Peligros del mundo editorial: Las editoriales aprovechadas

De todos es sabido lo difícil que puede resultar para un escritor novato publicar su primera obra literaria, pero aún más difícil resulta ignorar los «cantos de sirena» de ciertos personajes que tratan de aprovecharse de aquellos que quieren publicar pero no conocen todos los entresijos del mundo editorial.

De la misma manera que ocurre con los agentes literarios aprovechados, de los que ya hablé en una anterior entrada de este blog, últimamente se han puesto de moda las editoriales que llevan a cabo prácticas muy similares. Acceden a páginas en las que nos solemos juntar muchos aspirantes a escritor o escritores aficionados, donde recopilan todas las direcciones de email que pueden. Después, envían emails a sus dueños, ofreciendo sus servicios.

Es el caso de una editorial con la que tuve oportunidad de tratar la semana pasada, llamada «Concepto Grupo Editorial», que se ponía en contacto conmigo alegando que consideraban los escritos que tengo colgados en yoescribo.com perfectamente publicables. Esta afirmación podría ser capaz de elevar el ego y la autoestima de cualquier aficionado a la escritura, salvo por el hecho de que la mayor parte de lo que he colgado en yoescribo.com no supera las cinco páginas.

El email que recibí, en dos direcciones distintas, una la que puede encontrarse entre los comentarios de este blog y otra que figura en mi ficha de yoescribo.com, incluía la url de la web de la editorial, a la cual acudí raudo y veloz, aunque no esperaba nada más allá de lo que al final encontré: autoedición. Según la página, sus servicios se centran en la «Edición de autor» (eufemismo preciosista para referirse a la autoedición) y la «Edición corporativa», es decir, imprimir catálogos de productos y panfletos publicitarios para empresas. Inmediatamente, redacté un educado email en el que dejaba claro que no me interesaba la autoedición, pero que me interesaba saber más de ellos.

Recibí respuesta en un día. En el nuevo email, me indicaban que la autoedición no era la única opción, y que también se dedicaban (oh, sorpresa) a la coedición. En un último comentario, daban a entender que en casos muy concretos, incluso costeaban ellos la edición completa. Animado por esto último, decidí escribir un nuevo email, en el que dejaba claro que la coedición tampoco entraba en mis planes, pero que aún quería conocer sus otros medios de edición y su forma de trabajo. Una semana después, todavía espero una respuesta. Qué curioso resulta ver que cuando he rechazado tanto la autoedición como la coedición, ya no me respondan, a pesar de que, según ellos, en ocasiones costean toda la edición. Si los textos míos que han leído son tan buenos como dicen, ¿no lo son también para que ellos costeen la edición? Tal vez porque nunca tuvieron intención de hacer semejante cosa, y esperaban que alguien sin experiencia literaria (léase experiencia como «libros publicados») no conociera el mundo literario y considerase que eso de pagar por publicar debe de ser lo normal.

Yo no tengo nada en contra de las decenas de autores que, conscientemente y sabiendo que hay otras opciones, deciden autoeditarse o coeditar y buscarse la vida vendiendo los libros como buenamente pueden. Lo que no soporto es a esa manada de buitres que rondan a los escritores primerizos, haciéndoles creer que van a ser la nueva sensación de la temporada y que pagar por publicar es lo más normal y lo que todo el mundo hace. Si es tan normal, ¿por qué en lugar de ir a por Jorge Urreta, vuestro humilde servidor, o cualquier otro autor sin nada publicado, no van donde Arturo Pérez-Reverte o Antonio Gala y les venden lo mismo? Seguro que las novelas de tan insignes autores son más vendibles que las mías. ¿Por qué? Porque cualquiera de esos dos autores u otros, aun los no publicados, que sepa de qué va el tema, les mandaría, con cajas destempladas, a tomar por donde amargan los pepinos.

Sé que habrá quien vea algo de paranoia en estas palabras o incluso algo de manía persecutoria, pero en el poco tiempo que llevo en esto de buscar editorial (llevo más escribiendo, pero sólo un año y medio buscando activamente) he visto tantos «lobos con piel de cordero», que se hace difícil confiar.

Por último, aunque no tiene que ver directamente con el tema de esta entrada, voy a hacer algo que los que seáis asiduos lectores de este blog, sabréis ya que no suelo hacer: comentar un comentario que he recibido.

Hace un mes y pico, publiqué un nuevo relato en el blog, «¿Quién dijo que era difícil ganar la lotería?», el cual me ha ganado un comentario de una persona, de nick «Derian», que me acusa, según sus propias palabras, de estar «obsesionado por el palabra mercantilizada y la hoja impresa». Pues bien, ya que se me acusa, me defenderé: señor Derian, siento que piense eso, pero siento también que no haya leído ni la décima parte de este blog (seguramente sólo leyó usted el relato). Si hubiera leído algo más del blog, sabría que desde que empecé a escribir, hace ya cinco años (sí cinco años), he finalizado SIETE novelas, las cuales nunca dejé de escribir, a pesar de que no sabía si las iba a publicar y durante mucho tiempo, ni siquiera me atreví a enseñarlas. He escrito cosas que han sido leídas por gente profesional, y rechazadas porque la temática no era de las que actualmente están de moda, a pesar de que mi estilo de escritura ha sido valorado positivamente en esos casos. ¿Es eso estar obsesionado por la palabra mercantilizada? Si fuera así, ¿no cree que estaría escribiendo novelas fantásticas, históricas o policíacas, los géneros de moda? Una cosa le voy a decir, amigo Derian: que usted escriba poesía (he estado en su blog), ese género algunas veces idealizado hasta límites absurdos, y yo no, no me convierte en peor escritor que usted, por mucho asco (palabra que estaba totalmente fuera de lugar en su comentario) que pueda darle.

Pido perdón a todos los poetas si se han sentido ofendido por mi último comentario, pero también he conocido personas sin el más mínimo talento para la escritura que se creían mejores que yo porque escribían «poesía». A todos los demás, no dejéis de escribir. Y a los que no escribís poesía, seguid escribiendo lo que escribáis, aunque sólo sean las etiquetas del champú. Mientras lo hagáis con convicción y buscando tanto la calidad como ayudar a los demás, aunque sólo sea a pasar un rato agradable, tendréis siempre mi respeto.

