirmación de que lo habían recibido correctamente, por lo que sólo queda esperar.

Y ahora, el relato. Espero que os guste.

EL DEPORTE MATA

¿Qué podrían tener en común una llave, un palo de hockey, un billete de 100 yenes y dos guantes de cocina de los de sacar bandejas del horno? Probablemente nada, salvo que ese día fue lo que el inspector Soriano encontró en la escena del crimen. Era evidente que el palo de hockey, visiblemente manchado de sangre, era el arma del delito, pero nada más se sabía.

El palo no tenía huellas dactilares, como tampoco había en ninguna parte de la habitación, salvo las de su inquilino y también víctima. La víctima era Ernesto Balaguer, estudiante universitario de 22 años, según sus vecinos un chico encantador y según quienes le conocían de la universidad, el tipo más atento y amable que habían conocido. Fuera como fuese, el chico encantador y tipo atento y amable, yacía en el suelo de su habitación de la residencia de estudiantes, con el cráneo hundido por lo que parecía un fuerte golpe. Ya se encargaría el forense de dictaminar la hora de la muerte y el tipo de arma utilizad, pero Soriano tenía bastante claro cuáles serían las respuestas a tales interrogantes, por lo que empezó inmediatamente la investigación.

La falta de huellas u otras pruebas físicas más allá del palo de hockey y la sangre que sobre éste reposaba, dificultaban la investigación, ya que el inspector se vería obligado a interrogar a muchas más personas, de cara a reconstruir, con la mayor precisión posible, el último día de vida de la víctima. Jugaba a su favor —al menos en teoría— que nada más encontrarse el cadáver, cuando todavía estaba caliente, se había dado orden de cerrar todas las entradas y salidas del edificio, por lo que era posible que el asesino se encontrara aún dentro del recinto. Eso, entre alumnos y profesores, podría suponer una cantidad que con seguridad superaría con mucho el millar de personas, pero algo tendrían que hacer. En principio, pensó en descartar a los alumnos de materias muy diferentes a las de la víctima, pero se vio obligado a olvidar esa teoría casi al instante, a instancia de un alumno, amigo íntimo del fallecido. Por lo visto, éste era una de las personas más populares del campus, deseado por las mujeres y envidiado por muchos hombres. Al parecer, había participado en un “reality show” de la televisión local —uno de esos programas que Soriano nunca veía—, que le había convertido en el héroe del momento. Prácticamente no había una persona que no supiera quién era, y cualquiera podría tener un motivo para asesinarle. Sólo había que dar con el motivo y después, con el asesino. O viceversa, que, a efectos del resultado final, era exactamente lo mismo.

Tres días tardó un equipo de 20 policías en interrogar a todos los que se encontraban en la universidad. Durante ese tiempo, les fue entregada comida suficiente para alimentarlos a todos al menos tres veces al día, ya que las cafeterías del recinto no daban abasto y las máquinas de comida y bebidas habían quedado vacías o rapiñadas ya en la primera noche.

Después de las extenuantes jornadas de interrogatorio, ésta fue la reconstrucción que se hizo:

8:00. La víctima se levanta de la cama.

8:30. La víctima desayuna en la cafetería del edificio 3.

9:00. La víctima acude a su primera clase, “Estadística II”.

10:00. Segunda clase del día, “Bases de datos”

11:00. Tercera y última clase de la víctima en el día, “Interacción con los computadores”.

12:00. La víctima abandona el campus de la universidad y, según varios testigos, pasa media hora echando una partida en unos recreativos al otro lado de la calle.

12:30. La víctima vuelve a su habitación en la residencia del estudiantes del edificio 5.

14:00. Ante su tardanza para ir a comer, un compañero de clase de la víctima acude en su busca y lo encuentra muerto.

La hora de la muerte quedaba claramente fijada en un momento entre las 12:30 y las 14:00, lo cual concordaba a la perfección con la autopsia, durante la cual el forense había fijado la hora de la muerte entre media hora y una hora antes de la aparición del cadáver. Lo único que quedaba era ubicar a alguien más en la habitación, tarea harto difícil, debido a que nadie parecía tener nada en contra de la víctima. Lo de “héroe local” era algo más que un simple apelativo en ese caso, y todo el mundo se refería a él con palabras de elogio, acompañadas de diversos superlativos. Todas las historias, sobre todo aquellas que se solapaban entre sí, habían sido cotejadas y comparadas, y no se había hallado resquicio alguno en ellas. Quienes afirmaban no conocerle tampoco mostraban duda alguna, por lo que estaban casi como al principio. Tanto era así que al final del tercer día, el inspector Soriano dio permiso para que se abrieran las puertas de la universidad e incluso para que una persona del servicio de limpieza entrase en la habitación de Ernesto Balaguer. Y en buena hora lo hizo.

Durante la limpieza, mientras la meticulosa mujer de la limpieza quitaba el polvo a cada esquina de la habitación, descubrió algo que le llamó poderosamente la atención. Conocía la habitación al milímetro, ya que la limpiaba una vez por semana y sabía a quién pertenecía, por lo que le extrañó mucho encontrar un osito de peluche en la habitación de un hombre que, según sus propias palabras, afirmaba ser “muy macho” y “no andarse con mariconadas”. Cuando lo cogió, descubrió inmediatamente un curioso detalle que no pudo pasar por alto: ese oso llevaba una cámara oculta en su interior. Interesada y excitada —siempre había estado en secreto enamorada de aquel joven, a pesar de llevarle casi 20 años y estar felizmente casada— cogió el oso y se lo llevó a casa, donde vería la grabación en el ordenador de su hijo.

Esa misma tarde, Gloria Bermúdez, mujer de la limpieza, haría una visita a la comisaría de policía local, llevando en su mano un osito de peluche, y temblando como si hubiera visto un fantasma, cosa que no andaba tan lejos de la realidad.

El vídeo mostraba claramente lo que había ocurrido y cerraba el caso, que quedaría archivado como muerte accidental, después de que la policía examinara a conciencia el ordenador de la víctima, al cual no habían dado mucha importancia la primera vez. Al parecer, llevaba manteniendo casi un año una relación sexual por Internet con una mujer japonesa que se hacía llamar Yuki2007. Su relación se basaba en el intercambio de vídeos y fotos pornográficos. Cada vez, uno de ellos pedía al otro que hiciera algo frente a la cámara de fotos o de vídeo y éste lo hacía y enviaba. La última petición de Yuki2007, bastante inocente por otro lado, fue lo que al final supuso la muerte del pobre Ernesto Balaguer.

Yuki2007 había enviado por correo un billete de 100 yenes nuevecito a Ernesto, el cual usaba un código postal para evitar dar su dirección a cualquiera —de ahí la llave—, de donde recogió el billete, nuevo y reluciente. Por razones que no había desvelado, Yuki2007 quería ver a Ernesto desnudo, con el billete pegado en su frente y sosteniendo un palo de hockey con guantes de cocina, a lo que él accedió sin dudar. Con la inestimable ayuda de su aliento pegó el billete. Por desgracia para él, el aliento no es un gran pegamento, por lo que el billete cayó en poco tiempo. Incapaz de cogerlo con los guantes, decidió que sería mejor dejar que se pegara a uno de sus pies, tras lo que lo depositaría en la cama y volvería a empezar. Pero el billete era tan nuevo que provocó que resbalara, tras lo que se produjo el golpe con el palo de hockey y su muerte.

El vídeo fue destruido, el caso archivado como accidente y Gloria Bermúdez no volvió jamás a fantasear con ningún jovencito universitario. Por una vez llegó a ver desnudo a su idolatrado Ernesto, y no necesitó —ni pudo— hacerlo nunca más.