Peligros del mundo editorial: Los aprovechados

Muchos de los que leéis habitualmente este blog, habéis oído hablar o habéis sufrido a gente como la editorial Entrelineas, sobre la que se ha hablado largo y tendido en la red. De hecho, yo mismo publiqué una entrada en la que narré mi propia experiencia con dicha editorial.

Pues bien, hace poco conocí otro elemento negativo y parasitario del mundo editorial: los falsos “agentes literarios”. Quienes hayáis seguido este blog a lo largo de los últimos meses, sabéis que ando a la caza y captura de un agente literario para mis obras. Durante ese proceso, me topé con un agente, del que ya os hablé en la correspondiente entrada, que decía haber visto mis obras en yoescribo.com y se mostraba muy interesado en saber qué estaba haciendo y cuáles eran mis proyectos futuros. Le envié unas cosillas y él pasó de mí. Hasta ahí, todo más o menos normal, si no fuera por lo que he ido descubriendo en los últimos tiempos sobre dicha persona, a raíz de que se pusiera en contacto con una persona que conozco gracias a un foro literario. La historia que contaba en el foro me resultó curiosamente familiar, así que le envié un mensaje privado preguntando por ese agente del que hablaba y descubrí que era la misma persona de la que yo hablaba.

No voy a citar su nombre completo, ya que me consta que hay gente que ha publicado por medio de esa persona, y nada más lejos de mi intención que perjudicar a ningún escritor, que, como yo, tuvo que pasar algún día por el duro trabajo de buscar alguien que quisiera publicarle. Como si de una página de sucesos del periódico se tratara, lo que sí voy a mencionar son sus iniciales: J. M. R. A. Supongo que a quienes hayáis recibido la llamada de este “agente” os sonarán las iniciales, pero para aquellos que estáis en duda, aquí van unas pistas sobre él:

  • Suele contactar con gente que publica en yoescribo.com
  • Se presenta como agente literario, aunque, al menos en mi caso, escribe los emails desde una dirección de Hotmail que según la Agencia Española del ISBN está registrada a nombre de una editorial
  • Si llegáis a tratar el tema de sus honorarios, dice que cobra el 30% de los beneficios del autor, lo cual es excesivo, concretamente el doble de lo que cobran todas las agencias literarias serias de este país.
  • Es posible que os dé como referencia los datos de dos autores que “representa”. Lo de representa lo pongo entre comillas porque curiosamente, esos dos autores vieron publicadas sus respectivas primeras novelas en la mencionada editorial a la que pertenece la dirección de Hotmail

Lo que me hace sospechar, aparte del detalle de la editorial, en la que el propio agente tiene publicadas varias de sus obras, todas de no ficción, es el hecho del 30% que cobra. La mayoría de editoriales de coedición o autoedición que pululan por este país, suelen anunciar beneficios del 70% por ejemplar vendido para el autor, lo que encaja de manera muy sospechosa con el 30% que este “agente” cobra.

Y para terminar, un par de detallitos más para la correcta identificación de este personaje:

  • Su editorial se encuentra en un pequeño pueblo de Vizcaya. Alguna vez he pensado incluso en pasar por allí, ya que podría llegar en poco más de media hora, pero no creo que lo haga.
  • Para los que ya le hayáis identificado: si buscáis su nombre completo en Google, entre los resultados aparece un artículo en el que se habla de la presentación del primer libro de uno de los dos autores que presenta como referencia. En dicho artículo, se refieren a él como “editor” y no como “agente”.

Pues nada, lo dicho, id con cuidado y con mil ojos, que hay muchos lobos con piel de cordero esperando agazapados.

Un nuevo relato

¿Sabéis que hice el jueves, justo el día después de recibir el mensaje de rechazo de la agencia Sandra Bruna? Escribir un relato corto, el primero que escribo en algo más de un año. Tranquilos, no es que hubiera dejado de escribir, sino que sigo enfrascado en mi última novela, un «tocho» que va ya camino de los 400 folios, y eso con espaciado simple. Miedo me da el día que quiera enviársela a alguien y la tenga que imprimir. Espero que para entonces haya ya más gente a la que no le importe recibir manuscritos por correo electrónico. Por otra parte, ya estoy enfrascado también en buscar otro agente literario, y he enviado un pequeño resumen a varias agencias. De momento, me han contestado de un par de esas que cobran por un «informe de lectura». Sobre una de ellas, la agencia IMC, le he hecho una consulta a Prometeo, responsable del blog «Miserias Literarias», por si la conoce. Sé que es una de las agencias que se juntaron hace unos meses en un gremio de agentes literarios o algo así, pero tampoco tengo referencias suyas. Para un manuscrito de la longitud del mío, piden 80 euros, que tampoco parece exagerado. Si el informe en cuestión es útil y sincero (no como esos de las editoriales de coedición, que siempre te ponen por las nubes) tal vez merezca la pena. Bueno, después de este rollo, voy a incluir el relato. Para todos aquellos que, como yo, hayáis crecido viendo teleseries como «Historias de la cripta», «Más allá del límite» y similares, el estilo es posible que os suene. Es una idea que me vino a la mente el miércoles a la noche, estando en la cama (hay que ver cómo me fastidia que se me ocurra una idea cuando intento dormir). Al día siguiente, me puse después de comer y en poco más de una hora ya lo había escrito. El viernes lo corregí y hoy llega aquí y a yoescribo.com, donde estará subido en unas semanas. Vamos ya con el relato:

¿QUIÉN DIJO QUE ERA DIFÍCIL GANAR LA LOTERÍA?

Durante toda mi vida, mi mayor ilusión ha sido siempre ganar la lotería. Pues bien, lo he logrado.

En estos momentos, tengo ante mí una serie completa del número de lotería que salió premiado ayer a las diez de la noche, en el sorteo que batió todos los records establecidos. Por primera vez en su historia, la Organización Nacional de Loterías y Apuestas del Estado de España entregará un premio de cien millones de euros, que se dice pronto. Aunque yo ya lo sabía.