FIN

Estoy nominado

No, ni participaba en Gran Hermano, ni tengo intención de hacerlo, pero el título encaja perfectamente con la buena noticia que tengo que contar: soy finalista del premio de relato 2008 de http://www.yoescribo.com

De momento soy sólo finalista, pero supongo que quedar entre los diez primeros, dentro de los varios cientos de participantes que había, ya está bastante bien. Eso sin tener en cuenta que es la primera vez que me ocurre algo así y estoy especialmente feliz. Referencia en:

http://www.yoescribo.com/publica/premios/cuento.aspx

Ahora me queda imprimir, rellenar y firmar el contrato de edición que me han enviado, que entrará en vigor en caso de que sea el ganador del premio. En principio, son 3000 euros y la publicación del relato, con una tirada de 500 ejemplares de los que 50 serían para mí. Tengo hasta el 30 de enero para la entrega del contrato, por lo que supongo que a lo largo de febrero sabré si soy el ganador.

Gracias a todos los que me hayáis apoyado con vuestros votos y gracias también a los que no, siempre que al menos os hayáis molestado en leer el relato. Ahora tengo algo con un poco más de enjundia para incluir en mi curriculum literario. Menos da una piedra y por algo se empieza.

Tal vez en breve debería incluso cambiar el nombre de este blog…

Forma y fondo

Vengo del foro (Bibliotecas virtuales) en el que algunos de vosotros me habéis conocido y uno de los temas de discusión (uno de los eternos temas de discusión de siempre en el foro) me ha llamado la atención e impulsado a escribir aquí.

El tema, iniciado por uno de los veteranos del foro, versa sobre si deberían abandonar el foro los usuarios que escriban con muchas faltas de ortografía. Se mencionan más características que deberían cumplir los usuarios que tienen que «abandonar» el foro, pero yo me quedo con esta primera, y con una de las respuestas que el tema ha recibido, de parte de un usuario que, resumiendo, decía que todo escritor tiene derecho a escribir sin saber las normas de ortografía.

Ahí es donde yo mismo he tenido que intervenir en el foro y dejar claro por qué no considero que se deba usar la palabra «escritor» en esa frase.

Empecemos por el principio: ¿quién puede considerarse escritor? ¿El que escribe, sea lo que sea? ¿El que ha publicado algo, sea lo que sea?

Reconozco que yo mismo me he referido, en más de una ocasión, a mí mismo y otros usuario del foro como «escritores», así que considero justo explicar mi definición de dicha palabra, una parte de la cual ha quedado clara en mi respuesta en el foro.

¿Es escritor el que escribe? No. Lo siento, porque sé que voy a herir a muchas personas, algunas de las cuales probablemente dejen de leer este blog, pero no puedo aceptar como escritores a muchos que escriben por escribir. Me explico: he visto, gracias al foro antes mencionado, a mucha gente que escribe con faltas de ortografía o poniendo en mayúscula cada palabra de una frase, como está de moda actualmente entre los angloparlantes. No diré que esos no sean escritores, pero no consideraré en la vida escritor a aquel que, después de habérsele comentado que debe mejorar su forma de escribir o corregir mejor sus textos, sólo es capaz de responder «quien no le guste, que no me lea» o «lo que importa es escribir, no cómo se escribe». Como ya he comentado en el foro: «¿podríamos considerar fontanero a alguien al que le gusta colocar tuberías, aunque lo haga mal?». Yo, por mi parte, jamás confiaría mi casa a alguien así, y espero que el mundo no confíe su literatura a gente que no se molesta en corregir lo que escribe. A muchos otros, podría coneiderarles, como suelo referirme a veces a mí mismo, «escritores no publicados», pero tampoco termina de gustarme la definición. Tal vez no tenga del todo claro qué es ser escritor, pero sí tengo muy claro qué no lo es.