¿Y cómo podía saberlo? Porque yo ya lo vi hace una semana.

No, no tengo una bola de cristal, ni sé interpretar las cartas del tarot, los posos del café o los pelos de la calva de mi jefe, pero hace años que adquirí la capacidad de viajar en el tiempo.

Así las cosas, descansaba yo en mi casa hace una semana. Estaba viendo el sorteo de lotería en el que se daría el impresionante premio que he mencionado. Mi décimo, que jamás obtendría un premio, ni el más pequeño, estaba en mi mano. Minutos de tensión; bombos y bolas girando; bolas cayendo; desilusión. En pocos minutos, tenía en mi mano un trozo de papel inservible, con el que sólo podía hacer una cosa que, por educación, no voy a mencionar. Hice una pelota con él y practiqué mi tiro de tres puntos, tras lo que maldije mi suerte por enésima vez y volví a mi vida de siempre. Dos días después, mandé todo al carajo y tomé una decisión: iba a anotar el número del boleto premiado y me iba a hacer con él, costara lo que costara. No en vano, yo era el viajero en el tiempo. Sólo supe casualmente que el ganador del premio había sido un visitador médico de algún sitio que no recordaba, pero ese era un detalle irrelevante y que no influía, ni positiva ni negativamente, en mi “habilidad”.

Si has leído mi relato hasta este punto, supongo que ya te estarás preguntando por qué no tenía ya el boleto premiado en el momento del sorteo y qué hacía con uno cualquiera, sin al menos haber comprobado si me iba a llevar algún premio. Tal vez una pequeña incursión en el pasado, sólo para mirar, ¿no?

Nada más lejos de la realidad. No existen las pequeñas incursiones en el pasado, y pude comprobar eso cuando era pequeño y, casi de casualidad, descubrí que podía viajar en el tiempo. Tendría yo unos diez años, cuando vi que era capaz de hacer lo que otros sólo podían soñar, pero el sueño no tardó en tornarse pesadilla, en cuanto descubrí que algo así siempre tiene consecuencias. Como dijo una vez un sabio: «Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad». Pronto constaté que cualquier tontería, incluso pisar la brizna de hierba equivocada, podía desencadenar una serie de acontecimientos que llevaran a cambiar el futuro de forma radical. No es que cambiara el futuro hasta el punto de matar a mi propio padre o cosas por el estilo, pero sí lo suficiente como para asustar a un ya de por sí asustadizo niño de diez años. ¿Por qué Dios o quien sea no dará estos poderes a los tipos valientes y seguros de sí mismos?

El caso es que juré inmediatamente que no iba a volver a usar jamás ese poder, por muy tentado que estuviera. Logré mantener mi juramento durante más de quince años, pero hay cosas contra las que nadie, ni siquiera alguien capaz de viajar en el tiempo, puede luchar. En mi caso, tenía que luchar contra perder mi trabajo.

Dos días después del sorteo de lotería, con la decepción aún presente, fui llamado al despacho de mi jefe, quien tras deshacerse en elogios hacia mi persona, me comunicó que iban a rescindir mi contrato por «recortes en la plantilla». Me entregó una carta de despido y una jugosa indemnización, con lo que, en menos de una hora, estaba de vuelta en casa, sin trabajo y sin perspectivas de futuro. En momentos como ese, uno desea haber nacido en un país con auténtica movilidad laboral, y no en uno en el que cambiar de trabajo es más difícil que ganar la lotería. Fue precisamente este último pensamiento, unido al hecho de que tenía que seguir pagando la hipoteca y un coche que sabía que no podía permitirme desde que lo compré, lo que me llevó a mandar a la mierda los juramentos de la infancia. Sin pensarlo dos veces, busqué en Internet el número del boleto que ganó el sorteo e hice mi magia.

Viajé a dos semanas antes del sorteo, para tener tiempo de localizar el boleto ganador. No bastaba con saber el número del boleto, sino que además había que saber la serie ganadora, la cual, sólo se vendería en una determinada administración de lotería del país. Por eso, necesitaba averiguar dónde tenían la mencionada serie y viajar allí. Como me sabía ya ganador del descomunal premio, no temblé a la hora de despedirme del trabajo. Incluso aproveché para decir unas cuantas «lindezas» a mi jefe, que se quedó petrificado en el sitio. Como si fuera el protagonista de «Minority report», le estaba castigando por sus crímenes futuros, y lo estaba disfrutando como nunca. Aún recuerdo la cara de estupor que se le quedó cuando le hice aquel corte de mangas mientras me iba de su despacho.

Cortados los lazos del trabajo, me centré en la búsqueda, que fue bastante más sencilla de lo que esperaba. Gracias a una famosa web de compra de lotería online, pude saber que la serie premiada del número que buscaba, se vendía en una administración de la pequeña localidad de Calpe, en Valencia. Estando yo en Bilbao, me quedaba un poco lejos, pero no me importaba. Por cosas como esa había decidido viajar a dos semanas antes del sorteo. Consciente de que el dinero ya no iba a ser un problema, reservé un billete en el primer avión que aterrizaba en el aeropuerto más cercano, para la primera hora del día siguiente. Después, me di el homenaje del siglo en la marisquería de la esquina. Tardarán tiempo en reponer todo el marisco que comí esa noche.

Comprar la lotería fue rápido y sencillo. Era una serie completa, diez décimos por serie, a razón de veinte euros por décimo. Sólo doscientos euros para ganar cien millones. Ni el depósito más rentable del mejor banco del mundo me daría ese rendimiento, ni viviendo eternamente. Con mi billete en la mano, regresé a casa, contento y satisfecho. Pensé por unos instantes en viajar otra vez en el tiempo, ahora hacia el futuro, para llegar justo al día del sorteo, pero decidí dejar que el tiempo pasara sin más. Tenía dos semanas para disfrutar de unas cortas pero merecidas vacaciones. Después, tendría que ocuparme de cobrar el premio y desaparecer, antes de que se supiera de mí y toda la prensa quisiera entrevistarme. Durante dos semanas, viví a cuerpo de rey, gastando como si no hubiera un mañana. A decir verdad sólo tenía que viajar un día hacia el futuro para saber si habría o no un mañana, pero sinceramente, me daba igual.