Ahora, vamos con aquello a lo que quería llegar: ¿qué es más importante, la forma o el fondo?

¿Debemos escribir con palabras y construcciones preciosistas, aunque el fondo de lo que contemos no transmita nada? O por otro lado, ¿no importa que las palabras no sean tan «rebuscadas», mientras la historia o su calidad valgan la pena?

Ni lo uno, ni lo otro. Todo escritor debería buscar un equilibrio entre forma y fondo, y no dejar que ninguno destaque sobre el otro. Y por supuesto, todo aquel que diga que las faltas de ortografía no son importantes, queda fuera de mi lista de escritores. No me gustan ni los fundamentalista de la palabra preciosista o los que consideran escribir como juntar palabras, pero tampoco los que no se preocupan por cuidar lo que escriben. Tal vez sea un poco paranoico, lo cual me lleva a repasar, al menos una vez, todo mensaje que escribo en foros, todos los emails que escribo, y cada artículo que publico aquí, pero se me cae la cara de vergüenza cada vez que, después de haber subido un texto, descubro una falta de ortografía.

En fin, espero no haber herido muchas sensibilidades. Supongo que podría haber sido más sangrante, pero, sinceramente, no lo creía necesario. Quien deba darse por aludido ya lo habrá hecho y si no es así, lo sentiré por su ceguera. Sólo busco lo que todos, que todo aquel cuyos escritos deban ver la luz, algún día pueda publicar, pero siempre procurando mejorar. Y por descontado, no me vale eso de «quien no le guste, que no me lea» para justificar las faltas de ortografía. Me vale para todos aquellos que escriban de una forma especial o diferente, o incluso para aquellos cuyos libros no me gustan, como Dan Brown. Podremos decir muchas cosas sobre sus novelas, sus tramas o su rigor histórico, pero no sobre sus faltas de ortografía.

Comienza el proceso…

… de votaciones en yoescribo.com. Como ya comenté en mi última entrada, hoy, 1 de diciembre de 2007, empieza el proceso de votaciones de los lectores, dentro del premio de relato 2007 de yoescribo.com. El proceso se alargará hasta el día 31.

Entre los relatos presentados a dicho concurso, está «¿Quién dijo miedo?», escrito por vuestro humilde servidor. Es un relato de intriga de unas 50 páginas, escrito hace unos tres años. Durante los dos últimos, ha estado alojado en yoescribo.com, donde ha cosechado un relativo éxito, con algo más de 130 descargas. Ahora espero que el éxito sea completo, con este premio.

Como ya dije en su momento, no busco que veotéis por votar, o porque os caiga simpático. No escribí ese relato pensando en este u otros concursos, por lo que confío en la frescura que le da el haberlo hecho sin presiones o sin expectativas creadas. Lo que os pido es que lo bajéis y lo leáis, eso por lo menos. Si después os gusta tanto como para pensar que merece vuestro voto, hacedlo. Si, por el contrario, pensáis que no merece la pena, no lo votéis, pero espero que incluso en ese caso, os resulte una lectura agradable.

Dentro de un mes, cuando salgan los resultados del concurso, os pondré al día sobre los mismos. Espero que sea para anunciar la consecución de mi primer premio y, como resultado, la publicación de mi primer libro, aunque se trate de un relato corto.

Un poco de autopromoción

Nunca he sido muy dado al autobombo y la autopromoción, pero mentiría si dijera que, al menos en parte, no creé este blog por ese motivo.

El caso que nos ocupa es que desde el día 1 de diciembre de este año, ya al caer, empieza el periodo de votaciones para el premio de relato de yoescribo.com, en el cual participo con mi relato «¿Quién dijo miedo?». Desde aquí os animo a que lo leáis y votéis si os gusta. No estoy pidiendo el voto a ciegas (aunque no negaré que también me sería positivo) sino un voto en conciencia. Si os gusta, votadme, y tal vez así logre ganar mi primer premio literario. No es el premio más prestigioso, pero sí un buen trampolín y la oportunidad de llenar mi curriculum literario con algo de más enjundia que lo hecho hasta el momento.

Pues nada más por hoy. No dejéis de entrar en yoescribo.com y al menos leer mi relato. Y contádselo a todos los aficionados a la lectura que se crucen en vuestro camino. Gracias y saludos a todos/as.

Sigo con lo mío

Ayer realicé lo que se suele denominar «lluvia de ideas», para dar forma a las anotaciones iniciales de la que podría ser mi próxima novela, tras lo cual tengo ya notas hechas para unas 20 ó 21 novelas aún por escribir.

Sé que alguno querra (metafóricamente) «saltarme al cuello» después de leer las siguientes palabras, pero esta novela de la que hablo podría encuadrarse dentro de lo que conocemos como «novela fantástica». No quiero que nadie piense en estas palabras como una justificación (Excusatio non petita, acusatio manifiesta), simplemente me apetecía escribir algo en el blog y esto es lo más reciente que me ha pasado.

Más de una vez he afirmado que no me dedico (ni tengo intención de dedicarme) a escribir Harry Potters o similares, y creo que esta novela seguirá en esa misma línea. La premisa argumental (me vais a permitir que no la revele por aquello del robo de ideas) me hace pensar que podría encuadrarse dentro la línea de «mudno fantástico dentro de nuestro mundo», aunque creo que con matices de cierta originalidad. No esperéis encontrar dragones, espadas, elfos o demás elementos tolkenianos. Mi idea es que resulte más simbólico y/o alegórico.

Hasta el momento, nunca me había planteado escribir una novela de este tipo, aunque las ideas que están dando forma a ésta me atraen mucho. Todo empezó durante la noche del viernes al sábado, más bien mañana del sábado ya, gracias a un sueño bastante curioso que tuve. El tema de los sueños siempre me ha fascinado (de hecho juegan un papel muy importante en la primera novela que escribí). Llevo tiempo dando vueltas en la cabeza a la idea de escribir otra historia en la que los sueños sean parte importante, y el del otro día me inspiró lo suficiente. De hecho, más que suficiente, ya que creo que es la vez que más ideas he anotado antes de empezar a escribir una nueva novela. Sólo espero que mis ideas se mantengan igual de frescas y ágiles durante el tiempo que pase escribiendo la novela y ésta mantenga la intensidad.

Mientras tanto, estoy también corrigiendo mi última novela, que empecé hace algo más de un año y terminé hace unos dos meses. Aprovechando que cuento con una pda con bastante capacidad y que funciona muy bien a la hora de escribir, hago las correcciones en el metro por la mañana cuando voy a trabajar y por la tarde/noche cuando vuelvo. Como tengo unos 40 minutos en cada viaje, me da tiempo a corregir bastante, aunque, eso sí, siempre con cuidado. De todos modos, supongo que una vez que acabe, deberé repasarla de nuevo para estar seguro de que no se me ha escapado nada.

Por lo demás, sigo a la espera de respuesta por parte de unas pocas editoriales y un par de agencias literarias, pero ya se sabe cómo van esas cosas: desesperantemente despacio.

Pues nada más me queda por contar hoy. Hasta la próxima

Coedición, esa gran desconocida

Hace poco recibí un email de una editorial que, aparte de edición tradicional, ofrece la posibilidad de coedición, lo cual me ha llevado a escribir esta pequeña reflexión sobre dicha modalidad de edición. No voy a nombrar a la editorial en cuestión, ya que esta gente sí va de cara con sus autores y les deja claro lo que hay. Además, llevan poco tiempo en esto y no tengo intención de perjudicarles, lo cual no es el objetivo del presente artículo.