Pero… siempre hay un pero, ¿verdad? A pocos días para el sorteo, decidí que había olvidado decirle unas cuantas cosas a mi ex jefe y quise volver al pasado para decírselas todas. Podría haber caminado hacia su oficina y habérselo dicho todo, pero era consciente de que alguien, el guardia de seguridad con su porra y esposas, o su secretaria, impedirían que llegara tan lejos. Por eso, y aunque me viera obligado a volver a viajar a Calpe a por lotería, decidí volver hacia atrás, a cuando aún trabajaba.

No pude. Por primera vez en mi vida, mi poder falló. No sé qué pudo ocurrir. Tal vez se me agotara la batería (o lo que sea que me hacía viajar en el tiempo) o tal vez el viaje en el tiempo tenía caducidad. No sé cuál pudo ser la causa, sólo sé que ya no pude viajar en el tiempo a partir de ese momento. Lo intenté todo, desde relajarme con tila, marihuana y alcohol, hasta meditar cual monje budista, pero nada funcionó. Me odié por ello y odié mi perdido poder, aunque tardé poco en calmarme, cuando recordé que tenía, guardados en el cajón de la ropa interior, unos potenciales cien millones de euros.

Y aquí estoy, con mis décimos de lotería en la mano, junto a la taza del váter, decidiendo qué hacer con ellos. ¿Por qué tengo que decidirlo? ¿Por qué no voy directamente a cobrarlos? Porque mi vida es una mierda y soy el mayor hijo de puta sobre la faz de la tierra.

Pisé la brizna de hierba equivocada. El ganador original de los cien millones de euros fue un hombre de Calpe, llamado Juan Coslada, que no fue lo suficientemente hábil para ocultarse. Pero eso no viene al caso, así que seguiré con mi historia. Juan Coslada es visitador médico. Si en el sorteo de ayer, él hubiera ganado los cien millones, como ya había ocurrido una vez, hubiera dejado su trabajo (probablemente mandando a la mierda a su jefe, como alguien que conozco). Pero no lo ha hecho, porque no ha ganado el premio. Y esta mañana, cuando se dirigía a visitar una serie de farmacias en toda Vizcaya, su coche ha perdido el control, debido a una enorme placa de hielo en la autopista, y ha chocado de frente con un autobús que se dirigía hacia la costa, llevando de vacaciones invernales a un grupo de jubilados de toda Vizcaya. De por sí, este hecho es ya un error, un gran error sólo achacable a mi «irresponsabilidad temporal», pero hubiera podido vivir con él, si no fuera porque mis padres eran dos de esos jubilados. Sí, indirectamente, he matado a mis padres.

Nadie podría entender por qué en estos momentos me siento una mierda, y nadie me creerá cuando diga que yo maté a mis padres porque viajé en el tiempo. Ni siquiera conservo ese poder para convencer a nadie de que puedo hacerlo. Tal vez debería repartir este dinero entre mi familia o donarlo a asociaciones de jubilados de todo el mundo, pero ni eso me haría sentir mejor. Llevo casi dos horas de pie, con los décimos en alto, decidiendo si los suelto, tiro de la cadena y dejo que el agua se lleve mi culpa.

Han pasado otras dos horas. Después de tanto pensar, este texto, que pretendía ser una confesión y una manera de redimirme, se va a convertir en una nota de suicidio. Sé que no podría vivir con esta culpa, ni con cien millones ni con cien mil, así que he decidido irme, y no sólo a otro país. Desperdiciar cien millones y dejar que se los quedara el Estado sería una estupidez, así que he enviado los décimos, uno por uno, a diferentes personas y asociaciones que sé que los merecen. Espero que cada una disfrute de sus diez millones. Me voy sabiendo que algo bueno va a salir de mi gran error. Con el poco dinero que me queda (demasiadas langostas han hecho mella en mi economía), he comprado una pistola y unas balas en un barrio marginal. El tipo que me la ha vendido ha sido muy amable al mostrarme cómo usarla. Por desgracia, no ha intentado robarme o matarme con la pistola que me estaba vendiendo, casi lo hubiera agradecido. Se acabó, ha llegado el momento de decir adiós a este mundo y hola a uno nuevo, donde podré pedir perdón a mis padres en persona. Espero que sea verdad que el infierno no existe o no podré verles. Además, uno no puede suicidarse de nuevo una vez muerto.

Adiós a todos. Si alguien publica mi triste historia alguna vez, espero que no olvide pagar derechos de autor a mis parientes vivos

FIN

No pudo ser

Se ha intentado, y esta vez he llegado más lejos que nunca, pero no ha podido ser. Esta mañana he recibido el puntual email de la agencia literaria, justo un mes después de la última comunicación, tal y como habían prometido. En él me comunican que después de hacer la valoración final de mi manuscrito, han decidido no representarme. Me ha bastado la primera palabra («Lamentamos») para darme cuenta.

No es algo nuevo para mí y ya he recibido en el pasado cartas o mensajes rechazando un manuscrito mío, pero esta vez el golpe ha sido más duro. No creo que sea suficiente para derribarme o conseguir que deje de escribir, pero sí para dejarme un tanto bajo de moral (tal y como estoy mientras escribo estas líneas) y con pocas ganas de escribir hoy, como hice ayer por la noche y muchas otras noches en el pasado. Hasta ahora, me jactaba de estar ya acostumbrado a las largas esperas, pero esta vez debo reconocer que me había ilusionado, tal vez demasiado. El comienzo fue positivo, cuando la agencia me pidió el manuscrito después de leer la sinopsis que les había enviado, y fue a mejor cuando dos meses después, recibí un email en el que me comunicaban que habían recibido una respuesta positiva de parte de su lector, pero que debía esperar un mes más hasta tener la respuesta definitiva.