La coedición, prima hermana de la autoedición, te la suelen vender de varias formas, unas más sinceras que otras. Conocidas son editoriales como Entrelíneas, de la que ya hablé largo y tendido en su momento, o Atlantis. Ambas son del tipo de editorial que no te dice nada sobre la coedición prácticamente hasta el momento de firmar el contrato y, en el caso de la primera, ha habido incluso casos en los que han amenzado a los autores que se han negado a firmar, alegando que no les conviene hablar del contrato que les han ofrecido, por el desprestigio que les supondría. Van más allá, incluyendo en su web un decálogo sobre lo que debe ser una buena editorial, que advierte a los autores de editoriales como ellos mismos, pero eso ya es harina de otro costal.

En ocasiones anteriores, y en foros como el de bibliotecasvirtuales.com, he reiterado que no estoy totalmente en contra de la coedición, siempre que el autor sea consciente de dónde se está metiendo y el editor le deje claro que le «publica» porque le paga, no porque vaya a ser el nuevo best-seller del año, aunque este caso es más raro que ver volar a un burro. Muchos autores, unos por desconocimiento y otros por estar ya desesperados después de haber enviado su amado manuscrito a las «grandes»(*) editoriales, para recibir sólo cartas de rechazo, se dejan seducir por los cantos de sirena de estos editores, a los que se les llena la boca con «royalties», beneficios altos, presentaciones y demás zarandajas, aunque en muchos casos no cumplen con lo prometido. A mí mismo me han ofrecido ya en varias ocasiones la coedición (en la mayoría de los casos las propuestas vinieron de gente que ni siquiera había leído un manuscrito mío completo, manda narices), y sólo una vez me la ofrecieron sin tapujos y sin trampa ni cartón. Las palabras de la persona que me hizo la oferta fueron, más o menos, las siguientes: «Ahora eres un escritor desconocido y nosotros una editorial pequeña, por lo que te podría ofrecer una coedición para tu primera novela. Si esa novela tiene suficiente éxito, para posteriores obras ya negociaríamos un contrato de edición tradicional en el que no tuvieras que pagar nada.». A pesar del repelús que me da la coedición, reconozco que esa persona se ganó mi respeto, al menos por su sinceridad. No tengo intención de coeditar, primero porque tengo una hipoteca que pagar y ni ganas ni disponibilidad para desembolsar las burradas de entre 3.000 y 4.000 euros que suelen pedir por ediciones con tiradas ridículas, y segundo, porque sé positivamente (y porque yo mismo lo hago) que gran parte de mis potenciales lectores no me tomarían en serio por haber tenido que pagar para ver mi obra editada. Vale que mi padre, por poner un ejemplo, lee casi cualquier cosa que pasa por sus manos y no sabe qué es la coedición o si lo normal es que te paguen por editar o seas tú quien deba pagar, pero hay mucha gente que sí lo sabe, y cualquier crítica literaria sobre cualquier de mis obras que incluyera una referencia a que hubiera tenido que pagar por publicarla, sería una crítica negativa.

Por otra parte, hay un detalle que me hace una especial gracia: sé que no es lo que ocurre en todos los casos, pero no deja de ser curioso lo mal editados y corregidos que se publican algunos títulos cuyos autores se han acogido a la coedición. Sé, gracias a Maritornes, autora del blog «Corte y corrección», que muchas de estas editoriales de coedición contratan a correctores ortográficos y de estilo para que arreglen los bodrios que algunos autores tratan de coeditar, pero también sé de casos en los que las novelas (sin haber sido autoeditadas) han salido a la calle con todos los fallos que el autor había cometido durante su redacción. ¿Acaso los 3.000 á 4.000 euros abonados, que se supone cubren el 50% de los costes, no dan derecho a un servicio de corrección? Si una editorial «seria», que apuesta por uno sin cobrarle, contrata correctores (a los que, como es lógico, hay que pagar) para que la novela llegue al mercado en las mejores condiciones, ¿cómo se entiende que las que sí te cobran no te den ese servicio?