La respuesta ha sido negativa y en parte desalentadora, pero debo quitarme el sombrero ante una agencia que ha cumplido con los plazos prometidos y me ha tratado con un respeto admirable. Ahora creo ya que no tiene sentido seguir ocultando el nombre de la agencia, que además se merece toda publicidad positiva: es la agencia Sandra Bruna —sé que algunos ya lo habiáis deducido—, cuya profesionalidad admiro. Es más, creo que en cuanto me recupere de este golpe —tal vez dentro de un par de horas— les voy a enviar otra propuesta. Aunque no me hayan querido representar con esta novela, no es lo único que he escrito, ni será lo último. Si he llegado hasta el punto en que debían decidir si representarme o no y pasé la criba del comité de lectura, algo debieron de ver en mi estilo o mi forma dr escribir, y, como ya he dicho otras veces, he escrito ya unas cuantas cosas más.

Gracias a todos los que me habéis dado muestras de ánimo estos meses. Quiero creer que estos tres meses transcurridos desde que envié la propuesta inicial han servido para algo. Algunos no tenemos mecenas ni contactos que nos abran puertas, así que quiero pensar que por lo menos habré dejado algún tipo de huella en la agencia, al menos para que cuando les mande otras cosas no les suene a deconocido.

De momento, voy a seguir escribiendo, no sé si esta misma tarde/noche o mañana, pero pienso seguir. Otro plan que tengo, aunque todavía queda un poco lejos, es presentarme de nuevo a un premio literario de yoescribo.com, en este caso el de relato. Tengo un relato cuyas características lo hacen válido para el premio y que lleva casi dos años ocupando un puesto entre las 10 obras más leídas de la categoría de novela negra. La historia se llama «¿Quién dijo miedo?», y creo que puede salir adelante. El plazo de entrega no se inicia hasta el 1 de septiembre, así que todavía tengo que esperar un mes y medio para poder apuntarme. El sistema es como el de novela, iniciándose las votaciones en este caso el 1 de diciembre y terminando el 31 de del mismo mes. Si lo bajáis, que espero que lo hagáis, y os gusta, no olvidéis votarme en diciembre.

Eso es todo por hoy. Siento el rollo tan largo que me ha salido, espero que no os haya aburrido.

Hasta mi próximo intento.

Actualización: La luz al final del túnel

Hoy he recibido un email verdaderamente alentador y que me permite ver una luz al final del túnel. Aún está lejana, pero parece que empieza a definirse.

Me ha escrito la agencia literaria de la que he estado hablando en mis últimos artículos, y que, cada día que pasa, me gusta todavía más. Si recordáis, escribí un artículo el día que les envié mi manuscrito por correo, hace exactamente dos meses, el 10 de abril. Lo curioso es que en su día, me dijeron que tardarían dos meses en darme una respuesta, a partir del momento en que recibieran el manuscrito, y el plazo no ha posido ser más exacto.

Según el email, han recibido un informe positivo de su lector, lo que pinta bastante bien. Me piden un poco más de paciencia, ya que quieren evaluar el manuscrito con más detalle. Me darán una respuesta definitiva el mes que viene.

Como podéis suponer, estaba casi a punto de proferir un grito de alegría mientras leía el email, hasta que he leído eso de que tengo que esperar un mes más. De todos modos, confío es que sea un mero trámite, de cara a detectar algún fallo que deba corregir o algún pasaje de la obra que no termine de convencerles. Me lleva a pensar eso el hecho de que, como conclusión del mensaje, me preguntan si existe ya alguna otra agencia literaria interesada en representarme. Parecen interesados, pero también cautelosos, lo que, en cierto modo, deja nuevamente a las claras su profesionalidad.

No sé si lo comenté en su día, pero esta agencia, cuyo nombre no revelaré hasta que haya firmado el contrato de representación (toco madera), representa al autor de uno de los mayores best sellers de este país en los últimos tiempos, por lo que estoy especialmente ilusionado con que hayan visto posibilidades en mi manuscrito y muestren cierto interés en representarme. Quién sabe, tal vez este mes sea para que hagan un primer contacto con alguna editorial amiga suya. No sé exactamente cómo funciona una agencia literaria (nunca antes había llegado tan lejos con una), y todo lo que pueda imaginar puede estar equivocado, así que prefiero apagar mi mente por un tiempo, antes de que mi a veces hiperactiva imaginación me haga volverme loco. Pero a pesar de eso, una agencia de renombre y con buena fama como la que nos ocupa, encargará sus informes de lectura a personas de solvencia ya acreditada, ¿no?

En estos momentos, estoy como flotando. Dentro de un rato o unos días pondré de nuevo los pies en la tierra y esperaré con paciencia que llegue el 12 o 13 de julio, ya que, atendiendo a la puntualidad suiza de esta agencia, será la fecha aproximada en la que me responderán con su decisión definitiva. Cruzad los dedos conmigo. Si lo consigo y ellos me consiguen un contrato de edición, será un sueño hecho realidad, y mi oportunidad para que las historias que bullen en mi cabeza lleguen a más gente.

Como siempre, os mantendré informados.

Sorpresas te da la vida

Buenas noches a todos.

Cuando uno cree que lo ha visto todo en el mundo literario y, concretamente, en el mundo de las cartas o mensajes de rechazo, alguien aparece con algo nuevo y sorprendente.

Hace un mes, tal y como ya comenté en su día, envié varias de mis obras a diversas editoriales y agencias literarias. Una de ellas fue a parar a una editorial pequeña (pero bastante activa) que se dedica principalmente a la novela fantástica y de ciencia ficción. La semana pasada (si la memoria de no me falla, el jueves) recibí un email de la editorial en cuestión, rechazando mi manuscrito, por dos razones.

Si alguna vez he sospechado que en alguna editorial han podido ignorar mis manuscritos sin realmente leerlos, esta vez estoy bastante seguro.