Sigo pensando que cada uno es libre de hacer lo que quiera con sus textos y de decidir si desea pagar o no, pero sigo pensando también que la autoedición y la coedición pueden suponer grandes errores en la carrera de alguien que realmente desee escribir y que sus obras lleguen a la gente. Si buscas tener en tapa dura aquella colección de poesías que le escribiste a tu novia antes de casaros, me parece perfecto que lo quieras hacer, pero para eso te va a una imprenta directamente, donde te saldrá más barato. Si lo que buscas es publicar y que todo el mundo tenga la oportunidad de acceder a tu obra, piénsate mucho si confías en ella. Si no confías en que tu obra sea suficientemente buena como para ser publicada, pero a pesar de eso, sigues queriendo hacerlo, allá tú con lo que haces con tu dinero. Si, por el contrario, confías en la calidad de tus obras, éstas saldran a relucir más tarde o más temprano, y en elgún lugar habrá una editorial tradicional dispuesta a publicarla y difundirla. Los buenos textos no suelen durar demasiado tiempo en el cajón.

(*) Grandes en tamaño, lo cual no siempre significa grandes en trabajo con el autor o en calidad de edición.

Hoy me sentía creativo

Así es, me he sentido creativo, así que me he puesto a escribir y en un par de horitas (con un descansito para beber una Coca cola, que hace calor) me ha salido este texto. Es una vieja idea que escribí hace unos años y que nunca me convenció, así que he decidido retomarla y ahora me gusta cómo ha quedado. Espero que a vosotros también os guste, y a ver si comentáis/criticáis más los textos, que a veces me quedo con la sensación de que nadie los lee.

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Hades

He tomado por fin la gran decisión. Tranquilidad, no pienso suicidarme, sólo provocar un poco de caos en el mundo.

Quien no me conozca mucho pensará al verme que soy uno de esos “frikis”, obsesionados por las nuevas tecnologías, y la verdad es que no estarían muy mal encaminados. Debo reconocer que no siempre fui así, pero las circunstancias de la vida me hicieron cambiar. Tal vez fuera el trabajo del que me echaron por una cagada que yo no había cometido, la novia que me dejó por un tipo al que siendo generoso sólo podría calificar de “capullo”, o unos padres que murieron por culpa de un borracho que se saltó un semáforo y quedó en libertad sólo porque el policía que le tomó los datos debía de estar más borracho que él y no dio ni una. El caso es que hace ya tiempo que me cansé de todo esto y si este mundo no es para mí, no va a ser para nadie.

Hace unos años, me reía cuando, leyendo en Internet una página acerca de los “frikis”, vi que en su “manifiesto” afirmaban que una de las principales condiciones para ser considerado “friki” es tener el deseo de dominar el mundo. Resultaba bastante divertido, pero poco podía yo imaginar entonces que unos años más tarde, me encontraría frente a un ordenador, convertido en un “friki” más y dispuesto no sólo a dominar el mundo, sino tal vez incluso a mandarlo a hacer puñetas.

Me explicaré: el tema de los “frikis” me llevó a interesarme por la informática, para la que siempre me había considerado bastante negado. Como estaba sin trabajo y pocas eran las perspectivas de conseguir uno nuevo, me dediqué de lleno al estudio de las nuevas tecnologías. En poco tiempo, conseguí superar el miedo inicial al teclado y el ratón y, según palabras de uno de los profesores de la academia en la que me apunté, pasé de negado a “gurú de la programación”. Mis nuevas habilidades me permitieron encontrar un trabajo nuevo con gran rapidez, pero no tardé en aburrirme. Intenté mezclarme con los “frikis”, pero nunca llegaron a aceptarme. Aunque la mayoría de ellos me veían como un superior en cuanto a conocimientos, para ellos jamás dejé de ser un extraño. Me veían como un tipo caprichoso al que de repente le había dado por aprender informática, como también podría haber decidido aprender mecánica o macramé. El trabajo me duró menos que el anterior, concretamente el tiempo que dejé de ser interesante para el resto de compañeros (ya no impresionaba ni a los becarios) más el que tardé en cansarme de no poder desarrollar mis nuevos conocimientos. Mi nuevo gran trabajo consistía en hacer aburridas “aplicaciones de gestión” para aburridos clientes, y en semejante coyuntura no me sentía realizado.