La novela en cuestión es de intriga y contiene ciertas pinceladas de novela fantástica. Una de las razones, la primera, que aducen para rechazarla, es que pasa del humor a la intriga sin llegar a decantarse por uno de ellos. No recuerdo haber escrito una novela humorística, aunque he de reconocer que éste es un dato subjetivo. Lo que a alguien le resulta gracioso, a otro puede no resultarle igualmente gracioso y viceversa, así que cuando lo leí me quedé con la mosca detrás de la oreja, aunque decidí darles el beneficio de la duda. Seguí leyendo, y me encontré con la segunda razón, la que me indica que no lo han leído: comentan, literalmente, que «la primera persona no es la mejor para narrar la historia». ¿Qué problema tengo con ese razonamiento? Simple y llanamente, que mi novela está narrada, desde la primera a la última letra, en tercera persona. Alguien que la haya leído no puede dejar pasar ese dato por alto, es un desliz demasiado garrafal.

Inmediatamente, envié un mensaje a la persona de la editorial que se había puesto en contacto conmigo, pidiendo educadamente explicaciones de lo sucedido. Quería (y en cierto modo, aún quiero) creer que todo ha sido un malentendido y puede explicarse. Por ejemplo, es perfectamente factible que alguien haya equivocado los informes de lectura de dos novelas distintas y me hayan enviado a mí un mensaje destinado a otra persona, pero han pasado ya cinco días y todavía nadie se ha dignado a decirme nada. La explicación no puede ser compleja, y si no les intereso y no tenían intención de leer mi manuscrito, bien podían habérmelo dicho sin rodeos y sin mensajes como el que he recibido.

Desde este espacio quiero reivindicar que considero que toda persona que haya dedicado parte de su tiempo libre a escribir una novela, merece un trato digno, aunque sea sólo para que le digan «Lo siento, en estos momentos, no nos interesa leer manuscritos». En mi caso, considero que es más sangrante, ya que para rechazar mi novela, han esgrimido argumentos que no se corresponden con lo que he escrito, cosa que creo una falta de respeto.

En el pasado, he escrito artículos como éste sin citar nombres, lo cual debo reconocer que me ha ganado alguna que otra crítica, tal vez porque alguien pudiera considerar que la falta de nombres propios indica que lo que contaba era mentira. Pues bien, no pienso revelar el nombre de la editorial, al menos de momento, y voy a exponer la razón: dicha editorial me fue recomendada por una persona, escritor de ciencia ficción, que ya publicó hace un tiempo con ellos, con cierto éxito, además de tener previsto volver a hacerlo en breve. Considero que hacer en estos momentos mención del nombre de la editorial sólo podría perjudicar a dicha persona (además de a otros buenos escritores de este país), por lo que espero que todo el mundo comprenda o por lo menos respete mi decisión. Por otra parte, aún conservo la esperanza de recibir una respuesta aclaratoria.

No me importa si, a pesar de todo, rechazan mi manuscrito, sólo quiero que en caso de que lo hagan, sea por las razones adecuadas y porque de verdad lo han leído.

Adiós a todos.

¿Qué es realmente ser escritor?

Leyendo el blog de mi nueva «amiga» Maritornes (espero que no estar tomándome demasiadas libertades con lo de «amiga») en http://corteycorreccion.blogspot.com/, se me ha ocurrido incidir en el tema de la coedición y, por cercanía, en la cantidad de personas que hay por estos mundos que se consideran «escritores», sólo por saber juntar palabras con más o menos significado.

Más de uno y más de dos se estarán rasgando las vestiduras en estos momentos, pensando cómo puede ser que mi menda, un «escritor» que, salvo este blog y algunos relatos online, no tiene nada tangible (osea, en papel) publicado, pueda permitirse el lujo de criticar a otros en parecida situación, pero es que algunos ejemplos claman al cielo.

Las editoriales de coedición y/o autoedición están siempre desbordadas de trabajo, y en muchos casos, se debe a la gran cantidad de personas que se consideran escritores. Yo me pregunto: ¿qué es ser escritor? ¿Llenar hojas con palabras? ¿Saber juntar palabras en frases coherentes? ¿Contar historias interesantes o simplemente divertidas? ¿Tener algo que contar y plasmarlo por escrito? La respuesta a todas las preguntas, creo que es la misma: sí y a la vez no.

Considero, en mi inmodestia, que se me ha dotado con cierta habilidad para juntar palabras de una forma más correcta que el común de los mortales, aunque muchos hay y muchos más surgirán en el futuro que me dan mil vueltas. Pero no me considero escritor porque sepa escribir correctamente, que eso lo puede aprender cualquiera, sino porque, además de que me gusta escribir, pero, aún más importante, escribir CORRECTAMENTE, tengo una imaginación que desde pequeño otros han considerado muy activa, lo que me lleva a querer contar historias. El caso es que, si sólo hubiera querido contar historias y no supiera escribir, me hubiera encontrado en la situación de muchos otros, escribiendo auténticas burradas llenas de faltas de ortografía o incongruencias bestiales, sólo por el hecho de contar historias.

Tan mal escritor (al menos de ficción) puede ser el que sabe qué quiere contar pero no tiene ni idea de redactar correctamente, como aquel que, siendo en algunos extremos incluso pedante, escribe con una corrección supina, pero tiene menos imaginación o inventiva que un zapato de tacón. O aquellos cuya única obsesión es llenar y llenar páginas, que sólo sienten que son escritores cuando dicen orgullosos que han escrito una novela de 600 páginas, aunque luego sea más ladrillo por su contenido que por el peso de los folios que han usado para imprimir el manuscrito.

No voy a negar que yo, personalmente, cuento las palabras que he escrito al final del día, aunque se debe más a costumbres adquiridas en el pasado. Hace tiempo que me planteé escribir algo cada día, incluso llegando a marcarme un límite mínimo. A día de hoy, escribir me resulta tan fácil en comparación con cuando empecé, que el número de palabras es meramente anecdótico. Pero en un mundo en el que una editorial me rechazó un manuscrito porque ellos «sólo publican textos de más de 400 páginas», no me extraña que surjan obsesiones por el número de palabras que se escriben o porque escribir sea sólo juntar y juntar palabras. Por cierto, yo no soy un experto en maquetación, pero alguien debería explicarle a la persona de la editorial que me rechazó, que 400 páginas maquetadas no son lo mismo que 400 páginas en A4. Lo gracioso del tema es que el manuscrito que envié era de algo más de 200 páginas en A4 (eso sí, con interlineado doble), medida considerada más o menos estándar. De hecho, si no recuerdo mal, el mínimo que habitualmente exigen en gran cantidad de premios literarios, incluido el denostado Planeta, suele ser de 150 páginas en A4 a espaciado doble.

En conclusión, al menos en lo que a ficción se refiere, no vale todo, aunque uno pague por ello. Todos hemos tenido alguna vez en nuestras manos un libro, sea de un escritor reconocido o un novato, que nos ha dado dolor de ojos y de corazón leer, por lo mal escrito y/o corregido que estaba. Libro que, en muchos casos, sólo ha visto la luz por motivos económicos, bien que alguien haya pagado por él (el propio autor, una fundación muy filantrópica…) o bien que alguien considere que va a ganar mucho con él. Tal vez sea una manía mía, que me lleva a leer al menos una vez más cada artículo que escribo aquí o los que publico en foros en Internet, aunque sea un foro de cocina o de informática, pero escribir es algo más que juntar palabras. Y el que escriba habitualmente y después de terminar una determinada frase, haya tenido esa placentera sensación de haber dado con la metáfora perfecta que arrancará una sonrisa al lector, sabrá a qué me refiero.

Jorge dixit (y Pixit, como decía la Ministra de cultura)

Los «otros» costes del escritor

Hoy he enviado a la agencia literaria que comenté la semana pasada el manuscrito que me pidieron, y justo cuando he salido de la oficina de Correos, me ha venido una pregunta a la mente: ¿por qué nadie se acuerda de los «otros» costes del escitor?

Cuando hablo de costes, en este caso no me refiero a nada profundo o metafísico, sino al significado más «prosaico» de la palabra. Al salir de Correos, me he dado cuenta de que me había gastado nada más y nada menos que doce euros para encuadernar y enviar un simple manuscrito, costes de papel y tinta de impresora aparte.

No es la primera vez que envío un manuscrito, ni creo que vaya a ser la última, pero hasta el momento, no he visto a nadie que después de rechazar un manuscrito, por la razón que sea, me lo haya devuelto, que muchos parecen darse no cuenta de que, aunque parezcan pequeñas cantidades cada vez, al final nos cuesta un buen dinero enviar manuscritos a toda la gente que nos interesa que los lean. Todos esos agentes literarios y editores que se jactan de que antes fueron escritores noveles como nosotros, ¿acaso no enviaron manuscritos en su día dejándose sus pequeñas cantidades de dinero como todos los demás?

Lo peor de todo es que estamos atrapados. El editor, agente o convocante de un premio pide que se le envíen los manuscritos encuadernados, por lo que al menos eso tendremos que hacerlo. Salvo el que trabaja en una oficina donde hay una de esas encuadernadoras de espiral, que pueda usar cuando no le vean, el resto tenemos que acudir a copisterías donde lo hagan, ya que comprar un aparato de esos, a pesar de no ser muy caros, no es rentable. Una encuadernadora, bien sea de espiral, canutillo o térmica, puede costar desde sólo 60 euros hasta salvajadas como 300, pero luego los consumibles (carpetas términas, anillas, canutillos, etc…) sólo te los venden de 100 en 100 y sólo sirven para una determinada cantidad de páginas, con lo que el día que compras 100 carpetas para 200 páginas estás condenado a enviar sólo manuscritos de 200 páginas o comprar 100 carpetas de 100 páginas el día que el manuscrito sea de sólo 100. Como ya decía, condenados a gastar un buen dinero sólo para enviar algo que no sabemos si van a aceptar.

Ni que decir tiene que considero que el hecho de haber pagado 12 euros para encuadernar y enviar un manuscrito deja bien a las claras que confío en sus posibilidades, aunque no es mi opinión la que al final va a contar.

De todos modos, estoy ilusionado. No estoy enviando el manuscrito por probar, sino que esta vez me lo han solicitado expresamente después de leer un resumen. Como he hecho el envío a última hora de la tarde (casi no llego antes del cierre de Correos), supongo que saldrá mañana, así que si voy a recibir algún tipo de acuse de recibo, debería esperarlo con suerte para este viernes y con algo menos de suerte para comienzos de la semana que viene. Cruzaré tantos dedos como pueda.

Hala, ya me he quedado a gusto. Hasta la próxima.

Noticias frescas y una breve disertación

Buenas noches a todos.

No esperaba escribir de nuevo tan pronto, pero es que hoy me he llevado una muy grata sorpresa. Cuando he ido a casa a comer, se me ha ocurrido echar un vistazo a mis emails, y me he topado con uno que parecía ser una respuesta de una agencia literaria, con la que me puse en contacto la semana pasada.

A dicha agencia le había enviado la sinopsis de uno de mis manuscritos. A pesar de todo, la primera impresión ha sido pensar que una semana es quizá muy poco tiempo para una respuesta, por lo que me temía lo peor. Nada más lejos de la realidad. La respuesta ha sido positiva y ahora me solicitan que les envíe, impreso y encuadernado, el manuscrito completo. Como se acerca la Semana Santa, lo dejaré para la semana que viene, pero lo voy a enviar seguro.

Las sensaciones son buenas. De momento, mi contacto con la agencia, cuyo nombre omitiré de momento, a menos que en el futuro firme con ellos, se ha limitado al intercambio de un par de emails, pero debo reconocer que han sido muy amables y solícitos, respondiendo siempre con una presteza que hasta ahora no había visto. Además, representan a algunos autores bastante importantes en la actualidad y tienen buena fama, así que de momento, no hay queja. Dicen que tardarán dos meses en valorar el manuscritos. Ya sólo me quedará esperar y para el vareno sabré si quieren o no representarme.

Al hilo de lo anterior, se me ha ocurrido también, basándome en mi propia experiencia, dedicar unas cuantas líneas a la forma en la que algunas editoriales y agentes tratan a la gente que, con toda su ilusión, les envían su material.