Después de despedirme y salir de la oficina sin mirar atrás, decidí que iba a sentirme realizado como fuera e iba a dejar mi huella en el mundo. Con la ayuda de Google, unos cuantos libros de programación y mi imaginación, en poco tiempo decidí qué iba a hacer: el virus más destructivo de la historia. Tanto tiempo entre ordenadores me había llevado a descubrir lo mucho que dependemos de la informática en el día a día, en un tiempo en el que hasta los frigoríficos se conectan a Internet y hacen la compra por ti. Pasé cerca de un año estudiando a diario cómo acometer la tarea, hasta dar con un pequeño programa capaz de infectar prácticamente cualquier sistema que incorporase un chip susceptible de ser programado. En el caso de los ordenadores, debería ser capaz de quemar los discos duros y en el caso de todos los demás aparatos que no contaran con dicho componente, deberían calentarse hasta quemarse a sí mismos y, con suerte, lo que hubiera alrededor. Además de eso, debería ser el virus de más fácil propagación de la historia, para que hubiera infectado suficientes ordenadores antes de que alguien llegara a detectarlo. Y aunque lo detectaran, debería ser también suficientemente complejo para que ni los más expertos (todos peores que yo, seguro) fueran capaces de descubrir su funcionamiento.

Por fin tengo delante el fruto de mi esfuerzo. He decidido llamarlo “Osito de peluche” para que nadie pueda sospechar de su verdadera naturaleza, aunque escondido muy en el fondo del código he incluido su verdadero nombre, Hades, como homenaje al dios de los muertos de la antigüedad. De momento, he hecho pruebas en mi cuarto, con un grupo de diez ordenadores de segunda mano que compre en eBay, por lo que no lloré cuando se frieron sin remedio. Tuve el mayor cuidado posible (aunque parezca absurdo) para que no saliera de mi pequeño entorno controlado, y dejé que el mundo viviera unos pocos días más. En cuanto propague el virus y éste se encargue de reducir a polvo todo sistema informático, quiero hacerlo siendo consciente de todo y de la destrucción que voy a provocar. Ahora mismo, estoy a punto de hacerlo. Sólo tengo que introducir la clave, formada por seis números que sólo yo conozco, pinchar en el icono del programa del virus y, en menos de un día, el mundo estará sumido en el caos. En un principio, pensé en dejar dos o tres ordenadores intactos, todos míos, y en el futuro venderlos como piezas de museo a algún “friki” con mono de máquina y dispuesto a pagar millones por ellos, pero también pensé que sería mejor dejarlo estar, para no despertar sospechas y porque tal vez sería aburrido ser el único informático del mundo con un ordenador con el que trabajar. Lo más divertido será ver y sentir el caos, aunque afecte también a mis pobres ordenadores. Tengo unas tremendas ganas de ver la cara del tipo de las noticias cuando tenga que darlas sin ordenadores, sin “teleprompter” y con una cara de sorpresa que le llegue al suelo.

Ha llegado el momento, empecemos la cuenta atrás:

Diez…

Nueve…

Ocho…

Siete…

Seis…

Cinco…

Cuatro…

Tres…

Dos…

Uno…

Mierda.

Mi mundo y mi caos se han vuelto de color azul, como mi pantalla. Windows ha efectuado una operación no válida y se va a apagar. Tengo el virus más destructivo del mundo y Windows efectúa una operación no válida.

Estoy demasiado cansado, me voy a la cama. Ya destruiré el mundo mañana.

FIN