Quien, como yo y otros antes que yo, ha buscado alguna vez editoriales en Internet, se habrá topado con editoriales que en sus webs escriben cosas del estilo de «No se aceptan manuscritos no solicitados y, en caso de recibirlos, no se mantendrá correspondencia con sus autores». Básicamente, advierten que, si les envías un manuscrito, éste irá a la basura y no te dirán que lo han tirado. ¿Sabéis una cosa? Me parece bien. Son editoriales que, o bien sólo trabajan con textos remitidos por agentes literarios o bien sólo se dedican a publicar a autores extranjeros o a las reediciones de clásicos. Con algunos agentes pasa lo mismo, aunque en ese caso, son agentes que tienen una cartera de autores consagrados, de esos que convierten en oro todo lo que tocan, y no necesitan más. Todos estos por lo menos van de frente y son sinceros.

Pero, ¿qué ocurre con todos aquellos que cuando no les interesa lo que envías, simplemente no responden? Muchos ni siquiera avisan de este hecho en sus webs o sus comunicaciones cuando entras en contacto con ellos, con lo que, cuando pasa el plazo previsto para su respuesta, te quedas pensando en qué estará ocurriendo. ¿Serán tres meses justos o tengo que dar un margen de tres meses y medio? ¿Se habrán olvidado de mí? ¿Debo insistirles? ¿Se habrá traspapelado la respuesta o andará perdida en el ciberespacio? Preguntas sin respuesta, que pueden desesperar al más pintado. Ya no es sólo responder, ¿también cuesta tanto dejar las cosas claras a la gente para evitar que perdamos tiempo o nos volvamos locos? Muchos editores y agentes literarios han sdo antes autores en busca de alguien que les publique, y parece que se hayan olvidado de lo mal que se pasa cuando han transcurrido varios meses y nadie te ha respondido.

Bueno, eso es todo. Os mantendré informados sobre cómo evoluciona mi relación con esta agencia. A ver si hay suerte y es para contaros que he firmado un contrato de representación. Eso tampoco me aseguraría la publicación, pero seguro que sería un gran paso en la dirección adecuada.

Un mes después, una nueva actualización

A falta de poco más de una semana para que finalicen las votaciones del premio de novela de yoescribo.com, he decidido hacer una pequeña actualización de mi situación, aparte de que hacía ya más de un mes que no escribía nada en el blog.

Como ya apunté en anteriores entradas, he dado carpetazo a mi efímera relación con aquel agente literario que se puso en contacto conmigo y después ya no volvió a decir nada. Han pasado ya casi siete meses desde que me escribiera por primera vez y en vista de que no ha vuelto a decir nada y no contestó a un email que le envié para saber de él, he avanzado por mi cuenta.

Aunque llevo ya bastante tiempo en esto de escribir y enviar manuscritos y siempre he hecho alarde de tener bastante paciencia, esta vez me he cansado (y quemado) un poco más de lo habitual, por lo que he decidido ir con todo y a por todas. He cogido todas las novelas que tengo escritas y ya suficientemente repasadas y corregidas, y todas ellas han tenido ya uno o varios destinos. Concretamente, se resumiría en los siguientes puntos:

1) La primera novela que escribí, que hasta que no dé por finalizada la que estoy escribiendo ahora es la más larga que he escrito, está en estos momentos siendo estudiada por una agencia literaria. Dicha agencia me ha solicitado tener acceso exclusivo al manuscrito mientras toman su decisión, por lo que esta novela no se la he enviado a nadie más.

2) La segunda novela que escribí es la que actualmente se encuentra participando en el premio de novela de yoescribo.com. Si alguno no la conoce o simplemente la ha olvidado, se llama «Aviso para navegantes». Por descontado, no se la he enviado a nadie más.

3) Aparte de las mencionadas, tengo otras tres novelas, dos de ellas encuadrables en la ciencia-ficción y otra que sería un «thriller» con ciertos toques fantásticos. De esta última, he enviado sinopsis y un par de fragmentos a tres editoriales que tienen bastante buena pinta y fama de hacer caso a autores noveles, aparte de publicar bastante novela fantástica y de ciencia-ficción. De las otras dos, he enviado el mismo material a dos de esas mismas tres editoriales. Ahora sólo me queda esperar a que respondan si les interesa recibir los manuscritos completos o no.

4) Me queda otra novela, concretamente la segunda que escribí y que presenté a un premio literario que no gané, pero que necesita un buen repaso. Desde hace unos meses, cuento con una PDA que me autoregalé en Navidad, así que tengo la posibilidad de ir leyendo y repasando mis textos en cualquier momentos, incluso en el metro.

5) Un día de estos, tengo que sacar una copia impresa de una de las dos novelas de ciencia-ficción. Actualmente, no tengo disponible una impresora, por lo que tengo que depender de ir a casa de un amigo. Tengo intención de enviar dicha novela a una agencia literaria con la que ya traté hace tiempo. En su día, no quisieron representarme, pero hace poco, me puse en contacto con ellos para conocer su disponibilidad y me dijeron que se acordaban de mí y que estarían interesados en leer lo que tengo para enviarles. Eso me lleva a pensar que tal vez cuando me puse en contacto la primera vez no les interesó el tipo de novela, pero sí mi estilo literario.

Por lo demás, sigo como siempre, escribiendo casi todos los días. Hace tiempo que no publico ningún relato o historia corta en este blog o en yoescribo.com, pero eso no se debe a que no escriba, sino a que estoy volcado en mi última novela, de la cual estoy afrontando ya la última parte (aunque eso no quiere decir que me queden pocas páginas, ya que la conclusión promete ser jugosa). Como ya he comentado unas líneas más arriba, va a ser la novela más larga que he escrito hasta el momento. Por ahora, habré completado unas 200 páginas en A4 con espaciado simple. Teniendo en cuanta que, según los expertos, se puede calcular el número de páginas que tendrá una novela multiplicando el número de folios que ocupa por una página y media, estaríamos hablando en estos momentos de 300 páginas, cuando aún me queda material para 50 ó 100 folios más. Cuando termine, supongo que me tomaré unos días de descanso, aunque he de confesar que siempre que termino una novela pienso en tomarme una semana de descanso, y al final, me pongo a escribir la siguiente antes de tres o cuatro días.

Como siempre, espero que la próxima entrada sea para contaros que alguien quiere publicar alguno de mis escritos. Mientras tanto, yo seguiré aumentando la colección.